SIN MAQUILLAJE…POR ETELBERTO CRUZ LOEZA.

Es indudable que estos son tiempos político sociales son muy diferentes a los de hace una generación  y de ahí hacia atrás. Es aceptable y es lo natural. Es indicador de que todos los días y todo el tiempo estamos cambiando, lo que es lógico y natural, sociológica, antropológica y culturalmente hablando, o  desde el punto que usted lo quiera ver.

Sitúo esta aseveración en el punto de las vistas presidenciales: ahora cuando nos visita un presidente de la República – y hasta un gobernador – se llena de terror la sociedad.

Llega con aparatoso, imponente, atrabancado, soberbio e impune aparato de protección – le llamad de seguridad – y el pueblo desconoce si este heroico escudo de cuatro y hasta  siete  círculos es para proteger a la sociedad o para cuidarlo a él nada más.

Ciertamente, los responsables y elementos que realizan este trabajo están desempeñando su responsabilidad y tratan de hacerlo con eficiencia y eficacia, pero y el pueblo, la sociedad, ¿Ya no puede ver, ni saludar a su presidente?

EL PUEBLO NO ES CULPABLE DEL ESTADO DE COSAS, NI DEL CLIMA DE SEGURIDAD, NI DE NADA DE ESO.

LOS CULPABLES, LOS RESPONSABLES – POR COMPLICIDAD O POR OMISIÓN O POR INEFICIENCIA E INEFICACIA  – ESTÁN DE ESE OTRO LADO.

Quien los designa es nuestro presidente.

En ese pasado que pretenden borrar era un gusto recibir a su presidente de la República.

Es muy sencilla su razón: los presidentes de la República tenían EL RESPETO, LA CONFIANZA, EL PRESTIGIO, CREDIBILIDAD Y LA LEGITIMIDAD INTEGRALES DE TODO EL PUEBLO, DE TODA LA SOCIEDAD, DE TODO EL PAÍS.

Ahora, No hay presidente de la República que tenga esas cualidades.

Es muy seguro  que habrá algo negativo de los anteriores presidentes de la República: que fueron autócratas, verticalistas, antidemocráticos, etc., etc., más pesan más sus errores que su aciertos – podemos seguir por ese lado pero no es el lugar ni el momento para enjuiciarlos a todos y a cada uno -. Mas el peso de las frivolidades se las concedió el exceso de ejercicio del poder y a partir de José López Portillo, las frivolidades y las circunstancias fueron desgastando respeto, prestigio, confianza, credibilidad y  legitimidad. Ahí están los hechos y son irrevocables, ineludibles, determinantes.

Sombra o mancha que se acentuaron con Ernesto Zedillo Ponce de León, Vicente Fox Quesada y Luis Felipe calderón Hinojosa  y RECONSTRUIR RESPETO, LEGITIMIDAD, CONFIANZA, CREDIBILIDAD Y PRESTIGIO  será verdaderamente difícil.