SIN MAQUILLAJE POR ETELBERTO CRUZ LOEZA.

Coincide el vigésimo aniversario del nacimiento del Instituto Federal Electoral con el hecho de que 3 de sus consejeros ciudadanos terminaron su periodo el pasado 28 de octubre y, a la fecha, el Congreso de la Unión no se ha puesto de acuerdo con la designación de sus sustitutos, los nuevos consejeros ciudadanos.

La cámara de diputados deberá elegir por dos terceras partes de los presentes los sucesores de Virgilio Andrade, Marco Antonio Gómez y Arturo Sánchez quienes terminaron su accidentado periodo. Esto nos permite valorar lo que el IFE ha sido y en lo que se ha convertido en el pasar del tiempo y de los hechos que forman parte de nuestra historia electoral y, también ver el fenómeno que ha llenado la historia política del país con el efecto de los partido políticos en el Instituto Federal Electoral.

 Cuando surgió la idea del IFE era crear una instancia ciudadana que fuera imparcial y que pudiera establecer un sistema democrático validado precisamente por su imparcialidad, objetividad y certeza de ese organismo, nuevo, y crecientemente ciudadanizado. ¿Cómo hacer que realmente representara a la ciudadanía Ese era el problema que de inicio establecería su perfil y su legitimidad? En la concepción del Instituto había una  parte  que  era necesario llenar: ¿Quién debería nombrar a estos consejeros?

En un momento en que se acercaba la elección presidencial, era interesante ver qué papel tendría el IFE ante un proceso que definiría en gran parte el sistema electoral y, por ende, la creación de un sistema democrático. Este organismo reemplazaría a la Comisión Federal Electoral, que era presidida por el secretario de gobernación y que estaba formada por representantes de los partidos políticos y con la completa ausencia de los ciudadanos.

 Había varias ideas, los consejeros nombrados por un grupo de notables, o nombrados por la presidencia de la República o pro el Congreso de la Unión; recientemente se mencionó la idea de hacerlo por insaculación de varios candidatos que cubrirían requisitos: se decidió que fuera el congreso el que los nombrara. Los primeros consejeros fueron nombrados no tanto por su participación política, sino por su calidad académica y por su prestigio profesional  y esa primera selección fue un grupo de consejeros de buen nivel académico, con presencia pública y también con una buena representatividad ganada  en libros como en periódicos. Pero había una realidad, el Congreso estaba formado por fracciones parlamentarias y las fracciones estaban sujetas a los partidos políticos, lo que pronosticaba que los nombramientos de los consejeros ciudadanos tuvieran una motivación de sus facciones. Así fue como a poco fue conformándose el IFE con intereses partidistas. Cada vez hubo mayor presencia de los partidos políticos en las decisiones nacionales y hubo, naturalmente, una solución pragmática, buscar cuotas que correspondieran  o menos a la conformación partidista del Congreso, que a los intereses de la ciudadanía. Así es como los grandes partidos e dividieron los a consejeros.

 En los 20 años en que ha intervenido en los procesos electorales ha sido respondiendo a las presiones partidistas. Esto es algo que entorpece la evolución democrática del país, por lo que es necesario que realmente el IFE fuera un organismo independiente, no solo del gobierno, sino también de  las visiones partidistas y que fuera el árbitro imparcial y testigo de calidad, paralelamente, que representara a la sociedad, a la ciudadanía