SIN MAQUILLAJE POR ETELBERTO CRUZ LOEZA.

Se cumple un siglo del movimiento armado que cambió completamente la  sangre, el espíritu, cara y el esqueleto de la república mexicana: La Revolución Mexicana.

Lamentablemente para el movimiento emancipador del campesino, del trabajador; para la forma en que funciona el país y para los escenarios actuales de México, es muy desastroso que quien lo gobierne sea una administración bastante identificada con lo que la misma Revolución combatió: la simbiosis entre poder terrenal y celestial, el silencio.

A cien años de la convocatoria de Don Francisco Indalecio Madero para iniciar la movilización que expulsaría de la silla Presidencial al ya viejo general Porfirio Díaz y llevando como divisa el lema Sufragio Efectivo- No reelección, las circunstancias parecen regresar  y las mismas condiciones de explotación que tenían los mineros, los trabajadores de campo, los obreros de las mil y una ocupaciones existentes en el país de hace cien años atrás, han regresado o están tocando la puerta para que a todo lo que dan  regresar con las justificaciones de la modernización y apertura de la legislación para que haya  más trabajo, con más y mejores prestaciones y gratificaciones y, con el desregulamiento laboral,  ser más y mejor competitivo. Así tenemos que esta administración proempresarial trata de cambiar el derecho de huelga, el contrato colectivo de trabajo, el aguinaldo, la distribución o reparto de utilidades y el llamado primer empleo.

Por el lado de la educación, si  bien es cierto, ya existe una escolaridad superior a los seis años, muchos – por decir porcentajes – el 39%  – no termina el ciclo escolar, se van de indocumentados, otros, forman parte de los NINIs, que ni estudian ni trabajan y 10 de cada cien alumnos de  que ingresan a educación primaria termina su licenciatura, uno, 1  de esos diez, termina y se titula  y de cada diez que ingresa a su posgrado, solo uno lo termina y se titula y son verdaderamente muy pocos, que estadísticamente no se reflejan, ingresan y se titulan en su doctorado.

Eso es numéricamente, porque cualitativamente, comparando con los alumnos de condiciones similares – estandarizados por el instrumento PISA – nuestros alumnos están sumamente deficientes en las herramientas para enfrentar  la vida: matemática, lenguaje y ciencias.

Socialmente, aun quedan  más de la mitad de familias in beneficios de la riqueza  y están en el umbral de la miseria, de la pobreza; carecen de medios de acceso para recibir los beneficios de la salud, de la hospitalización, de la medicina, no tienen casa habitación con los servicios básicos y aunque para algunos tecnócratas los pobres eran mitos geniales, lo cierto es que fue una genialidad calificarlos así, pero la verdad es que existen y ahí están: 50% de la población nacional. Todo eso constituyen las circunstancias de cultivo de todos los movimientos sociales, lo único que falta es el líder que posea capacidad de convocatoria, dirija y aglutine.

 Esta Revolución Mexicana fue un Movimiento Social inconcluso y una Revolución que no la dejaron terminar