SIN MAQUILLAJE POR ETELBERTO CRUZ LOEZA.

En más de tres décadas no ha contribuido al crecimiento y menos al crecimiento del bienestar del país; este modelo no ha podido frenar la pérdida del poder  adquisitivo que experimenta el salario desde la década de los setenta. Tampoco las reformas asociadas  al Tratado de Libre Comercio de América del Norte  -TLCAN – han tenido el impacto deseado en cuanto a la conversión salarial entre México y Estados Unidos.

Mientras que en 1980 el salario manufacturero en México representaba 39% de las percepciones pagadas en el vecino país del norte, en 2007, solo fue del 17%, disminuyó más de la mitad; los salarios de los mexicanos con, según varios académicos, 53% menos que en los Estados Unidos, hace 30 años, pero en la realidad debe ser mucho más sobre todo si se considera que  allá tiene un salario por horas, pagadero en dólares y el diferencial entre las divisas es de 13 pesos por un billete verde y si un norteamericano gana 80 dólares al día, convertido en pesos serían 1040 pesos y aquí por esa misma jornada, un mexicano recibe, apenas 52 pesos. El diferencial es de hasta el dos mil por ciento. Y ese diferencial justifica las corri9entes migratorias hacia el vecino país del norte.

El país ha ocupado  30 años en la aplicación del modelo industrial de exportaciones, que se construye a partir de patrones de especialización productiva, escasa profundización tecnológica y desintegración de la producción nacional; bajo ese esquema y con una mayor inversión en la mano de obra, según la teoría, el país generaría una espiral virtuosa de incrementos salariales, poder adquisitivo, fortalecimiento del mercado interior, crecimiento y consecuentemente, bienestar para toda la población.

Sin embargo, la realidad contradijo la teoría: porque las remuneraciones al trabajo  no crecieron, lo que se confirma con la pérdida del 75% del poder adquisitivo de los minisalarios  de 1976 val 2010.

Esta pérdida no solo ha representado una reducción real del bienestar de las familias, sino también una pérdida efectiva de la demanda agregada de bienes y servicios con las respectivas oportunidades de inversión.

Tanto la aplicación del Modelo Industrial Exportador como la firma del TLCAN han generado un importante deterioro del entorno laboral y productivo mexicanos, los cuales hoy se caracterizan por mayor desocupación, informalidad, sobrecalificación y mala calidad de los empleos generados. Esta situación ha producido una exclusión social, ya que la precarización del trabajo ha contribuido a polarizar a la población, donde una mitad se rige pro relaciones salariales y la otra se encuentra relegada pro el mercado.

Se dice que en país no hay márgenes de maniobra para mejorar las percepciones salariales, lo cual es discutible. Si se incrementan los salarios reales pagados, se detonaría el mercado interno, habría más empleos, y mayor circulante. ¿Quién dice que no se puede crecer con inflación? SOLO LO QUE NO QUIEREN QUE CREZCAMOS.