SIN MAQUILLAJE POR ETELBERTO CRUZ LOEZA.

Acción Nacional es un partido político anciano. Está, y es, viejo: Cumplió setenta años.

El pasado domingo festejó diez años  de su llegada al  Supremo Poder: el primero de diciembre de 2000. En escasos diez años, el PAN mostró dominar los mismos vicios y abusos del poder que ellos mismos achacaban y criticaban al PRI:

Partido-Gobierno, partido—agencia de colocaciones y si bien no es partido único, en lo que se refiere al manejo  de presupuesto, crecimiento del gobierno, salarios y prestaciones de la alta burocracia, tiene el monopolio de la administración y hace lo que quiere, guardando las apariencias. Al PRI le llevó casi 70 años. Al PAN menos de 10. Al PRI, lo llamaron Parque Jurásico, dinosaurio. ¿Al PAN cómo lo llamarán?

 Llega a sus 10 años de gobierno federal con evidentes muestras de abandono y traición a sus principios: Si Manuel Gómez Morín, Efraín González Luna y Luis Calderón vivieran, se morirían de decepción: llegaron al poder Federal con victorias electorales negociadas, pírricas, con un presidente de la República que tiene el control del partido y del gabinete, pero no del país, con gran riesgo de perder las elecciones federales del 2012 y hundido en grave crisis ideológica y moral.
 Las encuestas y los números lo dicen: si hoy fueran las elecciones, el PAN perdería la presidencia de la República y no llegaría a la mayoría,  ni natural, ni construida, en el H. Congreso de la Unión, y regresaría al lugar en donde estaba antes del 2000: la oposición. Se cumplieron los  juicios de algunos de sus ideólogos: “Si no nos derrotó la derrota, que no nos derrote la victoria”. ¡Y los derrotó la victoria! “Ganar al Poder, pero sin perder el partido“ ¡y ganaron el Poder, pero perdieron el partido!”: Hoy está en la Presidencia de la República sin saber a   ciencia cierta hacia dónde dirigir al país y no tiene las respuestas a 3 preguntas: ¿en dónde estamos, hacia dónde vamos y qué necesitamos hacer? 

 Aunque el PAN si tiene algo que celebrar porque, haya sido como haya sido, logró la alternancia en el 2000  y continuidad en el 2006 (poquísimos saben si ganó legítimamente, electoralmente hablando, ese proceso constitucional), la sociedad nacional nada tiene que celebrar, solo desilusiones y frustraciones del PAN  como gobierno: No supo cumplir sus compromisos electorales, sus propuestas de cambio; se enredó en el poder y entregó el alma a la oligarquía que gobierna este país; no supo revertir la injusticia, la desigualdad, la marginación, la violencia se ha ahondado profundamente y hay un evidente y sensible error   en el manejo de las crisis económica y de seguridad y, como complemento, la  economía actual no atiende las necesidades de la población: el crecimiento del Producto interno Bruto aun se encuentra dentro de los niveles más bajos de la región latinoamericana; incluso el desarrollo de  nuestra economía es más lento que el de Haití. Y ese ambiente económico, de pobreza, es lo que afecta la confianza de la ciudadanía y, especialmente, la de los grupos más desprotegidos de la sociedad.

 Para matizar esta percepción sobre el PAN y su gobierno, tomo juicios de Sergio Sarmiento, publicados en EL FINANCIERO,  en su edición del 23 del presente: 1º.-En nuestro país, el Estado debe tener la capacidad para ejercer el monopolio de la fuerza, y sobre todo debe tener la capacidad para aplicar las leyes. 2º.-De lo contrario, en el momento en que el Estado aplica las leyes de manera discrecional, o no tiene la capacidad para aplicarlas, la sociedad entra en un estado de anarquía. 3º.-El Estado que pierde el monopolio del uso de la fuerza es un Estado  que poco a poco se condena a  la desaparición. 4º.-La clase política de nuestro país vive una crisis de liderazgo y el país lo está pagando a un precio muy elevado.

 EL señor Sarmiento posiblemente dice lo que dice por la reforma electoral del 2007 y de la dichosa licitación 21, en la que su patrón salió, hasta el momento,  perjudicado, mas con todo respeto todo lo que afirma esta eminencia gris, (a quien recomiendo entender El Príncipe y El Principito), siendo cierto es elemental en cuestiones de nacimiento, desarrollo y ejercicio del poder. Si se  aplica a este periodo azul de administración, este sesudo factor de opinión  la está señalando como incapaz  de tener el monopolio de la fuerza y  de administrar justicia y si lo hace, lo hace discrecionalmente (plata para los amigos; palo para los inconformes y plomo para los enemigos); así justifica la anarquía que vivimos y pronostica su lenta desaparición. ¿Se refiere a este Estado azul o a algún Estado, como este,  incapaz de mantener el monopolio de la fuerza y de aplicar justicia? Entonces, cualquiera que sea la respuesta, ¿siempre sí somos  o un Estado o un gobierno fallido? Y si vamos más allá, el Estado azul, en este caso,  debería tener la capacidad de ejercer el monopolio de la fuerza, como emblema de Poder (Económico, y no lo tiene: Este Estado rechaza esa obligación,  renuncia a ese deber y se lo deja a otros factores que ocupan, y usan,  el  gran vacío dejado por este Estado). (¿Fuerza Ideológica? ¡Carece de las dos!: De ideología y de fuerza). ¿Capacidad política? Es minoría en el poder Legislativo; careció de la capacidad para construir la mayoría que necesitaba. Para  lo sustantivo, no la tiene; para lo rutinario,  a veces ni  negociando) ¿Fuerza, poder? Hay otras fuerzas  que, socialmente lamentable, en este momento le disputan ese monopolio, ese poder, esa capacidad y tratan de cambiarse:   de narcodelincuentes a fuerza beligerante,  subversiva,  y le disputa el poder. Le hayan enmendado  lo dicho, Hilary Clinton tuvo, tiene razón.

 Sarmiento,  ciertos sectores empresariales lo consideran gurú  en cuestiones de  opinión pública, con base en que el actual Estado (grupo gobernante azul) perdió el monopolio del uso de la fuerza, pronostica, que poco a poco, está condenado a desaparecer ( coincido con él), pero, referido al Estado mexicano, está sumamente difícil para que desaparezca, aunque está en dificultades, porque los que están el Poder no saben en dónde estamos, a dónde vamos y qué debemos hacer, pero el Estado sobrevivirá: como la naturaleza, la sociedad encontrará el camino. En este momento, otra revolución, otro movimiento social, aunque haya condiciones  sociales, está muy  difícil, para que sea, pero existe la posibilidad. 

 Sarmiento tiene razón: en la clase política mexicana no hay líderes. El que pintaba, lo asesinaron en Tijuana, en marzo de 1994 y de ahí para acá,  el cambio  tomó otros derroteros hasta llegar al gobierno y administración fallidos que sufrimos.      Â