SIN MAQUILLAJE POR ETELBERTO CRUZ LOEZA.

El Instituto Nacional de Estadística y Geografía dio a conocer  en días pasados las cifras preliminares  del Censo de Población  que cada diez años se hace en el país.

El resultado indica que nuestro país cuenta con una población de poco más de 112 millones de personas, 56% viviendo en zonas urbanas.

 Estas cantidades son sorpresivas porque inicialmente se pensó que la cifra total de la población sería de 107 millones, pero no fue así y mucho menos que la población se concentrara en los centros urbanos, lo que indica que se revirtió la  tendencia del pasado: más gente viviendo en el medio rural, en el campo.

 Esta cifra coloca a nuestro país en el nivel 11 de entre las naciones con mayor población en el mundo. Durante mucho tiempo se consideró que las naciones más pobladas son las que ofrecen mayores oportunidades de desarrollo y lo consiguen, en tanto que esta condición significa por lo menos dos cosas: Por un lado, una enorme capacidad motora generada por los millones de personas que significan fuerza de trabajo. Por el otro, un enorme nicho para mercadear bienes y servicios. Otras teorías han considerado, no obstante, que el tamaño tan amplio en el número de habitantes  significa enormes retos en tanto dotarlos de educación, servicios básicos, seguridad y hacer todo lo posible para que no caigan  en los niveles de pobreza y en los umbrales de la miseria.

 En el caso de México, convergen las dos teorías: en uno, permite dotar de mano de obra no solo a nuestra economía, sino a toda la región del norte de América: nos convertimos en exportadores de mano de obra barata,  mas también somos uno de los mercados más grandes del mundo, solo superados por China, Indonesia e  India: cerca de 400 millones de consumidores con tendencia y preferencias de consumo más o menos similares.

 En el otro, los ancestrales niveles de subdesarrollo que nos caracterizan han generado que más de la mutad de los mexicanos vivan en la pobreza y en el umbral de la miseria y otro gran porcentaje ve incierto su futuro en términos de viabilidad a su retiro, pasmados ante la cada vez impotente capacidad – (¿falta de voluntad política?) – del Estado para proporcionarles educación, servicios básicos y seguridad.

 Desde hace décadas, algunos países con población superior a 100 millones de habitantes y que han hechos los cambios necesarios en su modelo de organización  social, política y económica, han sido considerados como potenciales motores del desarrollo mundial: Brasil, Rusia, India y  China han aplicado ciertos cambios que les permiten tener excelente capacidad productiva y niveles de crecimiento que sumados a los población mayor, los hacen candidatos serios a participar, junto con los países desarrollados de siempre, en el crecimiento mundial.

 Infortunadamente, México no estará en esa lista porque no ha hecho la tarea: Durante décadas enfocó sus baterías en la exportación, pero limitado al mercado con los Estados Unidos. Se ha olvidado del resto de los mercados y del nuestro, el interno; la educación es una de las más deficientes del mundo, la pobreza apena a cualquiera y hoy enfrentamos el reto de la inseguridad como nunca antes en nuestra historia.

 Entender el México nuevo es la clave. La nación del partido único quedó atrás y hoy un México más democrático requiere que todos enfrentemos  los enormes retos que en seguridad pública tenemos, así como construir bases sociales que fortalezcan la creación de riqueza y no un Estado robusto lleno de programas asistencialistas, corporativistas, que enfocan ineficientemente los recursos para mantener la inercia ancestral.    ¿Será posible? !Cómo saberlo!