IGLESIA CATÓLICA
¿EN QUÉ QUEDAMOS POR FIN?
Por: Etelberto Cruz Loeza

La santa Madre Iglesia Católica, Apostólica y Romana, a través de su desarrollo ha tenido varios creadores, reformadores y lo han hecho a través de los llamados Concilios; uno de los grandes reformadores últimos fue Su Santidad Juan XXIII; el que le siguió Juan Pablo I, estuvo muy poco en el solio de San Pedro, pero su sucesor, Juan Pablo II, permaneció mucho tiempo  en el Vaticano y por su gran obra visible a favor de la Humanidad se  ha iniciado ya el proceso para llevarlo a los altares con la categoría de Santo y su  beatificación está por iniciarse, pero su obra invisible es mucho más importante: colaboró política y económicamente para el desplome de la Cortina de Hierro, para la Gladnost y la perestroika del sistema soviético y su desaparición como sistema político-ideológico hegemónico y esto aunque no se dice se sabe y existen documentos y testigos de que fue un protagonista estelar en la transformación sociopolítica del mundo actual; es más, este mundo no sería como es sin su participación.

 Su sucesor Benedicto XVI ha tenido luces y sombras, pero más sombras que luces: ha tenido que luchar contra la ola de pederastia en sus filas y miembros; ha luchado contra la existencia de elementos “gay” – homosexuales y lesbianas  en sus congregaciones formadoras de ministros y monjas, pero él mismo Santo Padre, como le llaman se ha metido en honduras sin haber necesidad.

 Ejemplos: afirmó que el Limbo y el Purgatorio  no existían.
 Hizo declaraciones personales en las cuales se podía interpretar que la Santa Sede reconocía la existencia de elementos gay, y que los aceptaba o les concedía el visto bueno, por ser naturales. En este caso, el segundo hombre de Estado del Vaticano  rectificó y replanteó las declaraciones de Benedicto XVI diciendo lo que Su Santidad quiso decir y que lo que dijo no fue lo que quiso decir.

 Muy recientemente, Su Santidad Benedicto XVI afirmó: ”EL CIELO Y EL INFIERNO NO SON LUGARES … SINO ESTADOS DE ÁNIMO ANTE DIOS”.

 Con esta expresión Su Santidad Benedicto XVI le da un golpe de muerte a la Iglesia: El cielo y el Infierno eran  o el objetivo de las almas por sus buenas acciones y para alcanzar el cielo los católicos se portaban muy bien, bien o excelentemente bien y hacían donaciones, heredaban a la Iglesia bienes y valores y finalmente, si se portaban bien, en el Juicio Final, se daría un fallo y entrarían al cielo. Es más en la Biblia están descritas miles y miles de imágenes sobre el cielo y el infierno y este era el destino de las almas impuras, de aquellas personas que actuaban a juicio de la Iglesia y sus sacramentos, mandamientos  y pecados capitales, mal, se iban derechito al Infierno.

 Con estas palabras la Iglesia deberá cambiar mucho y muchas liturgias, ritos y oraciones, plegarias, cantos y sobre todo, qué anzuelo le pondrán ahora a las almas para que se porten bien.

 Pragmáticamente viendo y sopesando lo que debe hacer, será más fácil desdecir al Su santidad Benedicto XVI, pues su infalibilidad está desplomada.

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