SIN MAQUILLAJE POR ETELBERTO CRUZ LOEZA.

Desde hace un buen tiempo, digamos, cada ciclo de cinco años, del extranjero llegan informaciones, estudios, comentarios, sesudos estudios  que terminan coincidiendo en que en el mundo habrá falta de alimentos, hambruna, crisis social por conflictos  de los gobiernos para satisfacer las necesidades alimentarias de sus ciudadanos y cosas así, por ejemplo.

En este momento ya se empezó a hablar de la crisis alimentaria mundial  y todos los organismos multilaterales vinculados con la agricultura, la ganadería, lo agropecuario y las instituciones financieras, también multilaterales, coinciden en informar la crisis de alimentos en puerta, bien sea por una cosa, bien sea por otra cosa, como el cambio climático, las inundaciones, las sequías, los conflictos en Egipto, la crisis financiera en Grecia, el alza del petróleo, el alza de los combustibles, el encarecimiento de los fertilizantes, las heladas, las plagas, las manifestaciones de transportistas en países graneleros y ganaderos, etc., etc. Y etc.

 En nuestro país, la Confederación Nacional Campesina, que recientemente organizó y realizó una marcha  contra la carestía de la vida – el 31 de enero, pasados, – advirtió que nuestro país, México,  la crisis alimentaria está en puerta y  que no está preparado para resolverla, pues hay falta de inventarios internacionales de granos y eso afecta al mercado nacional.

 Y todo esto sucede porque nuestro país perdió la capacidad para producir sus propios alimentos: granos, carnes, lácteos, frutas y sus derivados industrializados y se ha convertido en gran importador de alimentos de todo tipo y, por las razones que sean, desarrollo de la tecnología, condición cultural, cultura, depreciación de nuestra moneda o la llamada inequidad en la convertibilidad monetaria ante el dólar  – doce pesos y cincuenta centavos por un dólar – y  las otras divisas “duras”, tratados comerciales, abatimiento de medidas proteccionistas,  desde hace ya un buen tiempo, acaso una generación, se está presentando una nueva correlación de fuerzas: es más económico, rentable, barato, importar que producir, complementado con  constantes olas migratorias hacia el vecino país del norte

 En esta situación, el campo aparte de que se está despoblando, se está envejeciendo y ya no interesa el campo como productor de NUESTROS ALIMENTOS, si no el campo como productor de los productos que tiene valor en el mercado: aguacate, fresa, melón, mango, zarzamora, uva, becerros para engorda y crías pequeñas y variedades muy específicas de mariscos, pescados.

 Se deja de producir maíz, arroz, trigo, cebada; aproximadamente el 70% de la carne – roja, blanca, de pluma y de escama –, grasas y lácteos  que consumimos se  importa y aunque se ven los espacios con ganado de todo tipo y de agroproductos, la mayoría es, específico y para exportar; lo que resta, la pachanga, es para consumo del pueblo y únicamente lo de mejor presentación, es para quien puede pagarla.

 Mas existe otro condicionante: la especulación. Como las bolsas de valores de todo el mundo enlistan personas morales que son grandes inversionistas /dueños de enormes  propiedades productoras, industrializadoras y/o comercializadoras de productos alimentarios, los portafolios juegan a la especulación y hacen y deshacen lo que quieren con los precios, con tal de tener ganancias, sin importar que varios países no puedan pagar los precios que el mercado pone. 

 Esto ya llegó para quedarse y programas y millones van y viene dizque  al campo, pero no hay quién lo salve: seguirá despoblándose y envejeciendo y seguiremos dependiendo alimentariamente del exterior.