SIN MAQUILLAJE POR ETELBERTO CRUZ LOEZA.

Son endiabladamente increíbles las versiones oficiales sobre la situación económica  – macro y micro, como si este país y su sociedad fueran dos mundos desconocidos, raros,  y que no viven en el mismo territorio -: la realidad muestra una enrome carestía, gran debilidad del poder adquisitivo del salario y del peso, que se reduce a incapacidad de compra, disminución del nivel de calidad de vida y de sobrevivencia y la alta esfera gubernamental – federal, sobre todo, su gabinete económico,  y el estatal, de complemento,  afirman todo lo contrario: que los precios van a la baja y que los 77 artículos de la Canasta Básica tiene un comportamiento a descender, algo verdaderamente inaceptable, contrastado con la fría realidad.

 Si usted tuviera un poco de interés y tiempo para conocer precios de los artículos de primera necesidad y componentes de la canasta básica, enco0ntraría el tamaño de la mentira oficial, pero no los tiene y escucha y calla, luego entonces acepta lo que le dicen, que es más o menos lo siguiente:

 “La inflación en nuestro país, México, manifestó una “fuerte desaceleración durante enero(¡!)” a pesar de que los precios de los alimentos continuaron al alza”. A ver, encuéntrele lógica a esa declaración del Banco de México: No tiene.

 Es realmente ilógico que los precios en enero del 2011, hayan mostrado una tendencia a la baja, pues enero es el mes del año en que los precio0s suben más que en cualquier otro. Una de las bases de la mentira del banco de México es que los datos que difunde son resultado del comparativo que hace con el mismo mes, pero del año anterior, o anteriores. Así tenemos que de conformidad con esa cantidad a comparar – con 2010 – el Índice de Precios al Consumidor creció 3.78% respecto al  mismo mes del año anterior, con lo que tuvo su menor cifra en cuatro meses.

 El Banco de México afirma que esta reducción se debe a la ¿¡disipación!? del impacto relacionado con el incremento en los impuestos en 2010 – que se perdió, se desvaneció y que las empresas absorbieron esos pagos, finalmente  costos, así como así, algo inaceptable, si recordamos que desde octubre del 2010 los precios de los productos de primera y  segunda necesidades y  suntuarios y superfluos fueron lentamente incrementados, pero que se  reflejaban en los bolsillos y en las mesas de las familias  mexicanas, lo cual es una monumental mentira -; a un menor ritmo de las tarifas autorizadas por los gobiernos locales – otra mentira, si los m ismos gobiernos locales subieron, en muchos casos, los costos de sus servicios más allá del 6%, llegando hasta el 15%, por un lado, y por el otro, los gobiernos locales no fijan tarifas ni costos de ningún producto comercial. El gobierno Federal, tampoco: es el llamado mercado, con el silencio cómplice del gobierno, del estado,  quien pone los precios que le da su regalada gana -; Y, agrega, a la ¡baja! de los precios de algunas hortalizas – otra mentira más si se está anunciando que el maíz, internacionalmente,  subirá un 30%   y que las heladas siniestraron la producción agrícola, maicera, y de hortalizas en Sinaloa, Sonora, Durango  y Chihuahua. ¿De dónde viene ese desvanecimiento de la inflación?

 ¡Puras mentiras! Vivimos en dos mundos: el raro y fantasioso de la alta burocracia del Poder y la cotidiana realidad que está fuera de la Torre de Marfil del poder.   Â