SIN MAQUILLAJE DE ETELBERTO CRUZ LOEZA.

Las esferas oficiales del gobierno mexicano  recuerdan en estos días los hechos que nuestra Historia recuerda como La Decena Trágica, que inicia  el 12 de febrero de 1913 con el desconocimiento del presidente y vicepresidente, Francisco I. Madero Y José Ma. Pino Suárez, respectivamente, por parte de un grupo de militares, la Marcha de la Lealtad  de los cadetes del H. Colegio Militar  y, culmina con el asesinato  de ellos por esbirros enviados por el general Victoriano, el Chacal,  Huerta, quien se convierte en Presidente de Facto, respaldado en el tristemente recordado Pacto de la Embajada.

Sin que estas líneas sean reconocimiento al valor de la traición, gracias a ese negro capítulo de nuestro Historia y a ese lamentable hecho, el movimiento social iniciado por Francisco I. Madero en 1910, culminó con un revolución que se reflejó en la Constitución Política  de 1917, que, después de pacificar a la nación y colocarlo en la vía civilista, construyó el país, le dio el esqueleto, la piel y el perfil que ahora, aun,  tenemos y que configuraron un Estado democrático, popular, laico y solidario con su sociedad y con un Estado que era principio, eje  y fin de la vida del país.

Todas las sociedades tienen traidores, desleales, chaqueteros y en virtud de ellos, las circunstancias, los acontecimientos y los protagonistas de los hechos, dan un giro que configura otra circunstancia, otra perspectiva, otra configuración y, por lógica,  otra solución  que no era la esperada o la anticipa.

¿Si Victoriano Huerta no hubiera hecho lo que hizo, seguramente hubiera sido otro, eso es indudable,  pero, la historia hubiera sido como fue y los hechos habrían terminado en lo que finalizaron? Imposible saberlo.

¿Si Anastasio Bustamante no hubiera desconocido la Constitución de 1857, la Guerra de 3 años  no habría surgido, no se colocarían los escenarios preparatorios del arribo de Maximiliano de Habsburgo y Carlota, el Segundo Imperio Mexicano, ni habría surgido el grupo de Liberales? Imposible saberlo.

¿Si no hubiera surgido la Corriente Democrática, ni la actuación de Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, se hubiera dado la escisión  en el PRI, su debilitamiento, el inicio del llamado cambio democrático y su camino hacia la transición, la diversidad y pluralidad política del sistema político mexicano de 1990? Imposible Saberlo.

Sin embargo, pese a los valores pragmáticos y utilitarios de las deslealtades – cumplimiento del intemporal axioma de Nicolás Maquiavelo: Importa el Fin, no los Medios -  y al cambio de rumbo que le dan a los hechos y a la Historia, la lealtad política, la lealtad ideológica, son valores trascendentes que en todos los tiempos, países y sociedades, se reconocen y prevalecen, a pesar de las deslealtades y traiciones.

En estos días, en nuestro país, no existen las lealtades y los alianzas y cambios  de partido están a la orden del día, pero sobre ellos, está la lealtad como valor supremo.