SIN MAQUILLAJE POR ETELBERTO CRUZ LOEZA.

Sin que sea su tiempo ya estamos en plena precampaña presidencial   y los tres partidos mayoritarios lo hacen a su manera y con sus alfiles, caballos y/o reyes; entre ellos, el partido en el poder: el presidente de su comité ejecutivo, Gustavo Madero ya enlistó a diez definidos panistas como serios aspirantes y con brillantes merecimientos para llegar a ser el candidato a la presidencia de la República; nueve de ellos están en la lista nada para “balancearla” y muchos de ellos se irán quedando en el camino.

 Lo mismo sucede en el PRD, y sus partidos satélites – Convergencia por la Democracia y Partido del Trabajo – aunque ahí aun no hay alguien que los enliste, ellos solitos se colocan en el umbral de la candidatura: Andrés Manuel López Obrador y Marcelo, el Carnal,  Ebrard y por ahí podría salir otros dos más, pero por el momento están estos dos; en el PRI solo hay uno destapado desde hace un buen tiempo y corre solito sin quien le compita: Enrique Peña Nieto, aunque hay varios caballos que trotan en la pista: Manlio Fabio Beltrones y Emilio Gamboa Patrón.

 Dentro de los diez panistas enlistados y en la pasarela nacional, hasta el pasado fin de semana  el primer lugar lo ocupó  Ernesto Cordero, secretario de Hacienda; no había otro igual en el uso de los reflectores, de las candilejas, pero todo se le cayó el fin de semana, por una simpleza: no conectó la lengua con el cerebro.

 Afirmó “CON SEIS MIL PESOS HAY FAMILIAS QUE TIENEN  CRÉDITO PARA VIVIENDA, PARA COCHE Y QUE PAGAN COLEGIATURAS”. El mundo se le cayó, como al pollito.

 El alud no lo pudo detener y su imagen quedó desplomada.

 En las actuales condiciones económicas, laborales y de fuentes de empleo NO hay en el país una familia que viva con seis mil pesos y pague mensualidades del 30% de su crédito hipotecario, la mensualidad del coche – ni el más barato – y colegiaturas de su hijos o hijos y aun tenga para vivir, vestirse pagar servicios, pagar servicios personales como teléfonos celulares y divertirse sanamente.

 Aunque días después quiso enmendar lo dicho ya fue demasiado tarde.

Eso muestra que él vive en otro país, en otra realidad. Y no es viable, posible ni recomendable que una persona así, fuera del contexto de nuestra realidad aspire a dirigir un país como el nuestro en donde la mitad de la población es pobre y miserable.

De un momento a otro, Cordero se convirtió en borrego, listo para la barbacoa.