SIN MAQUILLAJE… ETELBERTO CRUZ LOEZA

Seguramente habrá de recordarse todo el escenario que montó el gobierno de la República, a través de la secretaría de Economía, de la secretaría de Hacienda, de la Paraestatal PEMEX: los gastos en miles y miles de toneladas anuales de gasolinas, que nos convertía en país dependiente de los Estados Unidos; los miles y miles de millones de dólares a que el país perdía al año por importar este tipo de combustibles y todo lo que se pueda imaginar para justificar la construcción de una súper planta refinadora de petróleo que produjera la gasolina que se importaba, costara lo que costara y así, sensibilizada la sociedad, no hubo ninguna objeción para la autorización de su construcción; después le correspondió el turno al montaje del lugar en donde se construiría y la presidencia de la República creó un problema político, cuando existía una solución técnica y, finalmente, tomada la decisión, se condicionó a que el estado en donde se construiría donara a la paraestatal PEMEX determinada superficie de tierra y otra vez el juego de vencidas entre el estado de Hidalgo, Guanajuato y hasta nuestro estado también le entró, con eso de siendo el presidente de la República, a Michoacán le iba a ir muy bien. Pero no, Hidalgo cumplió al píe de la letra los caprichos técnicos y con todo en regla, el proyecto de la refinería en Tula sigue adelante.

Lo que debe llamar la atención es que no se ha hecho nada, salvo los llamados estudios técnicos, que se siguen integrando y juntando, pero ni la barda perimetral se ha empezado y se empieza a sospechar que hay otra razón, porque no es cuestión de financiamiento: el dinero estuvo reflejado en los presupuestos del 2010 y del 2011 y muy seguramente estará en los de los años siguientes … ¡será el cuento de Nunca Acabar!

Esta lentitud obedece a que para la actual administración – y también para la pasada, la de Fox – le es mejor, más barato y más negocio importar gasolina que producirla; es el mismo esquema que los productos agropecuarios – fruta, vegetales, lácteos, carnes y grasas – , ropa, calzado, máquinas, equipo electrónico, herramientas, etcétera y etcétera.

Los datos que suministran los organismos oficiales únicamente informan el crecimiento exponencial del consumo e importación de los derivados petrolíferos: en diez años pasó de 1 mil 345 millones de dólares, en el 2000, a 12 mil 923 millones en el 2010. Y en el 2000 importó 90 millones, 579 mil barriles diarios y en el 2010, 378 mil 265 millones. Nuestro país tiene 6 refinerías donde produce combustible como gasolinas, turbosina, diesel y combustóleo, pero no es autosuficiente. ¡Pero no demuestran a qué precio compran y a qué precio venden! Ahí está el punto. Para ejemplificar: De cada litro de gasolina que se despacha en las estaciones de servicio, el 50% es proviene, mayoritariamente, de los Estados Unidos. Curiosamente somos dependientes hasta en eso.

Para tratar de garantizar la seguridad energética del país nuestros gobiernos deben tomar como reto exportar menos petróleo y generar más derivados porque el hidrocarburo produce más riqueza cuando se procesa que si se vende únicamente como materia prima, para lo anterior necesita no nada más la futura refinería que estará hasta, dicen, 2016, sino otras dos y controlar – racionar, en otras palabras – a ciudadanos el abasto de hidrocarburos, porque debemos ser autónomos en el sector energético y tratar, y serlo, en el de los alimentos. Estos dos sectores son cuestión de seguridad nacional: dependencia o independencia, es la cuestión