C.P. Manuel Montes y Arroyo
Introducción
Durante varios años tuve la oportunidad de trabajar en el área de finanzas públicas de dos entidades federativas. Esta experiencia me permitió comprender de cerca la enorme responsabilidad de administrar los recursos que pertenecen a todos los ciudadanos. A partir de esa vivencia, reflexiono sobre un cargo que pocas veces se analiza públicamente, pero que exige evaluar a fondo los conocimientos de quien lo ocupa debido a su impacto directo en millones de personas: el Secretario de Finanzas. Ante tal relevancia, el Gobernador de cada entidad federativa debe meditar minuciosamente a quién otorga este nombramiento.
Este artículo nace de tres convicciones que fui formando a lo largo de esos años:
La primera es que no cualquiera puede ser Secretario de Finanzas. Se requiere preparación técnica sólida, conocimiento profundo de las finanzas públicas y experiencia real en el manejo de recursos gubernamentales.
La segunda es que la honestidad es tan importante como la capacidad técnica, pues ambas son indispensables. Un funcionario muy capaz pero deshonesto puede causar un enorme perjuicio al erario. Uno honesto, pero sin la preparación necesaria, puede provocar consecuencias igualmente graves por error o ignorancia. Solo quien reúne ambas cualidades está verdaderamente preparado para desempeñar el cargo.
La tercera es que el Gobernador tiene la obligación moral y política de nombrar a la persona más preparada y honesta para este cargo, no simplemente a alguien de su confianza personal. He podido observar que cuando se nombra a un Secretario de Finanzas por amistad o lealtad política sin considerar su capacidad técnica, las consecuencias las pagan los ciudadanos.
¿Por qué es tan importante un Secretario de Finanzas?
Un Secretario de Finanzas no administra números ni cuentas bancarias. Administra los recursos que pertenecen a millones de ciudadanos, y las decisiones que toma impactan directamente en la calidad de las escuelas, la disponibilidad de medicamentos en los hospitales y la seguridad en las calles. No es un puesto administrativo; es el motor que viabiliza o frena el desarrollo de todo un estado.
De sus decisiones depende si habrá recursos para construir hospitales, escuelas y carreteras. De su honestidad depende que el dinero público llegue a donde debe llegar y no se desvíe hacia otros fines. De su preparación depende que el estado no caiga en un endeudamiento excesivo que comprometa el futuro de las próximas generaciones.
Por eso no basta con ser una persona de confianza del Gobernador. Debe ser, además, una persona preparada, honesta y comprometida con el interés público por encima de cualquier interés personal o político.
Lo que debe saber un Secretario de Finanzas:
Para ejercer correctamente este cargo, el Secretario de Finanzas debe dominar varias áreas fundamentales:
Debe conocer a fondo las finanzas públicas y el presupuesto, porque su principal responsabilidad es elaborar, proponer y vigilar el ejercicio del presupuesto del estado. Sin ese conocimiento, sus decisiones carecen de sustento técnico.
Debe entender el sistema de coordinación fiscal, es decir, cómo se distribuyen las participaciones y aportaciones federales entre los estados y municipios, porque esos recursos representan la mayor parte de los ingresos de cualquier entidad federativa.
Debe conocer la deuda pública y su manejo responsable: cómo se contrata, cómo se paga, cuál es su costo financiero y qué límites establece la ley para no comprometer las finanzas futuras del estado.
Debe manejar la contabilidad gubernamental conforme a la Ley General de Contabilidad Gubernamental, que establece los criterios para registrar y reportar los ingresos y gastos del sector público.
Debe conocer el marco legal que regula su cargo: la Constitución, la Ley de Coordinación Fiscal, la Ley de Disciplina Financiera de las Entidades Federativas y los Municipios, la Ley Federal de Presupuesto y Responsabilidad Hacendaria, y la Ley General de Responsabilidades Administrativas.
Y debe tener conocimientos de economía para entender el contexto en que se toman las decisiones financieras y anticipar el impacto que los cambios económicos pueden tener en las finanzas del estado.
Lo que debe ser como persona:
Más allá de los conocimientos técnicos, un Secretario de Finanzas debe reunir ciertas cualidades personales sin las cuales ninguna preparación académica es suficiente:
Honestidad absoluta. Es el principio más importante del cargo. Quien administra recursos públicos debe hacerlo con la misma responsabilidad con que administraría su propio dinero, o más. La tentación existe, los recursos son cuantiosos y las oportunidades para actuar de manera indebida también. Por eso la honestidad no puede ser negociable.
Independencia de criterio. Debe tener la valentía de decirle al Gobernador cuando algo no es financieramente viable, aunque eso incomode. Un Secretario de Finanzas que solo dice lo que su jefe quiere escuchar no está cumpliendo con su responsabilidad.
Transparencia. Debe actuar de manera abierta, publicar la información financiera que la ley exige y facilitar el acceso de los ciudadanos a esa información sin poner obstáculos ni pretextos.
Vocación de servicio público. Debe entender que su cargo no es un privilegio personal sino una responsabilidad temporal ante los ciudadanos que financian con sus impuestos el funcionamiento del gobierno.
Responsabilidad ante las consecuencias. Debe asumir que cada decisión que toma tiene efectos reales sobre personas reales, y actuar en consecuencia con seriedad y prudencia.
Lo que nunca debe hacer un Secretario de Finanzas:
Hay conductas que un Secretario de Finanzas nunca debe permitir ni ejecutar, porque representan una traición a la confianza que los ciudadanos depositan en quien administra sus recursos:
Autorizar gastos sin sustento presupuestal. Gastar dinero que no está contemplado en el presupuesto aprobado es una irregularidad grave que puede derivar en responsabilidades administrativas y penales.
Ocultar información financiera. La transparencia no es opcional. Ocultar o distorsionar los datos financieros del estado es una violación a la ley y una traición a los ciudadanos.
Comprometer las finanzas futuras del estado indebidamente. Contratar deuda excesiva o generar compromisos que las siguientes administraciones no podrán cumplir es uno de los daños más graves que puede causar un Secretario de Finanzas, porque sus efectos se sienten durante décadas.
Utilizar los recursos públicos con fines políticos. El dinero público es para servir a todos los ciudadanos, no para financiar campañas, favorecer a grupos políticos o premiar lealtades partidistas.
Permitir actos de corrupción. Ya sea participando directamente o guardando silencio ante irregularidades que detecta, un Secretario de Finanzas que tolera la corrupción se convierte en cómplice de ella.
Guardar silencio ante actos ilegales o irregulares. Cuando un funcionario detecta conductas indebidas y no las reporta ni actúa en consecuencia, falla en una de sus obligaciones más importantes. En mi experiencia personal, aprendí que existen momentos en los que la única decisión honesta es también la más difícil: separarse del cargo y presentar la renuncia.
Anteponer intereses políticos a los intereses de los ciudadanos. El cargo de Secretario de Finanzas debe ejercerse pensando en el bien común, no en conveniencias políticas o personales.
Los grandes retos que enfrentará:
Quien asume este cargo se enfrenta a desafíos muy serios que ponen a prueba tanto su preparación como su carácter:
El primero es la deuda heredada. En muchas entidades federativas, el Secretario de Finanzas recibe un estado con compromisos financieros acumulados durante años que limitan enormemente su margen de acción.
El segundo es la dependencia de las participaciones federales. La mayoría de los estados dependen en más del 70% de los recursos que les transfiere el gobierno federal. Cuando esas transferencias bajan, las finanzas estatales entran en crisis y el Secretario debe encontrar soluciones sin agravar el problema.
El tercero es el costo financiero de la deuda. Los intereses que se pagan por la deuda acumulada consumen una parte importante del presupuesto que podría destinarse a servicios públicos. Administrar ese costo con inteligencia y reducirlo progresivamente es uno de los mayores desafíos del cargo.
El cuarto es la presión política para gastar más de lo que se tiene. Siempre habrá demandas de más recursos para obras, programas y compromisos políticos. Saber decir que no cuando las finanzas no lo permiten requiere carácter y valentía.
El quinto es mantener finanzas sanas sin afectar los servicios públicos. El equilibrio entre la austeridad necesaria y la obligación de garantizar servicios de calidad a los ciudadanos es quizás el reto más difícil y más importante del cargo.
Lo que deben exigir los ciudadanos:
Los ciudadanos no tienen por qué aceptar pasivamente la gestión de quien administra sus recursos. Tienen derecho a exigir y herramientas para hacerlo:
Pueden exigir que la información financiera del estado sea pública, clara y oportuna. Si no pueden entender cómo se gasta el dinero público, algo está mal.
Pueden evaluar si las finanzas del estado mejoraron o empeoraron durante la gestión: si la deuda subió o bajó, si el presupuesto se ejerció conforme a lo aprobado y si los servicios públicos mejoraron.
Pueden solicitar información a través de la Plataforma Nacional de Transparencia sobre ingresos, egresos, contratos y deuda pública del estado.
Y pueden exigir al Gobernador que nombre en ese cargo a la persona más preparada y honesta disponible, no simplemente a alguien de su círculo de confianza.
Conclusión
El servicio público es temporal, pero la honestidad es permanente. Los cargos públicos terminan; las decisiones que tomamos durante su ejercicio nos acompañan toda la vida. Ningún puesto, por importante que sea, vale más que nuestra integridad.
Un Secretario de Finanzas que ejerce su cargo con preparación, honestidad y verdadero compromiso con el interés público deja una huella positiva que beneficia a los ciudadanos durante años. Uno que lo ejerce sin esas cualidades puede causar daños que tardan décadas en repararse, y tarde o temprano enfrenta las consecuencias legales de sus actos.
El Gobernador tiene una de las mayores responsabilidades de su administración al nombrar al Secretario de Finanzas, pues de su preparación, honestidad y capacidad profesional dependerá en gran medida el futuro financiero de la entidad federativa y la calidad de vida de sus ciudadanos.
Los ciudadanos, por su parte, tienen el derecho y la responsabilidad de conocer quién administra sus recursos, cómo lo hace y qué resultados obtiene. Porque al final, el dinero público no es del gobierno: es de todos nosotros.
Este artículo fue elaborado con base en mi experiencia personal ya que laboré varios años en el área de finanzas públicas, la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, la Ley de Coordinación Fiscal, la Ley de Disciplina Financiera de las Entidades Federativas y los Municipios, la Ley General de Contabilidad Gubernamental, la Ley General de Responsabilidades Administrativas y consultas realizadas a herramientas de inteligencia artificial, cuyo contenido fue contrastado con fuentes jurídicas y documentales antes de integrarlo en este artículo.
























