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El Instituto Mexicano del Seguro Social se creó hace 70 años, como respuesta a la necesidad de otorgar atención medica a la cada vez más numerosa y desprotegida población trabajadora. Fue una gran decisión del entonces Presidente de la República Gral. Manuel Avila Camacho. Vale recordar que antes de la existencia del IMSS la atención médica del trabajador corría por cuenta del patrón, el Espíritu Santo y la Virgen de Guadalupe,  lo cual equivale a decir que virtualmente no existía.

El nacimiento del IMSS no fue fácil, desde su inicio enfrentó un severo  rechazo y bloqueo por parte de los segmentos patronales de esa época, ayudados, para colmo de las vergüenzas, por algunas centrales sindicales,  incapaces de entender el concepto de seguridad social. Para ellos el trabajador era una pieza barata y desechable.


El IMSS durante la década de los 60s y gran parte de los 70s vivió la que fue su mejor época; se crearon los grandes centros hospitalarios, la cobertura se amplió a todo el país y se contrataron excelentes médicos para los servicios de asistencia y enseñanza en los Centros Médicos; casi todos con carreras hechas en los principales hospitales de los EEUU y  Europa. Fueron las épocas bajo la dirección de Benito Coquet, Ignacio Morones  y al final Gálvez Betancourt.

La tragedia se inició con la llegada a la Dirección de Arsenio Farell. Su intolerancia y lo torpe de sus decisiones rápidamente lo enfrentaron con la mayoría de los responsables de las diversas especialidades; el resultado, muchos de los  grandes maestros que habían dado prestigio al IMSS decidieron renunciar y emigrar a otras instituciones antes que tolerar las estupideces del Director General.  

Posteriormente, con la llegada de García Sáenz las cosas algo mejoraron, pero nunca se recuperó el nivel académico perdido. Con los siguientes directivos el Instituto inicia un progresivo declive  hasta la época calderonista, cuando entra en franca caída libre. El IMSS ha sobrevivido, cierto, pero con graves carencias que afectan severamente su funcionamiento y por ende lo mas importante, la vida de sus derechohabientes. Muchas decisiones centrales desatinadas, como casi todas las que se toman sobre un escritorio, junto con la mediocridad de las autoridades intermedias, dieron al traste con la capacidad operativa del Instituto.

Actualmente el Instituto esta totalmente rebasado, no tiene ni médicos, ni camas ni recursos para atender con calidad y oportunamente a sus asegurados.  El sistema de Medicina Familiar es una entelequia; el “medico feliz” (eso significan las iniciales M.F.) lo único que espera es una jornada tranquila y una jubilación segura;  que el sufrido paciente tenga que levantarse a las 5 de la mañana para ver si por suerte consigue una cita poco o nada le importa; los hospitales y sus servicios de Urgencias son verdaderas antesalas del infierno; largas filas de enfermos en espera de alguien que los atienda, pacientes en el suelo, quejándose, abandonados, mientras el escaso personal médico en ocasiones hace lo que humanamente puede.  

Si por gracia divina se logra una cita con el Medico Feliz o, después de meses de espera, con el Especialista, surge el otro problema, no hay medicamentos. Después de horas (cierto, horas) haciendo fila en la ventanilla de la farmacia, el empleado comunica, con la frialdad de quien tiene segura su quincena,  que no hay el medicamento y da una fecha en que, si hay suerte, se surtirá la receta. ¿Que hacer?,  anteriormente, cuando un medicamento no se surtía, existía un mecanismo para obtener la medicina mediante una receta a una farmacia subrogada, misma que posteriormente se encargaba de cobrarle al IMSS. En la actualidad eso no existe, por lo tanto el  enfermo se enfrenta a dos incomodas posibilidades: O compra de su bolsillo el medicamento (caro o carísimo), o sufre las consecuencias.  El resultado final es el mismo, el IMSS incumple con su postulado básico, atender enfermos. Ubiquémonos, no hay otra justificación para la existencia del IMSS; ni sus centros de bienestar familiar, ni sus teatros, ni sus inútiles anuncios televisivos, nada de eso es lo prioritario; el Instituto se inventó para atender enfermos, si no lo hace no está cumpliendo su principal  función y por lo tanto no se justifica su existencia.

 

¿Que hacer?  Quejarse antes las autoridades locales del IMSS es tiempo perdido pues carecen de capacidad resolutiva, tanto el personal de la Delegación como los Directores de Unidades están entrenados para simular escuchar una queja y dar largas al asunto.  ¿Entonces?  Se deben presentar las quejas a otras instancias y ventilar públicamente las deficiencias del Instituto en todos los niveles a que tengamos acceso. Lo peor es quedarnos callados.