SIN MAQUILLAJE POR ETELBERTO CRUZ LOEZA.

El pasado martes, ocho de marzo, es reconocido como el Día de la Mujer y todos llevaron agua a su molino; desde las comercializadoras de flores, golosinas y dulces, restaurantes y regalos hasta los directivos de oficinas públicas y privadas, lo mismo que los jefazos de las instituciones de la República, del estado y del municipio, pero ahí quedaron, ayer fue maravilla, hoy ni sombra es, como bien lo dijo Sor Juana Inés de la Cruz, nuestra Décima Musa.

Desde este espacio ofrecemos nuestras Felicidades a la Mujer Mexicana.

A la mujer más humilde, a la olvidada, a la que trabaja desde antes de que salga el sol y mucho más allá después que la luna llega a su cénit; a las mujeres que no tuvieron la oportunidad de asistir a una escuela o si asistieron, por las razones que hubieran sido, no la terminaron; para las mujeres que disputan un espacio laboral al hombre; para las mujeres madres solteras, para las mujeres divorciadas, para las mujeres violentadas, para las mujeres que son cabeza de familia – que según estadísticas confiables del INEGI, son cerca del 42% de los hogares mexicanos tiene como cabeza a una mujer -; para las mujeres solas, por la razón que sea, para las mujeres profesionistas, representantes populares, para las que ejercen ciertos espacios de poder políticos, para las muy escasas que despachan administrando justicia, dirigiendo empresas; para las madres de hogareñas, que sacrificaron su futuro o o lo doblegaron y pusieron a disposición de su esposo o pareja, y se dedicó al más difícil papel social: ama de casa de casa; para  aquellas que compiten con nosotros los hombres en las aulas y en los centros de trabajo, quién es el más capaz, competente, rendidor y mejor, el líder, para todas las mujeres, incluso para las olvidadas, felicidades no únicamente en este día, si no porque en este día y en todos los restantes 364 sepan, construyan, disfruten los días en los cuales se les reconocen o triunfan por el ejercicio y plena aplicación de sus derechos.

Desde estas líneas expresamos nuestros deseos por el esclarecimiento de varios – ojalá fuera posible que todos – de los asesinatos de ciudad Juárez -, por la transparencia y castigo correspondiente a todos los involucrados en el  terrible y, ojalá, irrepetible, caso  de la familia chihuahuense cuyo asunto llegó hasta las Naciones Unidas y a la solicitud de asilo político.

Para nuestras heroínas que la historia contiene en sus páginas, pero más para aquellas, que hayan sido del bando o del grupo que hayan sido, siguieron a  sus esposos a los campos de batalla y murieron peleando en defensa de su hogar y de una idea, unida su familia, para ellas, esas humildes soldaderas,  nuestro reconocimiento.

Expresamos  el deseo de que también en las mujeres haya un poco más cada día porque de ellas mismas crezca desde su interior, un espíritu de exigencia, de reclamo y de participación consciente  de sus derechos, de su ejercicio y de prevalencia, pero que exista reflexión, acuerdo y aceptación conjunta con su pareja, con su familia; para que los merecimientos que hoy se les dan, se les reconocen, no sean necesario, si no que ellas mismas se construyan su reconocimiento, su espacio y su liderazgo.Â