Ayer domingo 3 del presente entró en operación el llamado Horario de Verano con el cual, pese a la propaganda y publicidad oficial no hace sino vincularnos más a la cultura norteamericana: enlaza nuestros horarios con los horarios de nuestros poderosos vecinos, sin importar que para la sociedad mexicana sea un cambio engorroso, porque no es únicamente cuestión de ajustarse a nuevos horarios, bien sea adelantar o retrasar una hora nuestros relojes y nuestras actividades diarias, rutinarias, cotidianas.
Inicialmente se dijo que este cambio era para ahorrar energÃa, pues todos usarÃamos la luz natural y no la artificial, y que esto se reflejarÃa en el aviso de pago de los consumos de energÃa, pero resultó al revés: ni bajaron los consumos ni se dio el publicitado ahorro en los bolsillos de las familias; ahora la publicidad y la propaganda oficiales cambiaron: Habrá una hora más para jugar.
También se dijo que se gastarÃa menos combustible, habrÃa menos contaminación en el aire al no quemarse tantos y tantos volúmenes de carbón, diesel, gas y otros combustibles usados en la generación de la electricidad. Las cifras oficiales de todo eso jamás fueron, ni serán aceptadas, por la sociedad.
Lo que se sabe es que con esta inserción de nuestros horarios a la cultura norteamericana, nuestras estructuras de producción energética están dentro de los esquemas de seguridad integral de los Estados Unidos, pues Canadá, nuestro vecino de más al norte y socio del TLC, Canadá, también tiene los mismos horarios que los norteamericanos, con lo que todo los sistema productivos de energÃa de América del Norte es un bloque Ãntegro que proporciona seguridad a los súper poderosos, y tan débiles, vecinos del norte.
Ahora, la nueva publicidad muestra a quién está dirigido este cambio de horario: a las nuevas generaciones.
Ellas deberán de acostumbrarse a estos cambios de horario y ya. Es una decisión que contó desde el inicio de su implantación, con la bendición del supremo poder: Los Estados Unidos: Porque jamás procedió ninguna reclamación, de ningún tipo y de nadie. La Suprema Corte de Justicia dio fallos que nos dejaron igual: en Babia y molestos.
Las generaciones nuestras nos queda solo el recuerdo del tiempo en que todo era inamovible y aunque tenÃamos dos horarios – el del PacÃfico y del centro – era uno el que nos marcaba el paso, el del Centro y todos hicimos nuestra vida asÃ, pero … eso ganamos por ser y estar de vecinos y socios de la economÃa más grande del mundo (hasta el momento).






















