Sin Maquillaje… Por Etelberto Cruz Loeza
El pasado domingo fue 10 de abril y en la glorieta de Cuatro Caminos en donde está el monumento ecuestre a Emiliano Zapata, se realizó el ya tradicional, clásico y acostumbrado acto conmemorativo del XCII Aniversario luctuoso del asesinato de Emiliano Zapata, el apóstol, paladÃn y mártir del Agrarismo Mexicano y como siempre se dieron las frases relativas al campo, al campesino y a sus condiciones actuales.
Es muy cierto, las condiciones son muy diferentes a lo que se vivió en todo el primer cuarto del siglo XX y si Emiliano Zapata – Miliano, para su guardia, amigos y paisanos – viviera se morirÃa de decepción y frustración al ver la desolación del campo mexicano y las condiciones actuales de sobrevivencia del campesino mexicano: el campo olvidado, envejecido, despoblado y con una producción selectiva para satisfacer el mercado internacional porque lo más importante es el ingreso de dólares, no la autonomÃa alimentaria nacional.
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El diario CAMBIO, en su edición del ese dÃa 10 expresó: ZAPATA VIVE, EL CAMPO AGONIZA y si bien como dijo José López Portillo, presidente de la República al inaugurar su monumento al término o inicio del paseo Tollocan en la ciudad de Toluca, del estado de México … “Zapata aun trae puestas su botas de montar y su carabina al hombroâ€, lo cierto es que no se le concedió el tiempo suficiente para que los beneficios constitucionales de las polÃticas públicas dirigidas al campo dieran resultado y los programas de reconversión agrÃcola, de certificación de los derechos parcelarios han convertido el campesino en otro asalariado, en otro trabajador más en los mil y un uso que el nuevo panorama ocupacional nacional tiene en toda la geografÃa de la República, menos en campesino, agricultor, ganadero y/o empresario agropecuario.
Desde la entrada del TLC en el campo y en el paÃs es más barato importar que producir: el trabajar su tierra ya no deja y trabajo que no deja … hay que dejarlo … y los núcleos campesinos que limitan con las ciudades media y grandes se han aprovechado de esa circunstancia y han vendido su presente por un plato de lentejas amargas, pro que no tendrán con qué comer en el futuro, salvo como peones, obreros y mil uso o irse “p‘al otro laoâ€, como empapelado o como mojado, porque aquà el paÃs y su gobierno carecen de interés en ellos y ellos deben vivir y dar de comer a quienes dependen de él.
El campo y su actual condición es motivo de polÃticas públicas mal orientadas y perversamente empleadas, corporativizando, polÃtica y electoralmente, a los pobladores del campo, con programas asistenciales que medio subsidian al campesino y le dan para medio vivir y voten por quien les concede y sostiene el programa asistencial. Si bien es muy cierto, todos vivimos del campo, con las oleadas de importaciones de productos agrÃcolas, carnes, grasas y lácteos, el paÃs depende ya de las importaciones de maÃz, trigo, leche, huevos y carne y aunque haya una y mil polÃticas públicas enfocadas al campo, nuestro campo no se vitalizará hasta que haya coincidencia y coordinación entre intereses de los hombres del campo, de los partidos polÃticos y de los lÃderes sociales.
Y eso nunca sucederá.






















