Por Etelberto Cruz Loeza
Estamos en plena Semana Mayor, Semana Santa y el pueblo, contradictoriamente cercado por un mundo materialista, pragmático, utilitarista, lleno de hedonismo y de eudemonismo –placer y felicidad - momentáneos se desborda, o por esnobismo, por moda o porque en el fondo le late el temor, el miedo a lo desconocido o porque no encuentra solución a sus circunstancias existenciales y acude a la religión como una solución, aunque sea mágica.
Michoacán está lleno de tradiciones que se concentrar en el centro del estado, -lugares que fueron histórico asiento de las órdenes monacales del dogma católico que evangelizó a este estado – región y nuestras culturas combinaron la nueva religión, que les fue impuesta, casi a sangre y fuego y se aceptó por instinto de sobrevivencia, con la suya y le otorgaron un matiz especial.
En cada población importante, dentro o fuera de la llamada Ruta de Don Vasco, tiene su visión y traición sobre los ritos de esta semana y el visitante puede encontrar escenificaciones que van perdiendo su fidelidad, su originalidad – que se entiende por cuestión del desarrollo y del progreso -, pero que conservan su esencia.
Asà usted puede acudir a toda la zona lacustre, el centro del estado, Charo Huandacareo, Zinapécuaro, Araró y a los lugares que la feligresÃa ha ubicado como santuarios y disfrutar /reflexionar sobre los hechos y misterios de la muerte, incorruptibilidad y ascensión de Jesús, el Nazareno.
Mas a la par de estos hechos, por las imágenes, tal parece que la fe se ha desbordado, por las razones que sean y aunque se han implantado nuevas modalidades – nada originales, solo copias de eventos de otras latitudes – las personas están presentes.
Esta temporada es propicia para el juego de cifras; que se rebasara el porcentaje de turistas y que dejarán en el estado una derrama de XXXX millones de pesos, la verdad es que sà vendrá el turismo, pero será en un 90% local, estatal o nacional, porque aun siendo muy explÃcitas las escenificaciones las poblaciones en donde se ofrecerán esos tradicionales ritos carecen de vida cultural que los respalde y no tiene infraestructura para la profana disipación del espÃritu .  Â
Nuestro estado con más de 200 kilómetros de litoral tiene en ellos un potencial turÃstico desaprovechado que seguramente, se verá su desarrollo hasta dentro de una generación, pues carece de lo sustantivo: transporte, servicios para los automóviles y destinos con instalaciones para su descanso, además de infraestructura sanitaria y de servicios conexos.
Por lo pronto que en estos dÃas se reencuentre y se descanse, ambas cosas muy necesarias en este mundo tan materialista.






















