SIN MAQUILLAJE POR ETELBERTO CRUZ LOEZA.

Los graves hechos de inseguridad que han caracterizado al estado de Morelos en los últimos meses, han tenido un nuevo dramático episodio en las últimas semanas cuando ocurrió el asesinato de un líder obrero, Tito Barrera, y apenas unos días después se conoció el multihomicidio de siete personas encajueladas en un vehículo que apareció en el municipio de Temisxco, conurbado a la ciudad de Cuernavaca, capital del estado. Como se sabe, entre los asesinados se encontró el hijo del escritor y poeta Javier Sicilia.

Desde ese momento, distintas voces externaron su hartazgo, desesperación y reclamos ante la oleada de violencia y crímenes que han asolado a la entidad. La indignación de Sicilia catapultó muchos sentimientos, y se fijaron términos para conocer a los culpables del citado multihomicidio, pero desde un principio versiones y declaraciones de la autoridad dieron cuenta de improvisación y falta de profesionalismo.

Por igual, la procuraduría de Morelos, mencionó que estaban giradas órdenes de aprehensión contra funcionarios, presuntamente implicados, solo para que después no se  conociera nada al respecto. Más adelante fue presentado, con la intervención del ejército, uno de los presuntos responsables, pero apenas ocurría esto cuando las contradicciones en los hechos narrados por el implicado, desmentían categóricamente la posibilidad de haber encontrado a uno de los culpables.

No solo se mostraba una gran incapacidad, sino también una intención resuelta para ocultar las fallas por la vía  de inventar versiones, de mentir para aparentar eficiencia. En síntesis, un gobierno que engaña para simular un pretendido buen desempeño (¡Dónde ha ocurrido algo semejante con el ejército y con la policía judicial estatal?
Asociado a este penoso asunto se han  desencadenado  pretendidos actos de corte judicial, pero más bien se han exhibido  la prepotencia y el abuso de las autoridades como sucedió con el allanamiento a la casa de un distinguido médico cardiólogo con prestigio y reconocimiento en la sociedad morelense, sin que se hubiera acreditado una justificación clara y que pudiera explicar la intervención prepotente de diversos agentes y cuerpos de seguridad.

El extravió del gobierno, el uso de la fuerza sin justificación clara, la presentación de culpables que luego resultan producto de maquinaciones y de burdas fabricaciones, genera una  violencia psicológica que solo se equipara  a la violencia real que se ejerce a través de los asesinatos.

Mientras eso sucede la acción gubernamental  busca generar respuestas en el ámbito de la política, pues de manera periférica remueve a funcionarios  tras la búsqueda de generar una imagen  de capacidad de reacción, pero nuevamente la estrategia es una caricatura, pues se busca acreditar en el ciclo de ajustes de los funcionarios la aceptación de la renuncia que le habían presentado cuatro meses antes, la contralora del estado, como un ardid para involucrar en este movimiento con el relevo que hizo el pasado 10 del secretario de  educación  pública junto con el secretario de seguridad pública, pero, lamentablemente el gobierno del estado se muestra incompetente, perplejo y sin capacidad para brindar respuestas efectivas.

La cadena de desaciertos lleva a una nueva marcha. El reclamo es la exigencia de una autoridad que cumpla; de nuevo la advertencia del ¡Ya basta!  Se trata de reconstruir la relación entre la sociedad y gobierno, de limitar la caprichosa autonomía y discrecionalidad de la esfera política y de los que son políticos; se impulsa una nueva cultura de responsabilidades. SDe piden resultados, se exige cumplimiento. Algo tan simple, pero igualmente complejo. Se encuentra en la movilización social. SE TRASNMINA UN HARTAZGO HACIA LA INCOMPETENCIA.
(Tomado de EL FINANCIERO. Edición del 25 del presente. DEBATE 2011. DAMUEL PALMA CÉSAR).