Dice el dicho: “Hágase la voluntad de Dios en los bueyes de mi compadre” y esto aplica bastante bien para describir la política de “fomento a la competitividad de las empresas” emprendida por el gobierno federal. Es patético escuchar a nuestras autoridades hablar mucho sobre la necesidad de que las empresas mexicanas sean competitivas, ver cómo han abierto indiscriminadamente la frontera a la importación de productos manufacturados (inclusive de países con los que ni siquiera tenemos acuerdo comercial), y han obligado a las empresas a competir o morir: Pero por otra parte, para ciertos sectores “consentidos” la palabra competitividad no aplica ni existe, ya que se les sigue protegiendo.

Así, sectores como el calzado, textil, vestido, muebles, acero, entre muchos otros han tenido que hacer hasta lo imposible para hacer frente a una creciente (y hasta desleal) competencia del exterior; mientras que otros sectores como el energético, telecomunicaciones, servicios financieros, aerolíneas y más, continúan protegidos constituyéndose en “cuellos de botella” y mermando los esfuerzos de competitividad de la manufactura nacional.

Y es que no basta con trabajar en lo interno por abatir costos. No se puede competir cuando el recibo de la electricidad llega cada vez más alto, los precios de los combustibles aumentan mes con mes, la factura telefónica es mucho más cara que la de otros países, el sistema fiscal “castiga” la contratación de mano de obra, una aerolínea controla una enorme cantidad de rutas nacionales explotando rentas monopólicas, la corrupción y los costos de la inseguridad van en aumento, y muchos más lastres que nos hacen caer en las clasificaciones de competitividad.

Aunado a lo anterior, “los tres jinetes del apocalipsis para la manufactura” están sueltos. Estos “jinetes” son el problema de subvaluación en aduanas, la disminución unilateral de arancel emprendida desde 2008 y las prácticas de dumping realizadas por naciones como China. Estos graves problemas para la manufactura nacional son vistos por las autoridades de la Secretaría de Economía como asuntos menores que ni siquiera ameritan intervención, ya que en su óptica provocan que la industria manufacturera nacional se preocupe por ser más competitiva.

Muestra de lo anterior es que para que la Secretaría de Economía haga algo para ayudar a la industria a resolver estos problemas es necesario que cada sector que padece estos problemas haga todo el trabajo necesario para demostrar que se le está haciendo daño. Si la manufactura no eroga millones de pesos en estudios y trabajos para probar que los “jinetes del apocalipsis” le perjudican la autoridad federal permanece estática ante el beneplácito de importadores.

En otras palabras, y para que quede bien claro, la Secretaría de Economía no toma cartas en el asunto a menos de que algún sector vaya y demuestre que está perdiendo empleos y cerrando empresas. Sin duda, todo esto lo que nos muestra es que no hay vocación de política industrial, sino por el contrario, se pretende convertir a México en una nación de comercio y servicios, con una mínima participación de la manufactura en sectores como automotriz, electrodomésticos, informática, entre otros. Ah claro, y desde luego que en el plan de las autoridades federales también está que los sectores “consentidos” arriba mencionados prevalezcan.

La política económica de aperturismo indiscriminado emprendida desde tiempos del Presidente Salinas de Gortari ha tenido un enorme costo para el país. Como sustento de lo anterior están las declaraciones de Raúl M. Gutiérrez, presidente de la Cámara Nacional de la Industria del Hierro y del Acero (Canacero), quién el pasado lunes 9 acusó que durante los últimos diez años en México se han perdido 900 mil empleos en el sector manufacturero debido a la creciente presencia de productos provenientes de China. Así, de acuerdo a cifras del INEGI, mientras en 2000 el número de trabajadores del sector manufacturero afiliados al IMSS era de 4.4 millones, en 2009 se redujo a 3.5 millones. ¿Y entonces que podemos concluir a este respecto? Pues que estamos desmantelando buena parte de la planta productiva nacional y estamos contribuyendo a la creación de empleos en naciones como China.

Es por todos estos factores que México no puede aspirar a crecer a tasas superiores de un rango de 3 a 5 por ciento. La manufactura crece en las cifras agregadas, pero a nivel microeconómico las empresas padecen la falta de una política industrial y las acciones del gobierno federal a favor de empresas extranjeras.

Así que de poco servirá que el presidente Felipe Calderón haya promulgado una serie de cambios en el Sistema de Regulación de Competencia Económica en México, mediante las cuales se le otorgan mayores facultades a las autoridades antimonopolio. Y digo que esto servirá de muy poco ya que si no se fomenta una competencia en los sectores “consentidos”, que en la actualidad son “cuellos de botella” y son la razón por la que tenemos varios millonarios en la lista de Forbes, la economía será cada vez más dispar.

Las autoridades deben entender que para aspirar a un verdadero desarrollo se debe privilegiar a la industria manufacturera intensiva en mano de obra. Repito que no se trata de oponerse a la competencia del exterior, sino que se trata de que “el suelo” para competir esté parejo. Además de que es fundamental acabar con el “capitalismo de cuates” y hacer que México ya no sea “oligopolilandia” como se ha referido a nuestra nación la brillante politóloga Denisse Dresser.

La respuesta a estos problemas está en manos del “Presidente del Empleo” y los Secretarios que despachan en los puestos clave para la economía nacional. Deben entender que su vocación debe ser trabajar para quienes generan los empleos y contribuyen a la paz nacional haciendo de ésta una mejor nación.

Director general GAEAP