Se acercan los tiempos electoreros en cualquier parte de nuestro paÃs y comenzamos a ver la misma pelÃcula de siempre, promesas, promesas y más promesas, mismas que pocas veces son cumplidas por parte de los pretensos a los puestos de elección popular.
La sociedad mexicana muy lentamente ha ido creciendo en su percepción sobre lo que realmente necesitamos para lograr una democracia Ãntegra, de hecho para estudiosos del tema (Adolfo Aguilar Zinser, por ejemplo), nosotros, ésta sociedad donde hacemos lo posible para subsistir está en una “democracia en pañalesâ€.
El arraigo en México no es el de la democracia que conocemos por su significado etimológico, esto es, “el poder del pueblo†sino el de un nuevo concepto que podemos denominar dactilocracia o “el poder del dedoâ€, porque ¿cuándo en realidad el pueblo ha sido quien decida quienes nos gobernarán?, ¿no es verdad que los gobiernos indican quienes son sus elegidos y les dan todo su apoyo para seguir gobernando en éste nuevo sistema aristocrático mexicano?
Dentro de toda esta pantomima, ya sea sexenal o de trienio, nace también recientemente una clase social que podemos denominarla “el arlequÃn polÃticoâ€; pero ¿por qué el sÃmil de tan antiguo personaje, con estos actuales que nos bombardean dÃa a dÃa con su propaganda?, según la descripción que encontramos en la red tenemos:
“…es uno de los personajes clásicos de la comedia del arte (Commedia dell’Arte), aparecida en Italia en el siglo XVI, cuyo traje estaba hecho de rombos multicolores, los cuales en un principio eran remiendos que representaban la pobreza…pero con el tiempo fueron estilizándose, hasta ser un traje atractivo y elegante.
El traje de ArlequÃn está compuesto de una chaqueta y un pantalón de retazos coloridos e irregulares, y un sombrero blanco que en ocasiones tiene una cola de zorro o de conejo. Anda siempre con un cinturón del que pende un palo, y además usa una media máscara negra con elementos demonÃacos (incluyendo una especie de cuerno), nariz respingada y con ciertas caracterÃsticas animales (hay máscaras de ArlequÃn con rasgos de gato, mono, perro, etc.). Se dice también que el traje está hecho con retazos de tela que él mismo habrÃa ensamblado, realzando el lado modesto del personaje.â€
Encontramos, en cada esquina que volteamos a ver, personajes que reúnen todas estas caracterÃsticas sacadas del baúl de los recuerdos, inconscientemente, por ejemplo, quieren vestirse como la gente común y corriente, aparentar ser pueblo para posteriormente al ganar y estar en el poder dejar por un lado el disfraz y darnos su verdadero rostro, ese que sabemos esconden en el antifaz (con el rostro que guste imaginar usted) de campaña polÃtica.
Tienen un guión definido, cómico y a la vez cruel, nos hacen creer que sienten la realidad, cuando en verdad solamente han vivido una realidad paradójica, alterna a la que tenemos la gran mayorÃa de mexicanos, sonorenses y navojoenses; entretienen al pueblo, ese es su papel de momento, hacen circo, maroma y teatro, todo para convencernos que son los mejores entretenedores sociales y por lo tanto merecen estar a nuestro servicio.
Cuentan también con una amplia gama de cualidades histriónicas, cantan, bailan, declaman, dominan el monólogo a la perfección y sobre todo la capacidad de poseer aptitudes camaleónicas para imitar y adecuarse a los entornos hasta los más inhóspitos, claro solo por espacios muy breves de tiempo.
Esas son las personas que nos quieren gobernar unos arlequines o si lo prefiere, llámeles payasos con lujo; no dejan lugar para una verdadera oposición, seria y con idea cimentada de lo que la sociedad solicita; han acaparado la gran mayorÃa de los prosti-medios, vendidos al mejor postor y no al beneficio de los ciudadanos que merecemos la verdad. Afortunadamente las cosas han cambiado y gran parte de nosotros estamos convencidos que podemos lograr la Democracia anhelada por nuestros ancestros, y sobre todo rebasar la Dactilocracia donde nos han sumergido poco a poco.

























