“Tomando el término en el rigor de la acepción, jamás ha existido verdadera democracia y jamás existirá. Va contra el orden natural que el mayor número gobierne y que el menor número sea gobernadoâ€.
Juan Jacobo Rousseau
Me refiero al Congreso de la Unión, a la suma de las Cámaras de diputados y senadores en México. En teorÃa, la ley en México dice que el pueblo, los ciudadanos que cumplan los requisitos de ley pueden acceder a los cargos de representación popular -representación polÃtica- siempre y cuando lo hagan mediante la postulación de uno o varios partidos polÃticos. La misma ley define, sin que lo diga, que son los partidos polÃticos los dueños del congreso, pues, de no haber esa intermediación no hay posibilidad alguna, hasta el momento, para que en México los ciudadanos libres -sin partido- podamos acceder a la representación polÃtica en el congreso de la unión o los poderes susceptibles de elección de los estados o la federación. Lamentable en todos los sentidos si tomamos en cuenta que en el congreso se aprueban o desechan leyes; leyes que rigen para todos, nos gusten o no; lamentable, porque ahà se dirimen muchas de las controversias más importantes de la nación relacionadas con el patrimonio nacional, patrimonio de todos los mexicanos: telecomunicaciones, hidrocarburos, territorio, agua, entre muchos temas más.
Más lamentable aún es el hecho de que habiendo un artÃculo 39 de la carta magna donde se afirma sin ambigüedades que “la soberanÃa nacional reside esencial y originariamente en el pueblo. Todo poder público dimana del pueblo y se instituye para beneficio de éste. El pueblo tiene en todo tiempo el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno.†Más claro ni el agua; sin embargo, en el artÃculo invocado no se define quien o quienes son el pueblo. Lo que si podemos extraer es que, independientemente de los partidos polÃticos y los representantes en las cámaras legislativas, una gran masa del pueblo podrÃa ser capaz de modificar las reglas establecidas en la carta magna que fueron aprobadas por quienes hace mucho tiempo vieron en las mismas una forma adecuada de regular la vida de todos los habitantes de una nación con una caracterÃstica: en esas formas dominaba la idea de gobernabilidad, no de gobernanza, por lo cual se excluÃa el consenso o aprobación del pueblo, de la ciudadanÃa.
No obstante, vale la pena resaltar que los partidos polÃticos tampoco son del pueblo, ni siquiera de sus militantes, menos de los simpatizantes. Son de una oligarquÃa a la que se denomina dirigencia, en algunos casos dirigencia formal y en otros dirigencia “meta formal†que no se ve pero decide aún contra la voluntad de los dirigentes formales. La organización de los partidos no forma parte de la ortodoxia democrática, por más que se quieran bañar de tal adjetivo. Su estructura interior y de mando es esencialmente autocrática y oligárquica: los dirigentes no son realmente elegidos por los miembros, a pesar de los esfuerzos por aparentar lo contrario. Son nombrados o cooptados por una minúscula minorÃa o grupo que ejerce el mando como centro de poder. Los partidos polÃticos tienden por lo general a formar una clase dirigente, aislada de los militantes, una casta más o menos cerrada que de vez en vez aparece en los medios de comunicación aparentando estar muy ocupada, y lo está, pero en asuntos muy lejanos a los problemas de sus simpatizantes y la ciudadanÃa. La mayorÃa de las veces sólo atienden lo relacionado a como perpetuarse en el poder, como ganar elecciones o como sacar un provecho patrimonialista de sus posiciones. Y eso ocurre en la mayor parte del mundo que se denomina democrático.
Aunque la dirigencia en algunos partidos llega a ser votada por sus bases, lo cierto es que éstas -las bases- no eligen, sólo votan, dan legitimidad. En estos casos la oligarquÃa o pandilla dirigente se amplia, pero ello no los vuelve democráticos, porque al final la elección la hacen los miembros, que son una minorÃa, en relación con los que emiten su voto en las urnas para un proceso electoral donde compiten frente a otros partidos para ganar representantes ante el congreso de la unión. Todo esto significa que la gran masa de la sociedad, los ciudadanos, los electores, estamos dominados, gobernados, por el grupo menos numeroso de la sociedad, una ridÃcula minorÃa, sÃ, pero que ejerce el poder de decidir sobre una masa de personas que en México es poco mayor a los cien millones de personas. ¿Y usted, cómo la ve?
Politólogo Universidad Autónoma Metropolitana. Miembro del Consejo Nacional de Operación y Director General de Comunicación Social del Parlamento Ciudadano de México. Twitter: @parlamentariofv http://www.pacime.org.mx

























