Hoy entiendo más que nunca esto de la empatía. Descubro, al ir leyendo poco a poco el escrito de Javier Sicilia esto de “hay que mirarnos a los ojos para reconocernos” y coincido plenamente con él gracias a mi ya tan repetida incredulidad, rabia e impotencia por los 49 niños de la guardería ABC, que, como se vislumbra seguirá ocurriendo, ya tiene todo el aparato legal “con desvanecimiento de pruebas” y sin poder jamás resarcir el daño de dejar morir a esos niños.

Suena a número, a dato, a estadística, a tragedia que seguramente se perderá en el olvido si lo dejamos hacer; sin embargo, si dejamos que sólo el olvido se apropie no veremos entonces que tras ese número hay 49 sonrisas, esperanzas, juegos, historias, amores, familias, futuros ciudadanos que simplemente y por en el mejor de los casos sólo por descuido (ya no decir trámites administrativos, corruptelas, compadrazgos, nepotismos) vieron truncadas sus vidas y con ello van quitando de apoco, como suero de hospital pero a la inversa, el entendimiento, el valor, el amor y la vida de quienes los conocieron o de quienes, como yo y seguramente muchos humanos más, no podemos ni siquiera explicar (que no entender) cómo de una forma tan estúpida, instantánea y negligente nomás nos dicen… Estamos con ustedes, compartimos sus penas… pero aquí no pasa nada, no hay culpables, no hay audiencia, no hay sentencia ni resultado.

Uno de mis mayores referentes de vida es la pertenencia… la identidad… el senti que soy parte de un equipo, una familia, una pareja, una escuela, un trabajo, una sociedad, un país… esa necesidad que a la par me dota de fuerza, dedicación, esmero, compromiso, responsabilidad, respeto, amor y en muchas ocasiones orgullo se ve cada vez más mermada cuando me refiero a México, este mi México tan lleno de incomprensiones, saturado de corrupción, ahogado en negligencia, despotricado, vejado, abandonado…y yo, como una voz que grita en medio del desierto, que aspira a un cambio que en lo más común de los hechos el no encontrar eco, el sentirme como desde hace mucho, anacrónica y ajena…

 

Cuando empecé a escribir en CEINPOL fue por una granada que estalló a la vuelta de mi casa en la madrugada de un viernes de quincena, cerca de la “zona dorada” de mi ciudad, a donde la gran mayoría de los jóvenes acuden los fines de semana; fue tanta mi incredulidad que desde lo más profundo de mi me convencí que lo que debía hacer era hablarlo, esparcirlo, darlo a conocer, no sólo como una forma individual y propia de quejarme, sino más bien como una voz que deseaba encontrar eco en tantas opciones como pudiera y repetir y repetir este algo está pasando, ya no más, no es normal, no es lo que espero, no aspiro a esto, ese reiterado ¡YA BASTA!! que en últimas fechas ha tenido en muchos Méxicos y a muchas horas distintas esa necesidad desgarradora, trepidante y hasta ahora sólo replicante de acá también, ya no más.

Sin embargo, lo que aún no vislumbro son soluciones. Veo, con gusto, que la sociedad (en gran parte sólo la afectada) está reaccionando, aunque tal vez lo que nos ocurre a la mayoría es que estamos todos destanteados, como queriendo entender lo que ocurre y sin poder siquiera vislumbrar qué es lo que está pasando.

¿Orígenes? Seguro hay cientos… yo siempre he manifestado que todo parte de la pobreza, el desempleo, la falta de opciones para la educación. Apenas antier el científico mexicano que ganó el premio Principe de Asturias volvió a decir eso que de tanto oírse ya debería de sonarnos a tonada: el verdadero apoyo al humanismo, al crecimiento, al conocimiento, al desarrollo no es nacional. Acá apoyamos a las elecciones, a los partidos políticos, a los programas sociales infestados de familiares de políticos, a las concesiones otorgadas con lujo de nepotismo que después se vuelven imperseguibles para la ley porque cómo vamos a afectar directamente a la familia de tal o cual gobernante, a permitir que en reuniones o fiestas se acribillen a jóvenes, en campus universitarios, en las calles, de manera tal que otra vez, ya sólo llevamos la estadística de estas aberraciones, y nos estamos acostumbrando de tal manera que ahora la noticia es cuando eso ya no es noticia…

“Hay que mirarnos a los ojos para reconocernos” para no perdernos, para ser humanos, para a través de esa ventana privilegiada que tenemos coincidamos en el dolor, en el perdón, en el amor y en el ánimo de reconstrucción y en la esperanza para salir avante, para no querer tirar todo por la borda, para no pensar que lo mal hecho es mejor que no hacer nada, para tener el aplomo, la fuerza, el coraje, la dignidad que sólo nos puede dar esa comunión del “yo soy otro tú” en nuestro día a día.

Y, otra vez más, desde lo más profundo de mi corazón y del alma, espero que para los padres, amigos y familiares de estos mis 49 niños llegue la paz, la resignación y el amor suficiente para vivir cada día todos los días.

Licenciada en Derecho por la UNAM y tiene una Maestría en Administración Pública por la Universidad Autónoma de Chiapas. Ha trabajado en diversas instancias gubernamentales y ha sido docente de universidades privadas.