En el mundo actual nos encontramos con todo tipo de paÃses divididos por su localización geográfica, climatologÃa, éxitos deportivos… y como no, por su nivel de riqueza. Es ésta última distinción a la que se da mayor importancia y quizá por ello, existan múltiples preguntas sobre por qué unos estados son ricos, los que menos, y otros son pobres, los que más. La explicación más simple es que un paÃs tiene prosperidad económica por su esfuerzo y trabajo, y viceversa. Pero la realidad nos dice algo diferente. Para responder a lo anterior, veo imprescindible dirigirse al punto de partida: el origen de la riqueza de las naciones.
Comenzando por el concepto de riqueza, cuando ésta es económica, debemos entender que siempre se basa en un componente social. Siempre. Es decir, ninguna persona, grupo de población o estado, se enriquece únicamente en base al esfuerzo y trabajo. Sino también a una realidad imprescindible, que por un lado permita ese esfuerzo y trabajo. Y por otro, lo recompense debidamente.
Un claro ejemplo de lo anterior son las reglas del Comercio Internacional. Un paÃs pobre necesita hacer un esfuerzo mucho mayor para poder exportar, debido a la falta de instituciones y una realidad que lo permita. Es posible que por mucho esfuerzo que realice, nunca llegue a exportar. Pero si lo consigue, los paÃses ricos fiscalizarán su producto de forma abusiva y dificultarán su entrada. Al mismo tiempo, exigen a ese paÃs pobre la filosofÃa contraria: que reduzca sus aranceles para facilitar la entrada de los productos de los paÃses ricos. La explicación más simple es que un paÃs tiene prosperidad económica por su esfuerzo y trabajo, y viceversa. Pero la realidad nos dice algo diferente ¿Quién hace mayor esfuerzo? ¿Quién recibe mayor compensación por el esfuerzo realizado?
Se podrÃan poner muchos otros ejemplos sobre la posibilidad o imposibilidad de un paÃs para esforzarse y además ser compensado por ese esfuerzo. A lo que habrÃa que añadir otra serie de factores determinantes que juegan un papel fundamental a favor de unos y en perjuicio de otros. Tal es el caso de la fuga de cerebros de paÃses pobres hacia los ricos, la mano de obra emigrante que aporta más horas de trabajo a cambio de menos sueldo, la Deuda Externa (como clave para que el paÃs deudor acepte siempre cualquier tratado abusivo con el paÃs acreedor), la injerencia de poderes económicos extranjeros en los procesos polÃticos de los paÃses pobres (para que los resultados de dichos procesos respondan a sus intereses), la apropiación, comercialización y patente por parte de paÃses ricos del conocimiento tradicional de las comunidades originarias de paÃses pobres, la llegada de nuevas y eficaces tecnologÃas (que aumenta todavÃa más la brecha entre los paÃses que las pueden usar y los que no), y un amplio etcétera.
De igual modo, existen otras circunstancias aparentemente positivas desde el mundo rico hacia el pobre, tales como el envÃo de remesas de los emigrantes o la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD). Las remesas enviadas suponen un lucrativo negocio para el paÃs rico desde el que se envÃan, a través de las comisiones abusivas impuestas por las empresas y los propios paÃses. Además, ese dinero es usado en muchas ocasiones para comprar productos o servicios de empresas extranjeras, regresando de nuevo al paÃs de donde salió ese dinero. La AOD, aunque definitivamente es “ayudaâ€, en muchos casos no apunta hacia el origen de la pobreza y está al servicio de los intereses del paÃs donante. Haciendo que el desarrollo humano del paÃs receptor no sea siempre el objetivo final. Tal es el caso de la “ayuda ligadaâ€, es decir, ayuda a cambio de una serie de cláusulas, favorables para el paÃs donante.
¿La riqueza de un paÃs se basa en su esfuerzo? Es cierto que si un paÃs del Norte no se esfuerza, antes o después acabará perdiendo su riqueza. Sin embargo, ¿Lo es que el esfuerzo de un paÃs pobre le hará ser rico en algún momento? ¿Y si nunca llega a tener los mecanismos necesarios para originar esfuerzo y posteriormente recompensarlo? Es en esta cuestión donde tenemos el principal punto de origen de la desigualdad en la riqueza de las naciones. Y es caminando en otra dirección, más igualitaria y más justa, donde podremos encontrar el remedio al gran desequilibrio del mundo actual. No queda otro camino si realmente queremos que nuestro sistema se base en la libertad, y la democracia. Δ
Alfonso Basco. www.culturadesolidaridad.org

























