SIN MAQUILLAJE… POR ETELBERTO CRUZ

Hablar en este sexenio del empleo es un pecado y hasta un sacrilegio, porque el actual presidente de la República, siendo candidato  propuso resolverlo y ya declarado presidente electo y en funciones, ha sido y es una decepción más y hasta una frustración. Así que es necesario hablar del empleo, del desempleo y aun más: es mucho más urgente, resolverlo.

Si bien es cierto no existen cifras exactas  del desempleo, por las razones que sean, método usado, definición de los conceptos de empleo y desempleo, lo cierto y grave es que se ve y hasta circula una cantidad y un calificativo: 8 millones de jóvenes mexicanos NI estudian NI trabajan. Son los llamados NINIS.

Según datos del INEGI la desocupación juvenil en nuestro país  se elevó al 9.55% en el cuarto trimestre del 2010, mientras que la tasa nacional de desempleo de la Población Económicamente Activa subió a 5.36% – en números relativos casi 3 millones de mexicanos en edad productiva y con responsabilidades carecen de trabajo –. Igualmente estima que de las más de 12 millones de personas que se emplean en el sector informal, una tercera parte – 4 millones – son jóvenes.

Y la Confederación Nacional Campesina afirma que la actual generación está perdida: son mínimas las expectativas para que nuestra juventud. Se pueda desarrollar y, por lo tanto ni vislumbra un buen futuro y si esto no es corregido tendrá un efecto dominó en las que vienen. La terrible realidad muestra que 44% de los individuos de 12 a 29 años son pobres; son casi 20 millones de mujeres y hombres, de los cuales el 60% viven en el campo. Unos jóvenes sin buenas expectativas de vida son piezas fáciles de delincuentes y del crimen organizado, utilizándolos como carne de cañón para cometer fechorías o bien deciden emigrar a los Estados Unidos y Canadá, como jornaleros e indocumentados. La solución no es que los jóvenes profesionistas o bachilleres sean policías, como lo pretende el aun secretario de seguridad pública, Genaro García Luna.

Y la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos señala que aun cuando el desempleo juvenil suele ser pronunciado durante las recesiones, esta ocasión es mucho mayor, por lo que pide y solicita “acelerar los subsidios para emplear a los jóvenes; pero bien diseñados, porque  como los del Primer Empleo, estuvieron mal diseñados y mucho más mal aplicados  y no han funcionado porque los jóvenes registran movilidad al tratar de encontrar un trabajo acorde a sus necesidades y esa medida no promueve la creación de plazas laborales, pues los empresarios siguen cubriendo sus vacantes, pero sin tener un beneficio claro, ni el joven ni el patrón”.

El desempleo juvenil tiende  a ser elevado en las economías con mercados laborales con fuerte protección a los trabajadores experimentados – lo que es natural, lógico -,  y no tienen, no hay, suficientes programas de formación vocacional y para aprendices. Lo que el país requiere  es un sistema de empleo que trate de reducir la movilidad de los jóvenes y emparejar los planes educativos al requerimiento de las empresas, a fin de evitar la inclusión de los jóvenes en el mercado informal y que, además, las empresas, no únicamente el Estado, inviertan en la formación, actualización,  capacitación y superación profesional de los trabajadores.