Por Etelberto Cruz Loeza

Por las razones que sean, nuestro país perdió la autosuficiencia alimentaria: aquel famoso cuerno de la abundancia se terminó y nos quedó nada más el cuerno y esta situación de dependencia alimenticia nacional parece no preocuparle a nadie, salvo a los pequeños agroproductores, que son la inmensa mayoría de los hombres del campo nacional, porque ahora, por las razones 1que sean – del TLC, de los mil y un tratados comerciales que tiene nuestro país con tantos y tantos países del mundo o por los acuerdos de comercio o por la razón que sea – es hecho es que resulta más productivos en términos de dinero, de ganancia o de utilidad y sobrevivencia, importar que producir.

Y esta nueva – bueno, ya no tan nueva, correlación de valores económicos, dieron al traste con nuestra autonomía alimenticia y ya dependemos en un 50% de las importaciones de carnes, lácteos, granos y grasas.

Y lo más curioso y grave es que a nadie parece importarle esto, que es una creciente crisis de sobrevivencia nacional.

Según el relator especial para el Derecho a los Alimentos de la ONU, Oliver de Shutter, México, en menos de 20 años, podría depender en un 80% de las importaciones de alimentos, de continuar en el modelo de políticas públicas que hasta el momento ha seguido. El hambre no espera. Es preocupante la dependencia alimentaria del país, pues se calcula que requiere importar el 50% de los comestibles que abastecen su mercado, lo que representa un gasto multimillonario en dólares – y que es una cuestión estratégica de sobrevivencia y autonomía soberana como nación -. En los próximos años continuará la volatilidad en los precios de los alimentos, en gran parte por los factores climáticos y el alza del precio internacional del petróleo.

De 1997 a 2005, nuestro país incrementó considerablemente las importaciones de granos: De soya, en un 159%; de carne de puerco, en 707%; de maíz, en 430% y continuará con ese ritmo en los próximos años. Y en ese mismo periodo, los agroproductores han perdido billones de dólares al año, siendo los más afectados los pequeños productores de subsistencia, razón por la cual prefieren irse a los Estados Unidos y trabajar allá de lo que haya y pueda ser o irse a las ciudades y tratar de sobrevivir de otra cosa, menos del campo y estas son razones de su despoblamiento, envejecimiento y poca producción.

Señaló, por otro lado, que el alza de los precios en productos como las tortillas se debe a que un grupo pequeño de compañías poderosas, entre estas MASECA Y CARGILL, dominan el mercado y los sistemas de producción y comercialización, utilizando su poder en el mercado para imponer precios altos. Y esta práctica monopólica está prohibida, pero ¿A quién le importa detenerla?

Se requiere un cambio en las políticas públicas, ya que los programas como Ingreso Objetivo y Procampo, lejos de reducir las desigualdades, la provocan permitiendo que los grandes productores del norte sean beneficiados, por lo que no queda claro qué es lo que ha hecho el gobierno para ayudar a los campesinos más pobres.