Cuando de niños y videojuegos se trata podemos pensar en muchas cosas a la vez: desde el mero entretenimiento hasta las adicciones, pasando por la violencia y el aislamiento. Sin embargo no todo es negativo, mucho menos con la tecnología que se ha desarrollado, que no sólo permite moverte para jugar, sino también convivir con tu familia.

Cuando de niños y videojuegos se trata podemos pensar en muchas cosas a la vez: desde el mero entretenimiento hasta las adicciones, pasando por la violencia y el aislamiento. Sin embargo no todo es negativo o banal, mucho menos con toda la tecnología desarrollada que no sólo te deja mover para jugar, sino realmente permite convivir con tu familia mientras lo haces.

Si lo vemos desde el punto de vista negativo, podemos encontrar innumerables estudios que aseguran que los videojuegos pueden llegar a ser una adicción por la dependencia que pueden generar en una persona, ser responsables por la violencia en los jóvenes o generar problemas en la salud de los mismos. Sin contar los diferentes datos que puedes encontrar en la web como que en Estados Unidos el 8.5 por ciento de los jugadores jóvenes exhiben señales de adicción a los videojuegos o que en Guanajuato ocho de cada 10 menores padecen este mal, o que incluso en Europa existen clínicas para tratar este problema.

Si lo vemos desde el punto de vista positivo, existen otra gran cantidad de artículos que destacan los beneficios que los videojuegos pueden traer consigo: como que estimulan la capacidad de resolución de problemas, ayudan a curar fobias, al desarrollo de habilidades como la coordinación, los reflejos, la destreza manual y la capacidad visual o incluso que ayudan a mantener activo el cerebro en la tercera edad.

Así, podríamos encontrarnos con diversos pros y contras al respecto. El último estudio fue realizado por los psicólogos Mark Griffiths y Angelica B. Ortiz de la Universidad Nottingham Trent, de Alemania y Karin Aronsson de la Universidad de Estocolmo en Suecia y trata sobre el fenómeno de transferencia del juego, en donde se explica que el jugador puede mezclar la dimensión de los videojuegos con la realidad, es decir, ver cosas pertenecientes a los videojuegos reflejadas en la vida real.

Pero a pesar de que es un estudio interesante y que se realizó con suficiente investigación para llevarlo acabo, los psicólogos aseguran que los resultados no son concluyentes, que las investigaciones apenas comienzan y por consiguiente no se está sugiriendo que los videojuegos sean dañinos o que los padres de familia deban alarmarse.

Si quieres ver un ejemplo más cercano de este fenómeno, no dejes de ver nuestro corto “Mi vida en juego”, en donde contamos la historia de César, todo un “gamer”, que ve su vida como un videojuego, cuestión que le impide relacionarse con otros, por lo que deberá tomar el control para luchar por lo que quiere.

Al final de cuentas, más allá de preocuparnos por lo que un videojuego podría llegar a causar en ciertas personas, deberíamos preocuparnos, como en cualquier adicción, por tener las herramientas para protegernos de ellos y con esto no me refiero a que se deje de jugar sino enfocarnos en la educación y en la formación que damos a los pequeños, para que ellos mismos tengan las armas para defenderse.

Así como con la televisión, se deben poner ciertos límites de horarios, acompañarlos mientras juegan, guiarlos, no censurarlos porque si no es en la casa, en cualquier otro lugar estarán expuestos a juegos violentos o que no son aptos para su edad, estos y otros consejos puedes escucharlos en el podcast “Papá, ¿juegas?” con David Ochoa, experto en tecnología y padre de familia. Por ello, al final, aprendamos a usar los videojuegos a nuestro favor, como una herramienta de unión familiar, como sano entretenimiento, porque después de todo, en nosotros está tener el control.