Se cumplió una semana desde que inició el operativo “Conago 1â€. En sÃ, es un operativo nacional donde las policÃas de las entidades federativas trabajaron para combatir los delitos de “alto impacto socialâ€: secuestro, robo de vehÃculos, autopartes, entre otros.
La acción de gobierno tiene que ser analizada en razón de la pertinencia, eficacia y eficiencia, de la que podremos hablar en otra entrega una vez que la Conago dé a conocer los resultados de esta acción que, sorprendentemente, sólo duró una semana.
Una primera reflexión va de la mano con la innovación institucional que representa esta acción. Si bien los delitos que se combaten son de la competencia exclusiva de los estados, una acción nacional que no es novedosa en el marco de la inseguridad pública. Basta recordar en 2005 la acción denominada “México Seguroâ€, que involucró a las agencias federales que participaban en el sexenio de Vicente Fox en el combate a la delincuencia organizada.
Los resultados de “México Seguro†nunca fueron claros y no permitieron una interpretación de los beneficios que implicó, desde mi personal punto de vista, un patrullaje de la frontera norte del paÃs, que se oponÃa abiertamente al marco constitucional y que habrÃa de reforzarse desproporcionadamente en el presente sexenio, con la participación irrestricta del Ejército en tareas de seguridad.
La segunda reflexión que motiva “Conago 1†es el carácter innovativo de las prácticas que se implementan. Nada que no se esté haciendo ya desde hace varios años en el paÃs, sólo que con la legitimidad que da el acuerdo nacional de la cúpula gobernante: retenes, revisiones aleatorias, e inspecciones a establecimientos. Desde hace años encontramos el argumento que verle lo inconstitucional a este tipo de prácticas es un hecho romántico e inútil; sin embargo, es algo que no puede dejar de hacerse. Fueron y son inconstitucionales los retenes, punto. Además, se incluyen elementos delicados que marcan el terror penal. Un ejemplo de ello es que como “indicio†delictivo se consideran los vidrios polarizados de los automóviles.
Es de llamar la atención que en este momento no sólo el gobierno federal apueste a la suerte. Se planea ofrecer a la ciudadanÃa un resultado en materia de seguridad derivado de la casualidad de aprehender a presuntos delincuentes en flagrancia. Quedaron a un lado las labores de inteligencia, la investigación policial cientÃfica como medio para recuperar la sensación de seguridad. Se apostó a un modelo donde la delincuencia sabe de antemano lo que se está haciendo y que la actividad estatal sólo representa exponenciar lo que se viene ejecutando en el plano federal. Es por ello que la polÃtica no impactará en las causas, sólo en los resultados.
Una tercera dimensión del tema representa el hecho que la mediatización del operativo “Conago 1†es más un acto de propaganda que de acción seria. Aunado al hecho de que se vive una profunda crisis institucional en el tema de seguridad desde hace más de cuatro años, no podemos olvidar que la mirada del mundo esta puesta en el paÃs en razón de dos acontecimientos deportivos: un mundial juvenil de fútbol y los Juegos Panamericanos. Hay que brindar la percepción que se está haciendo algo y que se está logrando algo.
La coordinación entre las instancias de gobierno es uno de los grandes vacÃos que tiene el tema de seguridad en nuestro paÃs. Ciertamente debemos pensar que ello no deberÃa ser visto como un logro de acuerdos entre las diversas fuerzas polÃticas que gobiernan, sino como una obligación permanente de las entidades. Queda pendiente el tema de la regionalización de las estrategias de seguridad; no afectan los mismos delitos a las entidades del sur que las del norte o del centro del paÃs. La Delincuencia Organizada entendió desde hace mucho tiempo el carácter regional de sus operaciones y los gobernantes se han resistido a actuar en consecuencia.
Quiero pensar que aunque esta acción no traerá consigo grandes logros en seguridad, sà es el primer paso del desprendimiento de intereses polÃticos en las acciones de gobierno. La politización de la seguridad es un verdadero cáncer del que ciudadanos y gobernantes debemos olvidarnos lo antes posible para alcanzar logros significativos en el tema.

























