Después de la inútil entrega de un escapulario y del arrepentimiento de Felipe por no haber iniciado antes su guerra, en México las cosas siguen, en lo económico, en lo polÃtico y en lo moral, de mal en peor. Las muertes y los descabezados no terminan; siguen los acosos, las extorciones y los hallazgos de entierros múltiples; la población en lo general, desesperada por la incompetencia del general de cinco estrellas, pero ya ni nos asombramos de todo lo anterior.
Lo enunciado me lleva a recordar a Carlos Montemayor, quien nos advertÃa y afirmaba que los movimientos armados que brotaban principalmente del sector campesino a finales del siglo pasado, no eran el inicio de la guerra sino el resultado del estado de violencia institucional impuesto por la alta corrupción gubernamental que, agrego yo, ha permeado todos los estratos de la sociedad en lo general.
De ninguna manera Montemayor era una voz aislada en el desierto; otros intelectuales, como Carlos Fazio, afirmaban que la perdida de memoria de los pueblos provocaba que nunca terminarÃan por cerrar sus crisis internas. Por eso los mexicanos estamos como estamos o vivimos como vivimos, pues con mucha frecuencia olvidamos lo que pasó en el ayer inmediato y al no tener los recuerdos en la memoria pretendemos no conocer el que origen de la causa o la causa de lo ocurrido es la esencia de las cosas y mientras se prescinda de lo anterior, no podremos explicar y dar soluciones a los problemas que se nos presentan.
Repetir nuestras estupideces nos está llevando a la destrucción y por eso las dos premisas de tan estimados personajes son válidas y están presentes en los terribles momentos que vivimos.Â
Han pasado los años y abiertas están todavÃa las heridas causadas por el gran rescate de los banqueros a costa de los cientos de miles de ahorradores en todo el paÃs. DeberÃamos recordar que precisamente el FOBAPROA (Fondo Bancario para la Protección de los Ahorros) no se utilizó para los fines considerados cuando fue creado, sino para pagar con creces la deshonestidad y despilfarro de los grandes banqueros, perjudicando asà a miles de ahorradores y solicitantes de préstamos pequeños, que fueron aniquilados por un sistema violatorio tanto de los derechos humanos como de los mismos principios que supuestamente rigen la vida constitucional nuestro paÃs. ¿Quién no recuerda el famoso anatocismo que significó cargar a la mayorÃa intereses sobre intereses.
Pasados los años ya no recordamos a los famosos banqueros Isidoro RodrÃguez y Eduardo Lankenau; el primero conocido con el mote de El Divino, quien defraudara a su propio Banco “BanpaÃs†con la suma de 400 millones de dólares y, el segundo, por el fraude a†Banca ConfÃaâ€, por el orden de los 3,144 millones de pesos.
Se nos olvidó que ambos banqueros, EL Divino y Lankenau, aportaron una gran parte de los enormes recursos económicos gastados en la campaña de Ernesto Zedillo a la Presidencia de la República. Poca antes se habÃa olvidado -o a pesar tal vez del recuerdo- del cómo llegó este gris personaje a ocupar el sitial de primer mandatario. El expresidente del Grupo Ãbaco, fue encarcelado en 1997 por fraude cometido a la institución financiera que representaba.
En el área de la polÃtica, en el olvido de los militantes partidistas está su origen polÃtico; ya no se recuerda el por qué de la fundación de sus institutos y por eso se insiste en la repetición de los errores, de los atracos, de los despojos electorales y del gran daño que causa a la nación el estar gobernados por impostores.
Repetimos sin cesar, ahora los modernistas del idioma dicen, equivocadamente “replicamos†los vicios de los viejos y dorados tiempos del priismo: robando urnas, comprando votos. Hoy, algunos piensan que México es todavÃa el imperio de Maximiliano y, sus gobernantes, van y se hincan ante obispos, arzobispos o papas y como si no fuese ficticio el Imperio, usan los recursos de la ¿República? tratando de imponer princesa de chocolate en Michoacán. Los militantes del PRI, estoy cierto, ni se acuerdan de las relaciones que la familia De Gortari tuvieron con el crimen organizado y protegido desde las altas esferas presidenciales. Los del PRD nos olvidamos del porqué huimos del PRI.
Somos toda una sociedad sin memoria y las lecciones de nuestra corta historia no las recordamos. Pero no somos los únicos y en todas partes repetimos en forma constante acciones que nos alejan de los principios. Calderón, obsesionado por su guerra, seguramente que piensa que eliminando o rompiendo con la organización de las diferentes bandas criminales acabará con el estado de zozobra que reina en el paÃs; nada más falsa su teorÃa que no terminará con la inestabilidad social, pues el origen del problema está en la pérdida de los principios que dieron origen precisamente a los gobiernos emanados de la Revolución y en la gran corrupción impuesta por gobernantes que han sumido en la pobreza a grandes masas de la población mexicana.

























