Se diga lo que se diga, luego del encuentro del señor Felipe Calderón y el poeta Javier Sicilia en el Castillo de Chapultepec, fue Javier y su movimiento por la paz los que lograron que Calderón se sentara a escuchar las voces de algunos deudos que reclaman justicia luego de que la estrategia en contra de los criminales y los narcotraficantes emprendida en esta administración federal, les ha arrebatado la vida a familiares y amigos.

Al poeta Sicilia se le critica por haber claudicado y acordar el diálogo en el recinto del Castillo de Chapultepec a donde dijo no acudiría, el que no haya subido el tono de voz en cada una de sus participaciones, el chascarrillo del cigarro –que por cierto dejó a Calderón en principio desconcertado— y más que la entrega del escapulario a su interlocutor, el abrazo del que muy rápido se zafó el propio Calderón.

Pero lo que el poeta Javier Sicilia emprendió a unas horas de que su hijo Juan Francisco fuera asesinado el 28 de marzo en Cuernavaca, Morelos, no puede ser tomado de otra manera más que como una lección para millones de mexicanos que mucho nos quejamos pero que poco hacemos por ser escuchados, ya no digamos por intentar el cambio de los diferentes asuntos turbios que se suceden en nuestro México.

No dejemos pasar la oportunidad de lo que Sicilia emprendió y que no es otra cosa que una participación real y sustancial de los gobernados con quienes nos gobiernan y administran. Si el poeta decide darle otro tinte a su movimiento y reclamo, eso es cosa de él. Pero los más, debemos aprovechar el quiebre.

Por el momento, en las urnas podemos manifestarnos sobre lo que realmente pensamos de los institutos políticos y la conformación y desempeño de las instituciones gubernamentales que de éstos se derivan.

No pretendo hacer un llamado al abstencionismo electoral, sino todo lo contrario, a participar.

No tengamos miedo de ser señalados por nuestras ideas y preferencias políticas y para romper esas inercias, lo primero que hay que hacer, es olvidarnos de aquél mito de que hablar de política y religión siempre termina en discusión.

Qué bien que el Jefe del Ejecutivo,

Calderón y un muy importante activo de la sociedad civil, Javier Sicilia, se sentaron a dialogar e intercambiar sus perspectivas y hasta diferencias. Precisamente eso es lo que debemos practicar cada vez más al seno de nuestro núcleo familiar o círculos de estudio, trabajo o reunión. El verdadero cambio con justicia y equidad para los más, solo puede venir de abajo.

No dejemos pasar la oportunidad.

Acta Divina… Tras el diálogo con el poeta y periodista Javier Sicilia en el Castillo de Chapultepec, el presidente Felipe Calderón envió entre otros tweets al respecto, el siguiente: “A todos nos toca, en distinta medida, construir un país de leyes para que los mexicanos puedan ejercer sus libertades”.