Vive, piensa, opera y se beneficia de y para desde las entrañas mismas del poder fáctico, luego no pueden considerarse incongruentes las declaraciones públicas de Diego Fernández de Ceballos cuando con firmeza afirma: “Siempre he estado en contra de alianzas, y de cambios repentinos y de etiquetas que se pongan o se quitenâ€, refiriéndose a la presunta alianza en construcción entre su partido, el PAN, y el de la “Revolución Democrática†de los chuchos.
Sabe más el diablo por viejo y retorcido que por diablo, luego Fernández de Ceballos conoce de lo que habla y de lo que el mezclar agua y aceite en polÃtica significa, cuando se atraviesa por una profunda crisis del sistema electoral y de partidos en un paÃs que ha perdido el rumbo.
Los extremos se tocan. No es circunstancial que desde la trinchera de enfrente, Andrés Manuel López Obrador, con el mismo talante, coincida con el “Jefe Diegoâ€. Ambos saben lo que está en juego y, cada uno, a su muy peculiar estilo de navegar en las turbulentas aguas de la polÃtica nacional, sopesa el riesgo que se corre tanto para la derecha como para la izquierda, en su caso, con el travestismo polÃtico y un pragmatismo sin lÃmite que desdibuja diferencias ideológicas, valores, principios, y programas en los que deberÃa sustentarse el objetivo sustantivo de todo partido polÃtico de masas, que es la toma del poder.
Con visión de Estado en un horizonte de largo plazo, por sobre lo coyuntural, ambos personajes parecen vislumbrar lo que para el sistema electoral y de partidos polÃticos representan “las alianzas contra naturaâ€, como ha sido dable observar en las últimas elecciones de gobernador en Oaxaca y Guerrero y sus indudables consecuencias para un endeble intento por construir una democracia representativa moderna en nuestro paÃs.
Triunfo pÃrrico el de las alianzas ganadoras. De la contradicción sustantiva se derivan otras no menos graves que restan gobernabilidad y credibilidad, como ya está aconteciendo en Oaxaca o, para no ir muy lejos, con la cooptación por Fidel Herrera Beltrán de las cúpulas partidistas de oposición en Veracruz, generando desconcierto, confusión, incredibilidad y dispersión en el electorado; resultando de tal “alianza de facto†un gabinete de chile de dulce y de manteca en el que cada quien lleva agua a su propio molino; asà como un Congreso local sin disidencia, manifestándose incapaz de operar con autenticidad y legitimidad como representante de la voluntad popular.
El pragmatismo polÃtico tiene lÃmites implÃcitos, en forma y fondo, no contemplados en la legislación electoral vigente ni en la práctica polÃtica ortodoxa. El persistir en transgredirlos nos ha llevado a la inoperancia de las reglas mÃnimas de civilidad del juego electoral operando, paradójicamente, en contra de los mismos que hacen del pragmatismo sin lÃmite el pan de cada dÃa, los partidos polÃticos, que han perdido institucionalidad, credibilidad, vigencia y razón de ser para la incipiente vida democrática de México, arrastrando consigo al sistema electoral en su conjunto,
El categórico mensaje tanto de Fernández de Ceballos como de Andrés Manuel López Obrador, asà como la ausencia de consenso en el Congreso de la Unión para sacar adelante la reforma del Estado, deberÃa considerarse como una voz de alarma; más, cuando el horno no está para bollos, con la “guerra†perdida de Calderón Hinojosa y la nada velada intencionalidad de Carlos Salinas de Gortari de auspiciar un bipartidismo a modo impulsado desde Washington. A lo que habrÃa que sumar el imparable ascenso de la carestÃa y el descenso de la calidad de vida de la mayorÃa de los mexicanos.
Incertidumbre, inseguridad y hambre, son malos consejeros para un pueblo al que se le ha privado de esperanza y expectativas de bienestar y progreso. Observemos lo que está aconteciendo en el mundo globalizado con Egipto, Túnez y gran parte de Europa, teniendo como escenario un renovado efecto dominó en expansión.
La crisis del sistema electoral y de partidos polÃticos en México está tocando fondo. No hay ni ganadores ni perdedores, “sino todo lo contrarioâ€, no echemos en saco roto la advertencia.
Al PAN, lo que es del PAN como expresión de la derecha en el espectro polÃtico y, en contraparte, a la izquierda electoral lo que ideológicamente deberÃan ser sus objetivos en respuesta a las demandas de las mayorÃas. De lo contrario, Carlos Salinas, desde un PRI ecléctico, perturbado, que navega a la deriva entre sus propias contradicciones, terminará por salirse con la suya.
HabrÃa que reflexionar si un bipartidismo neoliberal en México, carente de ética polÃtica y a merced de los intereses de Washington, serÃa la mejor fórmula para avanzar en el marco de la turbulencia de una crisis sistémica globalizada, en la que los pueblos oprimidos ya asumen su papel protagónico.

























