El conflicto estudiantil, y crecientemente social, en la república sudamericana de Chile sigue  en ascenso,  y está creciendo: La Federación de Estudiantes Chilenos obligó a sus autoridades  políticas – encabezados por Salvador Piñero, presidente de la República, además de los secretarios de Hacienda y Educación Pública – a una reunión con ellos para intentar encontrar y operar salidas que sean aceptadas como soluciones por todos: autoridades y estudiantes de secundaria, preparatoria y educación superior – universidades y tecnológicos -.

En esta reunión, realizada el pasado jueves, se avanzó, pero los estudiantes chilenos se encontraron con una cerrazón: sus autoridades afirmaron que EN EDUCACIÓN NO HABRÁ GRATUIDAD y esa posición significa un retroceso en el proceso de solución  de la lucha.

Por partes: Los líderes estudiantiles aceptaron no únicamente  no perder el semestre, sí acudir a los exámenes, sino, también reprogramar el inicio del siguiente.

En Chile la EDUCACIÓN – Básica, Media Superior y Superior – CON  MAYOR COBERTURA Y DE MÁS Y MEJOR CALIDAD, ES LA PRIVADA.

Los adolescentes y jóvenes chilenos que  desean, y están en condiciones de, continuar sus estudios para ser profesionistas y que la educación sirva como estratificador y  distribuidor  social deben obtener beca del Estado y aceptar préstamos de empresas y bancos para pagar sus estudios  y a un alto interés que los obliga a estar unidos a la deuda por muchos años y, prácticamente, trabajar para los prestamistas – Bancarios o privados.

El estado chileno está  arrinconado: su juventud desea seguir estudiando, pero cambiar la correlación de fuerzas: que la educación con mayor cobertura, mejor eficiencia y  más eficiente y  de calidad sea la pública y eso será muy difícil de obtener porque el gobierno está comprometido con el poder económico y la Iglesia, que, muy seguramente, es quien tiene las mejoras instituciones educativas de su sistema educativo nacional; mas el estado chileno, y para ser preciso, el presidente de la República, Salvador Piñera, no tiene más que dos opciones: o acepta flexibilizar el sistema más créditos, que se den más créditos, más blandos y  que el Estado pague la mayor parte de los intereses  y si se puede, que la  educación pública, por lo menos toda la educación Básica, sea gratuita, con mayor cobertura y de mejor calidad o se arriesga a una revuelta social de destino incierto.

Mas lo que sí es cierto es que Salvador Piñera bajó más en su aceptación y credibilidad y confiabilidad sociales: si subió a las nubes con el salvamento de los mineros, con esto bajó   en su calificación  hasta el 3.

Allá ellos, ciertamente, pero nuestro líderes sociales deben poner sus barbas a remojar.

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