En dÃas pasados, como es de muchos sabido, la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) se expresó sobre dos acciones de inconstitucionalidad promovidas en los estados de San Luis Potosà y en Baja California. Ambas encaminadas a buscar que el máximo órgano del Poder Judicial en el paÃs declarara inválidas las reformas constitucionales, en esas entidades federativas, que reconocen el derecho a la vida -y la respectiva tutela- desde el momento de la concepción. Finalmente, en la Corte, no se alcanzaron los votos necesarios para que la petición de los quejosos prosperara y las cosas quedarán tal como están, en este aspecto, en San Luis Potosà y en Baja California, al igual que en otros 16 estados de la república, dónde se han realizado reformas semejantes.
AsÃ, nuevamente se abre la puerta para opinar sobre el tema. Yo quisiera enfocarme a tratar de hacer dos o tres precisiones sobre las ideas que ha generado la inexacta información, que a este respecto, han difundido algunos medios de comunicación incluyendo algún comentario sobre la divergencia de opiniones en este tema, encontradas, entre los 11 ministros de la Corte.
La primera precisión serÃa aclarar que las reformas constitucionales estatales, hechas por cierto en los últimos tres años, consistentes en reconocer expresamente el derecho a la vida desde el momento de la concepción no implican necesariamente la penalización del aborto. De hecho, y ya lo comentamos hace tiempo en este espacio, el Congreso del estado de Chiapas simultáneamente despenalizó el aborto al tiempo que modificaba su Constitución en el sentido expresado lÃneas arriba.
Como extensión de esta importante acotación, aprovecho para dejar asentado que si bien el Partido Acción Nacional ha defendido, contra viento y marea, el que se proteja la vida humana desde el momento de la concepción, asà mismo ha hecho énfasis en la necesidad de conciliar en lo más posible este derecho con el de las mujeres que han tomado, libremente, la decisión de interrumpir su embarazo. A muchos les parece, además de nosotros los panistas, que aquel derecho tiene preeminencia sobre este último y demás derechos humanos. Este fin de semana pasado el presidente nacional del PAN, Gustavo Madero, ha dejado claro que se buscarán reformas a los códigos penales para evitar el encarcelamiento de mujeres que hayan abortado. Me parece que como bien dice el artÃculo 4° de la Convención Americana sobre los Derechos Humanos o Pacto de San José: “toda persona tiene derecho a que se respete su vida. Este derecho estará protegido por la ley y, en general, a partir del momento de la concepciónâ€. AsÃ, este tratado internacional firmado por nuestro paÃs -por tanto nos obliga tanto como nuestra propia Constitución federal, aun con la declaración interpretativa que en su momento hizo México, dadas las recientes reformas federales sobre derechos humanos- reconoce que en general este derecho tendrá vigencia desde el primer momento en que un nuevo ser humano es originado a través de la fecundación.
Segunda precisión. ¿Qué se ha discutido realmente en la SCJN en estos dÃas? Tal como lo ha dicho el ministro Franco Salas, el debate no ha sido si están a favor de la vida o del aborto, tampoco han discutido si se debe penalizar o no. A diferencia de la mayorÃa, algunos ministros, Margarita Luna Ramos por ejemplo, han considerado no tomar como materia la alegada inconstitucionalidad de las reformas impugnadas y han reducido su posición al análisis de las competencias de los Congresos locales, es decir han debatido no sobre la constitucionalidad de los cambios sino sobre la potestad que tienen las legislaturas locales en materia de derechos humanos. Sobre la constitucionalidad o no de las reformas, que representan los estados de SLP y BC, que sà se ha debatido, pues no hay ni consenso ni mayorÃa suficiente para definirlo. Unos ministros dicen en sus resolutivos que dichos cambios son inconstitucionales y otros -a 180° de distancia- sostienen que son totalmente congruentes con lo previsto en la Constitución federal. ¿Cómo puede ser esto?, viendo y teniendo en las manos la misma Constitución, unos ministros dicen que en este caso “es blanca mientras que para otros es negra o quizá grisâ€.
En realidad lo anterior no nos deberÃa sorprender tanto, el derecho por más positivo que sea no es una ciencia exacta. La ley no solo admite sino que requiere de la interpretación, en su más amplio sentido, para su correcta y práctica aplicación. En este sentido es natural que puedan existir diferentes “lecturas†de las normas, influidas tanto por la ideologÃa polÃtica como por la experiencia de cada quien. No quiero abundar en comentarios que se pueden desprender de estas observaciones, pero no cabe duda que en algunos casos, en eso de los intereses, la ley si no da para mucho si da para bastante.
No creo que este tipo de indefiniciones las resuelva la mera democracia, como podrÃa ser la participación ciudadana a través de un referéndum o de una consulta popular, que por cierto le encanta invocar a ciertos partidos polÃticos, quienes en ocasiones como esta más bien se abstienen, porque conocen los números: las encuestas más amplias y recientes (2008) señalaban que el 62% de los hombres y el 66% de las mujeres en México estaban en contra de la práctica del aborto. Los derechos humanos -como lo dice la ética- son inherentes, es decir no se otorgan sino que son reconocidos y por lo tanto no son sujetos de aprobaciones mayoritarias. Â
Vayamos cerrando esta participación. La ley no nos dice qué es bueno y qué es malo, simplemente hace notar lo que es consentido por el Estado y aquello que este considera inaceptable, aquello compete en la teorÃa a la ética y en la práctica a la moral. Estas son intransferibles, son solo nuestras y de nadie más.
No esperemos que la ley y los ministros nos resuelvan definitivamente este tipo de cuestiones, lo cual no quiere decir que nos sea indiferente lo que dicen los legisladores o los jueces, ¡por supuesto que no! hay que estar pendientes de su actuar y recordarles que no se mandan solos, finalmente son nuestros mandatarios y representantes. En estos menesteres es preciso abrir el corazón y la mente a un verdadero humanismo, donde la persona desde el inicio de su existencia posee una dignidad que debe ser respetada. En la siguiente entrega me ocuparé de tratar porqué esto corresponde a la concepción y no a momentos posteriores, tal como pregonan y pretenden confundir por ahÃ, incluidos algunos cientÃficos animados por ideologÃas de corte comunista.
Â
Por Francisco Morelos Borja

























