La reducción de la pobreza y la desigualdad en México han sido prácticamente nulas en las últimas décadas; de hecho, el número absoluto de pobres ha crecido sustantivamente a partir de 1950, hay enormes desigualdades regionales y la polÃtica económica no ha sido capaz de revertir los déficits estructurales que impiden un crecimiento equitativo y sostenido. No hay duda de que México tiene una gran deuda social.
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1. En México, en la actualidad, con una poÂblación total de más de 112 millones de haÂbitantes, sólo 21.8 millones no son pobres y no corren el riesgo de serlo porque gozan de la satisfacción de todos sus derechos, inÂcluido el ingreso digno. Son pobres o vulÂnerables las personas que tienen al menos una carencia social y un ingreso menor a la lÃnea de bienestar. Según la cifras de ConÂsejo Nacional de Evaluación de la PolÃtica de Desarrollo Social (CONEVAL), más de 40 millones se encuentran en situación de pobreza moderada; otros 11.7 millones adicionales en pobreza extrema; 6 milloÂnes 500 mil personas son vulnerables por ingreso –es decir, no tienen carencias soÂciales, pero sà un ingreso inferior al valor de la lÃnea de bienestar-, y más de 32 millones son vulnerables por carencia -tienen al meÂnos una carencia aun cuando su ingreso es mayor a la lÃnea de bienestar-.
2. En los últimos cincuenta años, los pobres en México han crecido en térmiÂnos absolutos y, en relación con el total de la población, no ha habido mucho cambio. En 1968 eran 27.2 millones de personas, o sea 60% de la población total del paÃs. Para 1981, se habÃan reducido a 20.7 millones, 29% del total. En 1984 creció el número de pobres y llegaron a 45.7 millones, 60% de la población y en 2010 son más de 50 miÂllones, 52% del total de la población.
3. La pobreza multidimensional consiÂdera el ingreso de las personas y, además, la carencia de acceso a seis derechos sociales (con el mismo valor y peso cada uno).
4. Del total de la población en México, el 52% dispone de ingresos mensuales por persona inferiores a la lÃnea de bienestar (2,144 pesos en las áreas urbanas y 1,329 pesos en las rurales). En algunas de las enÂtidades federativas del paÃs, la población que se encuentra en esta situación es de más de dos terceras partes del total de la población de la entidad: por ejemplo, de cerca de 81% en Chiapas (I).
5. Cerca de una de cada cinco persoÂnas en el paÃs tiene ingresos menores a la lÃnea de bienestar mÃnimo (978 pesos en las áreas urbanas y 684 pesos en las ruraÂles) (II). En algunas entidades federativas, la población que se encuentra en esta siÂtuación es mayor a un tercio del total de su población, llegando a más de la mitad en Chiapas.
6. Para 2010, de acuerdo con el CONEÂVAL, la situación relativa a la población con ingresos inferiores a las lÃneas de bienÂestar y de bienestar mÃnimo para algunas entidades federativas, es la que se explica en el Cuadro 1.
7. A nivel nacional, en 2010 los porcenÂtajes de la población con carencias (III) son los que se muestran en el Cuadro 2.
8. Los rezagos y las carencias son difeÂrentes en las distintas entidades federaÂtivas: el rezago educativo fue de 9.5% del total de la población en el Distrito Federal, pero fue de 35% del total de la población en Chiapas; la carencia por acceso a los serÂvicios de salud fue de más de 39% en GueÂrrero, Michoacán, Oaxaca y Puebla … y de 17.8% en Colima; la carencia por acceso a la seguridad social fue de más de 70% en Chiapas, Guerrero, Hidalgo, Michoacán, Oaxaca, Puebla, Tabasco, Tlaxcala y VeraÂcruz … y de 34 % en Coahuila; la carencia por calidad y espacio de la vivienda fue de 40% en Guerrero y de 4.4% en Coahuila; la de servicios básicos en la vivienda fue de más de 40 % en Guerrero y Oaxaca … y de 2.8 % en Nuevo León; la carencia por acÂceso a la alimentación fue de más de 30% en Campeche, Chiapas, Guerrero (42.6 %), Estado de México, San Luis PotosÃ, TabasÂco … y de 13.8 % en Tamaulipas.
9. En la pobreza multidimensional se encuentra el 46.2% del total de la poblaÂción de México, o sea 52 millones de perÂsonas, y en pobreza extrema se encuentra 10% del total de la población, cerca de doce millones de personas. Ello es particularÂmente agudo en la población indÃgena del paÃs, donde la pobreza es de 79.3 % en del total de los indios en el paÃs y de 40.2% la pobreza extrema.
10. Es importante resaltar la muy imÂportante cuestión de la alimentación. En la actualidad, 22 millones de personas (casi 20% del total de la población del paÃs) tieÂnen ingresos que no les permiten cubrir sus necesidades alimenticias básicas. Para cubrirlas no sólo hay que tener un ingreso mÃnimo, sino acceder a los alimentos. De acuerdo con un estudio del Instituto NaÂcional de Salud Pública, en el 21 % de las localidades rurales con presencia indÃgena no se expenden frutas y en el 13 % tampoco verduras, pero en el 100 % de ellas se enÂcuentran a la venta grasas, azúcares y bebiÂdas. La desnutrición sigue afectando a más del 30 % de los niños menores de cinco años, que por lo general se encuentran en las familias más pobres del paÃs.
11. México, un paÃs de ingreso medio alto -según el Banco Mundial- y una de las primeras economÃas del mundo por su Producto Interno Bruto, pero no es capaz en la actualidad de brindar a uno de cada cinco de sus habitantes un ingreso que les permita comer y una de cada cuatro de las personas en el paÃs sufre carencia en el acÂceso a la alimentación.
12. La pobreza en México está en todas partes. En las zonas urbanas y en las ruraÂles. Los niños y las niñas, los y las jóvenes, los adultos y las personas de la tercera edad la padecen. No puede uno evitar notarla y observarla.
13. La extendida presencia de la pobreÂza y del hambre en México (en algunos siÂtios es más aguda que en otros) sólo se explica por la particularmente desigual distribución del ingreso (IV). Hay desigualÂdad en la distribución del ingreso entre las familias, entre las clases sociales que conÂtribuyen a generarlo, entre las distintas entidades federativas del paÃs y entre cada uno de los municipios que las forman.
14. A pesar de los esfuerzos que se han hecho en el paÃs para disminuir la desigualÂdad y reducir la pobreza (mucho más antes de 1982, que después de ese año), la situaÂción actual es dramática y no puede ser tolerada, mucho menos aceptada. No se puede argumentar, como con frecuencia se escucha, que lo primero que hay que haÂcer es generar riqueza para después, y con el tiempo, por la vÃa del goteo, distribuirÂla. Por el contrario, se debe crecer distriÂbuyendo. Sólo con una mejor distribución del ingreso se puede fortalecer el mercado interno y reducir la pobreza. Ello entraña establecer tan sólo un objetivo de polÃtiÂca: la justicia social, que debe ser el único rasero con el cual todas las polÃticas deben de ser evaluadas. La pregunta para resolver si debe o no adoptarse una polÃtica concreÂta, en lo particular, es si contribuye o no a disminuir la desigualdad en la distribución del ingreso, o si, por el contrario, aumenta la desigualdad y con ello la pobreza.
15. Los programas de combate a la poÂbreza que se están poniendo en práctica en México, por más convenientes, adecuados y bien dotados de recursos que estén (que, desde luego, no es el caso), se enfrentan a un conjunto de polÃticas (económicas y sociales) que, en lugar de combatir la desÂigualdad y la pobreza, en la práctica la estiÂmulan y promueven.
16. Buena parte de las instituciones y los programas de clara orientación social se han articulado a partir del concepto de trabajo subordinado y han tenido un sesÂgo marcadamente urbano. AsÃ, existe una marcada estratificación social en el acceso a los servicios públicos. Subsiste una asoÂciación entre la calidad de los servicios y la posición ocupacional, contribución previa, capacidad de pago o poder de negociación de los grupos que la reciben.
Quienes en México tienen acceso a los servicios de atención a la salud y de seguÂridad social, por ejemplo, se encuentran ante un sistema segmentado y altamente diferenciado de servicio, que va desde cierÂtos trabajadores del sector público y del privado que se benefician de un sistema privado elitista, con contratos y seguros de gastos médicos mayores, hasta el Seguro Popular, pasando por los asegurados por el ISSSTE, por el IMSS, por los que atienden a las fuerzas armadas, a los trabajadores de ciertas actividades (i.e. petróleo), a los empleados bancarios, a los empleados de los gobiernos de muchas de las entidades federativas.
La atención brindada, la calidad de los servicios, los presupuestos de que se dispoÂnen, las caracterÃsticas de las instalaciones y muchas otras cosas más, si son distintas, estimulan la desigualdad. A la desigualÂdad existente entre los diversos sistemas de atención a la salud y la seguridad social, se suma la desigualdad existente dentro de un sistema. No son iguales los servicios y las instalaciones de, por ejemplo, el InstiÂtuto Mexicano del Seguro Social en el DisÂtrito Federal, Nuevo León y el Estado de México y las que existen en las entidades de menor desarrollo relativo, como Guerrero, Oaxaca y Chiapas.
Una situación similar sucede en los programas de vivienda, que también son marcadamente segmentados y desiguaÂles. Para los trabajadores formales, se tieÂne el INFONAVIT y para los que están al servicio del Estado, el FOVISSSTE. Para las fuerzas armadas se cuenta con otro programa y para los empleados bancarios con otro más. Todos ellos, aunque de maÂnera desigual, con la construcción de una vivienda y la dotación de servicios. Y para los pobres, el programa actual del gobierÂno consiste en tan sólo proporcionarles un piso firme, de cemento, en lugar del de tierra que actualmente tienen. El gasto público por alumno en educación básica es mucho menor en las entidades federaÂtivas de menor desarrollo relativo que el de entidades como el Distrito Federal, Estado de México, Nuevo León, Jalisco y otras de mayor desarrollo.
17. Los programas de fomento a la exÂportación descansan en una polÃtica de salarios bajos. Lo que en la práctica se hace es exportar mano de obra, sin que ésta salga del paÃs. Los salarios mÃnimos en términos reales han caÃdo en picada y ahora representan apenas una fracción de lo que en otras épocas eran (el Ãndice en la actualidad es de 26%, del 100% que era en 1982). Algo parecido es el caso de los salarios contractuales (el Ãndice es de 47%,
del 100% de 1982).
18. La polÃtica industrial, que puede estimular el empleo formal y razonableÂmente remunerado, ha brillado por su auÂsencia. Y la polÃtica monetaria, ocupada por completo en mantener cierta estabiliÂdad en los precios, desde tiempo atrás ha dejado de ser instrumento del desarrollo económico y social del paÃs. La polÃtica triÂbutaria favorece el ingreso proveniente de la propiedad de capital sobre el que se deÂriva del empleo. Prácticamente no grava a la población más rica del paÃs.
19. Y la lista es interminable…
20. Habrá que modificar los prograÂmas sociales, moverse hacia la universaÂlización de los servicios. A que todos los mexicanos, por el solo hecho de serlo, e independientemente de su situación laboÂral, cuenten con todos los derechos sociaÂles que la Constitución establece. Que sean exigibles y no tan sólo programáticos.
21. La polÃtica social por sà sola es inÂcapaz de superar la pobreza masiva que caracteriza al paÃs. Hay que estimular el empleo formal.
22. La promoción de un nuevo curso de desarrollo que se proponga como tarea fundamental la equidad en el crecimiento económico lleva necesariamente a replanÂtear, para cambiarlo de raÃz, el modelo de desarrollo puesto en práctica desde hace tres décadas. No fue construido y promoÂvido pensando en la equidad en la distriÂbución del ingreso y en la reducción de la pobreza, sino se apoyó en el funcionamienÂto de los mecanismos del mercado para loÂgrar crecimiento económico y bienestar social, con lo cual no alcanzó: ni lo uno ni lo otro. Muy lejos de ello, entre 1934 y 1981 el PIB por persona creció a un ritmo anual de más de 3.5 % en términos reales. Entre 1982 y 2010, a un ritmo anual de 0.5%. En este último año hay más pobres que en los años previos y, en términos relatiÂvos, los pobres siguen siendo la población mayoritaria.
23. Lograrlo entraña buscar un adeÂcuado equilibrio entre Estado y mercado; recuperar al Estado, para que en la deÂmocracia promueva de manera efectiva el desarrollo con justicia social. Convertir la democracia en mejores resultados ecoÂnómicos y sociales, y no solamente en un mecanismo de transmisión del poder. Es necesaria una polÃtica económica y social integral para transformar la marcha y la diÂrección de la economÃa nacional. Una nueÂva forma de desarrollo que se despliegue en un crecimiento económico acelerado, sostenido, sustentable, con una redistriÂbución social y regional del ingreso y de los frutos de ese crecimiento.
Es necesario un acuerdo colectivo que articule, en función de propósitos bien deÂfinidos, la cooperación de los diferentes acÂtores económicos y sociales, y no se podrá lograr sin el concurso activo y sostenido de la sociedad: de sus organizaciones civiles y laborales, la población rural y sus orgaÂnizaciones, los empresarios, los medios de comunicación social, la academia. Un acuerdo colectivo en el que todos deben poner de su parte, pues implica cambios y sacrificios personales. Sólo asà se tendrá un mercado interno robusto, fortalecido por el bien de todos. Con un mercado interno sólido y en crecimiento, habrá desarrollo económico y social sostenido.•
Notas:
I. Para facilitar la comparación histórica, en la actualidad cerca de 58 millones de personas se encuentran en condiciones de pobreza patrimonial (que es equivalente a la lÃnea de bienestar).
II. SerÃa el equivalente de la pobreza alimentaria, que en la actualidad es mayor a 21 millones de personas.
III. Es importante mencionar que estos Ãndices de cobertura no incluyen consideraciones sobre la calidad del bien o del servicio que se proporciona (i.e., lo que se consigna es si se tiene o no el servicio de salud, de seguridad social, etc. y no la calidad del servicio).
IV. Ver de Carlos Tello el libro, Sobre la desigualdad en México, Fomento Editorial de la UNAM y Facultad de EconomÃa, 2010.
CARLOS TELLO MACÃAS
PolÃtico y economista mexicano, catedrático de la Universidad Nacional Autónoma de México, del Colegio de México, quien ha ofrecido cursos en la Comisión Económica para América Latina y el Caribe y ha sido investigador para el Instituto Nacional de AntropologÃa e Historia.
Es Doctor en EconomÃa por la Universidad de Cambridge, Maestro en EconomÃa en la Universidad de Columbia y Licenciado en Administración de Empresas por la Universidad de Georgetown.
Publicado en la Revista México Social.
Liga: http://mexicosocial.org/secciones/especial/item/372-sobre-la-pobreza-en-m%C3%A9xico-2010.html

























