El pasado fin de semana la Asamblea del Distrito Federal, a propuesta de la fracción que tiene la mayoría natural – y gobernabilidad – en ese órgano legislativo – el Partido de la Revolución Democrática – propuso  la reforma al Contrato Familiar o Epístola de Ocampo, y obtuvo la mayoría necesaria para votarla favorablemente.
A partir de su publicación en su  Gaceta Legislativa entrará en vigor la reforma que establece la posibilidad de firmar contrato matrimonial por dos años, con la opción para renovarlo por más tiempo. Con esta reforma el matrimonio la idea, la estructura del matrimonio y la familia, entran en una carretera hacia el cambio cuyo final es una incógnita.

Si bien es cierto nuestra Epístola de Ocampo tiene más de 150 años de vigencia y hasta ese momento no había sufrido cambio alguno, también es cierto que en la sociedad se han dado o manifestado varias transformaciones indicadoras de la necesidad de cambio, mas con esta reforma literal y legalmente, el matrimonio ya no es para siempre.

En este momento es verdaderamente imposible afirmar que esta reforma es para bien y/o  para mal; lo que sí es cierto es que, a la luz de la realidad no era necesaria, porque si usted desea o necesita  divorciarse, civilizadamente, lo puede  hacer por mutuo consentimiento y listo. Es muy posible que haya en el fondo alguna razón político electoral que generó esta iniciativa, pero eso lo sabremos un poco más adelante.

Curiosamente la Asamblea Legislativa del D. F. ha alcanzado decretos- Bandos  que reforman los conceptos de matrimonio y familia, al legalizar algo que en el silencio existía, los contratos por conveniencia y convivencia entre personas del mismo sexo, con la posibilidad de adoptar hijos o el embarazo por asistencia – que un miembro de la pareja (la mujer) pudiera embarazarse) y han facilitado el divorcio – la separación automática o instantáneo -  y establecido, literal y legalmente, la libertad de la mujer para  ejercer su derecho tomar la decisión de interrumpir la concepción, pero estas reformas simplemente legalizaron y facilitaron – acaso lo más importante – los divorcios, las separaciones.

A excepción del Bando que consolida el derecho de la mujer para decidir sobre su maternidad, que  para muchos es discutible y decisión delictuosa, aunque para otro muchos es indiscutible e indisputable el beneficio para la familia, para la mujer, todos esos bandos- Decretos obedecen a un objetivo electoral.

¿Qué tanto favorecen a la familia mexicana esas decisiones legislativas, en los escenarios de bajísima escolaridad y educación, monumental desempleo, bajos salarios, trabajos sin seguridad social ni prestaciones atractivas y  poquísima cultura? Eso lo sabremos, acaso hasta dentro de dos generaciones; lo que sí es cierto es que  actualmente  estadísticamente, que un matrimonio tiene más del 50% de probabilidades de divorciarse.