En un México confundido y en la vorágine de la política electoral que se procesa nacional y local-mente en algunos estados, se escuchan constantemente los gritos angustiosos de los maestros ausentes de sus aulas, por el temor no a la muerte natural sino a la amenaza de una muerte pro-vocada. Un joven en la costa michoacana, de tan solo 17 años, cae gravemente herido por los disparos de unos soldados que, se dice, se defendieron del mozalbete que les tiraba con una R-15, sin herirlos. Seguro estoy que bien hubieran podido atraparlo si otra fuera la idea, tal como lo hicieron con quien iba acompañando al joven citado.

En el desfile en honor al Siervo de la Nación, desde un día antes y como ya viene siendo lamenta-ble costumbre dada las condiciones actuales del país, en varias cabeceras municipales, soldados y policías (más de 1200 soldados en Morelia) armados, alertas, vigilantes, se concentraban en el centro de la ciudad, a efecto de evitar cualquier desaguisado; los policías no tuvieron que trasla-darse desde puntos lejanos pues su “cuartel” lo tienen en el centro de la población(Uruapan, Lázaro Cárdenas, etc.) como buscando protegerse de los carteles con los propios ciudadanos.

 

Desde el Norte del país, más allá de nuestra frontera, en un estado de la Unión Americana arrebatado a México en siglos pasados, un candidato en campaña en pos de la presidencia de Los Espantados Unidos nos amenaza con mandar marines, si gana las elecciones, “para matar los carteles de las drogas y mantenerlos lejos de nuestras fronteras”, sin pensar o analizar que tal vez matándolos, no obtendrán ni erradicarán, tan de fácil manera las drogas que tanto les gustan y por lo tanto, tanto consumen. En todas partes pues, se oyen los gritos de ¡Viva la Muerte! ¡Muera la Inteligencia! de Millán Astray.

En nuestro país se sigue escuchando ese grito destemplado y lleno de odio que Millán prorrumpiera en el paraninfo de la universidad de Salamanca, e hiciera que el poeta Miguel de Unamuno, Rector de la misma, fuese prácticamente condenado a muerte debido a su idiotez del general franquista. Éste había llegado e interrumpía abruptamente, escoltado por soldados -ahora serían estudiantes contratados como  policías- armados con metralletas y al grito destemplado, Unamuno se levantó para contestar aterrado por el cariz que estaba tomando aquella guerra civil, debida a una enfermedad mental colectiva, indicando:
“Se ha hablado aquí de guerra…. Yo mismo lo hice otras veces. Pero, no, la nuestra es solo una guerra incivil… Vencer no es convencer y hay que convencer, sobre todo, y no puede convencer el odio que no deja lugar para la compasión… Se ha hablado también de catalanes y vascos, llamándolos anti-España. Pues bien, con la misma razón pueden ellos decir otro tanto. Y aquí está el señor obispo, catalán, para enseñaros la doctrina cristiana que no queréis conocer, y yo, que soy vasco, llevo toda mi vida enseñándoos la lengua española, que no sabéis…”

Fue precisamente en esos momentos en que se oyó en todo el mundo, la voz estentórea, estrepitosa de Astray  gritando “¡Viva la Muerte! ¡Muera la Inteligencia!… Cataluña y el País Vasco, el País Vasco y Cataluña, son dos cánceres en el cuerpo de la nación! ¡El fascismo, remedio de España, viene a exterminarlos, cortando en la carne viva y sana como un frío bisturí!”
Por eso a las amenazas de muerte a los maestros, a la continuación de las masacres realizadas en todas partes, tenemos que seguir indicando que el camino escogido está equivocado y tenemos que seguir escribiendo y gritando de tal manera que no se puedan acallar nuestras exigencias. Gritar es la consigna para poder terminar con la corrupción y la desviación de los Astray; para po-der recuperar los trozos que van quedando de nuestro ensangrentado país con esta guerra estúpida  que nos está quitando el tesoro más grande que es el capital humano de los tantos muertos, jóvenes y viejos,  tenidos…, por eso  no dejemos que  la cultura, la elocuencia y la creatividad sean reemplazadas por el militarismo, la propaganda y la muerte.
Para México es importante  que nuestras voces de terminar con la guerra que  se niega existan, sean escuchadas; no queremos un México mutilado, como le decía don Miguel de Unamuno al insolente idiota de Astray. Los responsables de gobernarnos, no buscan el cómo retrasar el cami-no por el que cada uno de nosotros transitará indiscutiblemente. ¡No! ¡no buscan las causas que originan los crímenes arteros¡ ¡no buscan las alternativas para que los maestro eduquen eficientemente ni para que los recursos económicos en el sistema educativo no se pierdan en tanta tranza¡. Lo que les importa a los improvisados en el gobierno que encabezan y en el que aspiran a representar es matar a los carteles. Por eso no es extraño que muchos supongamos que  “los mata zetas aparecidos en internet y en las noticias sean ellos mismos”.
Por eso, la voz de  la inteligencia es la voz del repudio a los malos gobiernos; es la voz de la incon-formidad, de la desesperanza, de la inquietud, de la preocupación; es  la voz de la juventud, la voz de todos…, que se opone a tanto comprar y comprar pólvora para crear infiernos en cada uno de nuestros municipios.