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“Yo soy yo y mi circunstancia y si no la salvo a ella no me salvo yo” José Ortega y Gasset.


A propósito del lamentable fallecimiento del genio revolucionario de la tecnología, Steve Jobs, surgieron algunos cuestionamientos y mofas –principalmente en Twitter- acerca de que si Jobs hubiese nacido y vivido en cualquier país de Latinoamérica nunca habría desarrollado la visión y potencial que lo caracterizó.  Generalmente mi diagnóstico no es tan pesimista en ese sentido, suelo pensar que hay muchos genios, hombres y mujeres latinoamericanos con la capacidad de cambiar el mundo con talento, creatividad e innovación.


Ahora bien, la realidad que no es aquella que está expresada en buenos deseos, es la que vive con nosotros y la que determina cada instante. Una realidad innegable donde la desigualdad es el nudo de nuestro proyecto y es lo que nos distancia culturalmente de los demás. La cuestión va más allá, incluso tristemente vivimos en una región donde el color de nuestra piel, el género, el lugar de nacimiento, o el ingreso de nuestros padres, son factores que determinan en mayor o menor medida la construcción de un futuro próspero.

De acuerdo con el Índice de Oportunidades Humanas (IOH) 2010 del Banco Mundial (BM), tales circunstancias personales sobre las que nadie tiene incidencia ni responsabilidad, impactan en la probabilidad de que un niño nunca acceda a los servicios necesarios para ser exitoso en la vida, condiciones mínimas como agua potable, piso de concreto, electricidad o la oportunidad de que un doctor certificado asista el parto de una mujer, marcan la diferencia elemental.

El instrumento de medición del Banco Mundial concentra las estadísticas en siete circunstancias personales: educación de los padres, ingreso familiar, número de hermanos, género, presencia de los padres, género del jefe del hogar, y lugar de residencia.  A decir del BM, México es uno de los países latinoamericanos que más ha avanzado en los últimos 15 años en ampliar las oportunidades humanas, sin embargo, está muy lejos de países desarrollados. Dificultades paralelas nos entorpecen el día a día, y el desafío no consiste en una redistribución del ingreso per se sino en proveer a todos los ciudadanos igualdad de oportunidades, no de resultados, en una palabra: equidad.

Reflexionando desde Latinoamérica -la región más desigual del planeta- , y en el contexto de las serias movilizaciones sociales que han brotado en diversas ciudades del mundo, me atrevo a pensar que el tema de la creciente desigualdad será sin lugar a dudas el eje central de las políticas públicas en casi todos los países. Las causas tentativas son muchas según la OECD: la globalización, el cambio tecnológico que privilegia ciertas habilidades técnicas, las condiciones y normatividad laborales, etc.  Las estrategias y propuestas están relacionadas con los diferentes modelos de desarrollo que existen en cada país.
Por el momento, el movimiento #OccupyWallStreet ha puesto el foco de atención sobre la creciente desigualdad en Estados Unidos, encendiendo los ánimos y cambiando poco a poco el paradigma de pensamiento acerca de la dinámica entre ricos y pobres.
En México y Latinoamérica desde los cimientos ideológicos de nuestros países tenemos una deuda histórica con el tema, la desigualdad siempre estuvo y estará en la agenda tal cual quedó plasmado en “Los Sentimientos de la Nación”  de José María Morelos y Pavón, documento de 1813 que desde ese entonces se pronunciaba por la igualdad socio–económica mediante la moderación de la opulencia y la indigencia, objetivo latinoamericano que se encuentra más latente que nunca.  
Publicado en la Revista Gurú Político (http://www.gurupolitico.com)  y reproducido con la autorización de su Director.
Licenciatura en Comunicación Social, Universidad Autónoma Metropolitana. Máster en Planificación y Gestión Procesos Comunicacionales, Universidad Nacional de la Plata, Buenos Aires, Argentina (en curso). [email protected] Twitter: @borjaxime Blog: casapolitica.blogspot.com