La noche del viernes 14 del presente mes en la Perla Tapatía fueron inaugurados por el presidente de la República y las autoridades deportivas latinoamericanas los XVI Juegos Deportivos Panamericanos; el acto fue espectacular, faustuoso porque de eso se trataba: ofrecer un espectáculo por la televisión y a través de los medios electrónicos e impresos; realmente fue algo fabuloso, para recordarse, aunque claro, nunca se queda bien con todos, y las interrogantes surgen:  ¿Por  qué  el  blanco  del traje y las corbatas azul pálido, acaso por ser los colores del partido gobernante?         ¿Por   qué   la   estilización ¿excesiva? de los símbolos de las especialidades deportivas?  Esa noche muchos no pudieron dormir pues era el momento de las ilusiones y el umbral de la realidad.    Al día siguiente, sábado y estos días iniciales mostraron e irán enseñando la realidad: muchos de nuestros deportistas son ídolos, dioses y figuras de barro, de tinta, de saliva: Blof.

Es una lamentable realidad que a casi todos los deportistas mexicanos – salvo excepciones de a libra –   les  caracterice el síndrome, el complejo de Moctezuma Xocoyotzin: darse por vencido, no tener espíritu combativo, actitud  de triunfador.  A esos mexicanos enanos que tiene miedo a triunfar, que carecen de la sed de victoria los seleccionaron por razones extradeportivas o ¿será que en nuestro país no existen individuos con sed de victoria? Es sumamente lamentable ver el poco espíritu  combativo, el carácter derrotista …el complejo de inferioridad, el miedo a la victoria, la falta de hambre de triunfo.

 

Si bien es cierto todos los deportistas participantes también tienen la posibilidad de la victoria y pueden ganar, también es cierto que  los deportistas mexicanos tienen la obligación de ofrecer su mejor y mayor  esfuerzo para avanzar y alcanzar la victoria, vencer, triunfar. Al verlos se nota que carecen de la filosofía del legendario entrenador en jefe de los Empacadores de Green Bay,  Vincent Lombardi: El esfuerzo adicional para triunfar y lograr la victoria, porque la victoria lo es todo. No hay nada como la victoria.

Nuestros deportistas no fracasarán, solo mostrarán la realidad de nuestro deporte: En latino América somos o la quinta o la sexta ¿potencia? Deportiva, muy debajo de los Estados Unidos, Cuba, Brasil, se peleará con Argentina el quinto o sexto lugar. Lo único que salvará a nuestro país del fracaso será que pocos deportistas tendrán el espíritu Juarista de competición y lucha y triunfarán más por orgullo propio que por los apoyos de los federativos nacionales. Mucha responsabilidad  de esta situación  la tienen las grandes cadenas mediáticas que inflan a deportistas que sobresalen de la mediocridad; otro tanto las autoridades deportivas, los de pantalón largo que usan sus sectores para fines de lucimiento y resolver su problema económico y otro poco los deportistas y entrenadores por no cumplir satisfactoriamente sus responsabilidades y desarrollar sus competencias, habilidades y destrezas.

Después del fracaso deportivo que tuvo la delegación nacional a los juegos Olímpicos de  Barcelona, 1992 se creó una comisión investigadora,   a cuyo frente estuvo el ex rector de la UNAM, Guillermo Soberón. A sus resolutivos nunca se les concedió importancia y no se hizo nada de lo que se investigó, aunque sí hubieron culpables y responsables: Muchas voces señalaron a Mario Vázquez Raña y jamás se tocó, ni con el pétalo de una rosa. Es tan intocable que aun sigue siendo el determinante en el deporte confederado nacional y de competición regional y olímpica.