Etelberto Cruz Loeza.

                El titular del Ejecutivo Federal, señor Andrés Manuel López Obrador, al inicio de su administración sentenció que con la finalidad de ahorra y acabar con la corrupción en el área de la salud, específicamente en lo referente a los medicamentos y claves de estos en los cuadros básicos de las instituciones centrales de salud – Instituto Mexicano del Seguro Social, Instituto de Seguridad y Servicios Sociales  de los Trabajadores del Estado -, Secretaría de Salud y Asistencia, así como el Seguro Popular, ya no se utilizaría el formato existente y que ahora, se crearía y funcionaría el INSABI – Instituto Nacional del Bienestar y un ente que se llama BIRMEX, cuya responsabilidad sería, entre otras muchas, adquirir los medicamentos, equipo y consumibles del sector salud y que este instituto realizaría las adquisiciones de todo  por medio del organismo de las Naciones Unidas UNOPS – Oficina de las Naciones Unidas de Servicios de Proyectos.

                 ¿Qué se generó? Poligonal problema de  varias puntas…

                Un caos, desabasto en los medicamentos e insumos, desconcierto, errores y, finalmente despilfarro.

                El formato-esquema de adquisiciones de claves-medicamentos tiene operando en el país más de 50 años; de un momento a otro, se hace a un lado y …en la ¡”#$%&/()=?

                Por otro lado, se violaron varias leyes, porque no existieron concursos-convocatorias para la adjudicación de los contratos. ¡No cambio, ni me quito!

                Además, por un lado, operar con la UNOPS tuvo varios considerandos. Uno de ellos es, y fue, contratos que no se podían hacer públicos; otro más, que se debía de pagar en efectivo, por anticipado, agregamos este otro, ese organismo cobraba el 5% de comisión por anticipado y en efectivo.

                ¿Qué resultó?

                Desabasto de medicamentos, insumos y equipo, porque, inicialmente, no se anticipó ese mecanismo y las instituciones de salud fueron tomadas por sorpresa; seguido de que la UNOPS quedó mal en los casi 4 años en los cuales se trabajó con ese organismo, siempre quedó mal en el surtimiento de las claves de medicamentos: el porcentaje mayor que surtió fue el 67% en cada contrato de compra… ¡Y no existía vía legal para que se le exigiera el cumplimiento del contrato! Estaban pagados, entregado el 5% de porcentaje de cada contrato y entre ella estaba establecido que no había vía legal alguna para reclamar el cumplimiento del contrato entre ambas partes.

                Esa oficina de las Naciones Unidas únicamente compraba y entregaba en o aeropuerto o en el puerto marítimo: carecía de lo que califican como logística: personal, almacenes, transportes especializados – con refrigeradores -, transportes, etc.

Por los nudos formados porcentaje indeterminado de claves y biológicos caducaron o se echaron a perder y el desbasto se evidenció aun más.

¿Quiénes pagaron los platos rotos  de decisiones irreflexivas? Los derechohabientes y usuarios de  los servicios médicos del país. El caso más notablemente mediático  fue el de los niños que sufrieron desabasto de sus medicamentos contra el cáncer; la inmensa mayoría de los usuarios  del SSA, derecho habientes del IMSS e ISSSTE aceptaron-callaron  que en la farmacia de la clínica–hospital IMSS, ISSSTE no le  surtieran completas sus   recetas con los medicamentos indicados por su médico; o no se les tomaran los estudios de imagenología – Rayos X, ultrasonido-placas, resonancias  magnéticas      o sus estudios de laboratorios fueran incompletos porque… no les surtían las sales o los reactivos necesarios o estaban descompuestos los equipos indispensables.

¡Ah!, porque se dio una situación más, que matizaban el caos: el subejercicio presupuestal

en 2020, 2021 y 2022: no se utilizó completamente el presupuesto asignado, y al no existir dinero, no se hicieron las compras necesarias para proteger a la población nacional, entre estos la falta de biológicos- vacunas contra el sarampión tosferina, tétano, tuberculosis, hepatitis, COVID-19, etc. ¡Se jugó políticamente con la salud del pueblo!

                El gobierno de la República utilizó varias vías, inclusive a la secretaría de la Defensa Nacional, pero ahora, lo expresó el presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, el 29 de diciembre pasado: Dimos un gran circulo y terminamos en donde mismo.

Así  que: el  gobierno  federal  modificó, por cuarta ocasión  el mecanismo de compras y  

regresó al anterior esquema: Ya se permite la participación  a través de grandes distribuidores, que de acuerdo a las palabras del director general  de la Cámara de la Industria Farmacéutica Rafael Gual, es el mejor sistema porque ahora las empresas farmacéuticas podrán seleccionar a la empresa que les va a distribuir, porque de alguna manera hay  corresponsabilidad. Es lo que en ramo de las farmacéuticas se llama la última milla: la entrega en farmacias de hospitales y centros de salud. Ahora debemos seguir  con la distribución de los medicamentos y la última milla  – la entrega en cada farmacia – la entrega  en cada farmacia de hospital y centros de salud.

                Con este esquema – al que se regresa –  cada laboratorio que se adjudique una compra se encarga de entregar en cada farmacia   del hospital solicitante y no en centros de distribución – en donde caducaron varios medicamentos=claves -. Podría haber desabasto, salvo que se den por adjudicación directa y es un riesgo, porque, hemos observado que se les dan a compañías que no tienen experiencia en el sector o que no tienen registro sanitario en México, lo cual es gravísimo pues no hay posibilidad de saber cómo fue fabricado y que características de calidad tienen y si cubren con los estándares de calidad que se exigen aquí en México.

Aunque se regresa a un esquema probado, las compras gubernamentales de medicamentos no serán suficientes ni en cantidad ni en diversidad, por lo que en 2023 y 2024 todavía se verán pacientes que no reciban sus requerimientos completos: el 23% de claves se declararon desiertas.

¿Y los daños directos y colaterales? ¡Son pasado! ¿Quién pagará, y cuándo?