Ximena

Cautela, desconfianza, y desconcierto, son algunas de las reacciones que me produce el movimiento de indignados bajo el sello “occupy” o “acampada” en Latinoamérica, principalmente en México. Y sin ánimo de demeritar, herir susceptibilidades, o criticar por el simple hecho de hacerlo, me permito algunas reflexiones sobre el tema.

Soy mujer, joven y estudiante, es decir, pertenezco a tres sectores vulnerables de mi sociedad, soy indignada con la realidad de mi país como cualquier ciudadano, estoy harta de los partidos políticos que desmembraron al IFE para apropiarse de las reglas electores que en teoría nos pertenecen, me preocupan las lealtades y la opacidad con la que manejan los recursos los actores políticos, me desgastan personajes como Elba Esther Gordillo o Jorge Kawaghi (y muchos más) me molesta el papel chantajista de los denominados partidos pequeños, me indigna la desigualdad económica, el desempleo, la especulación financiera y la discriminación social. Por supuesto, también me indigna el cinismo de aquellos que se nombran los representantes del pueblo, y la corrupción que oscurece mis oportunidades.

Deseo profundamente, igual que los indignados de Wall Street, la Puerta del Sol, la Plaza de Mayo, o el Monumento a la Revolución, que se produzca un cambio en las condiciones, y estoy segura en la exigencia de una democracia que nos garantice ser más participativos y menos espectadores.

Ahora bien, dicho lo anterior, reconozco el llamado a no resignarnos, a alzar la voz contra lo que de facto está mal, sin embargo, no puedo depositar mi confianza en movimientos sociales que en principio no me identifican ni me pertenecen.

Como es del conocimiento público, el pasado 15 de Octubre se llevó a cabo una movilización en diversas ciudades del mundo, a grandes rasgos, se demandó un cambio global, y muchos expresaron hartazgo y descontento ante un modelo ineficaz, desgastado y sobretodo injusto.

En México, las réplicas del movimiento “Occupy Wall Street” no se hicieron esperar y llegaron al Monumento a la Revolución, se instalaron las asambleas, las palabras, los deseos, las propuestas (¿?), y por supuesto, las quejas. Días después, un sector decidió acampar frente a las instalaciones de la Bolsa Mexicana de Valores (BMV), y el método de comunicación e interacción en redes sociales responde bajo el hashtag #OccupyBMV (si, occupy)  la idea es mostrar rechazo frente a un “símbolo nefasto” de los métodos de especulación financiera en el país, una acción evidentemente estimulada por la coyuntura mundial, no obstante, me parece que no canaliza las voces para un cambio en la conciencia colectiva.

¿Es la importación de movimientos sociales la solución? No, el proyecto integral que nuestro país necesita requiere de la conjunción de muchas voces y conciencias, no se puede rechazar y excluir al sector financiero y empresarial sólo porque si, ni se pueden despreciar las instituciones gubernamentales.

Por otro lado, la sociedad mexicana es sumamente experimentada en movimientos políticos y sociales, se dan a diario en las sierras y las montañas, en los semáforos y en las carreteras, en las universidades y las plazas públicas, de mujeres en pro del aborto, de desempleados y artistas peleando por más presupuesto, de miembros de la sociedad civil lastimados por la guerra y la violencia, de jóvenes rechazados de las escuelas, de aquellos que protestamos y nos pronunciamos por una Ley de Medios justa y equitativa para el sector, así que, muchos mexicanos luchamos a diario por darle voz a quien no la tiene, la pregunta es, ¿no valdría la pena escucharnos, defendernos y reconocernos los unos a los otros?
En esta reflexión, se filtra la voz del brillante escritor colombiano Gabriel García Márquez, quien en un espléndido discurso titulado “La Soledad de América Latina” hace hincapié en la necesidad de re-pensar nuestra posición como latinoamericanos en el mundo:
“La interpretación de nuestra realidad con esquemas ajenos sólo contribuye a hacernos cada vez más desconocidos, cada vez menos libres, cada vez más solitarios. Poetas y mendigos, músicos y profetas, guerreros y malandrines, todas las criaturas de aquella realidad desaforada hemos tenido que pedirle muy poco a la imaginación para sobrevivir” Gabriel García Márquez.

(1)Dentro de la indignación que me inunda, los métodos de carácter exógeno no son válidos para interpretarnos, con toda franqueza y humildad apelemos a la imaginación y creatividad que nos caracteriza para gestar un movimiento genuino y sincero.
(1) “La soledad de América Latina” discurso de aceptación del premio nobel de literatura en Estocolmo, 1982.
Publicado en la Revista Gurú Político (http://www.gurupolitico.com)  y reproducido con la autorización de su Director.