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Este artículo surge pensando en el actual proceso electoral. Pocas cosas son capaces de originar tan disímbolas interpretaciones como el etiquetar a algo a alguien como perteneciente a la  “izquierda” o a la “derecha”.  En la actualidad los términos Izquierda y Derecha siguen siendo usados como conceptos políticos, pero básicamente son utilizados por loros que repiten, sin procesar ni entender bien a bien lo que oyen o leen; pero también son los favoritos de aquellos a quienes les agrada la demagogia, la obsolescencia y la confusión.

En la actualidad la lucha por el poder pasa por la lucha partidista, eso es innegable, y la lógica electoral es, ni más ni menos, la lógica del mercado, donde, mediante el voto, los ciudadanos eligen de entre diversas opciones posibles.  Y en este contexto, ¿A quién representan los políticos sino a sí mismos o, en el mejor de los casos, a los intereses de su grupo o facción?.

Hoy, la verdad, decirse de izquierda o de derecha no significa ni garantiza nada. Solo es  cascajo vacío bajo el cual cualquier demagogo  puede transitar con engaños.

En todo el mundo y México no es la excepción  cuando se hable de la “izquierda” hay que hablar en plural pues con esa denominación existe una variopinta cantidad de  prácticas, posiciones, ideas  y tradiciones que difícilmente tienen un denominador común.  

Hay que recordar que, bajo la etiqueta de izquierda solían designarse las posiciones que, hipotéticamente, y recalco lo de hipotéticamente,  luchaban por la justicia social, que supuestamente anteponían los principios al pragmatismo, que hacían de la democracia un compromiso y no una coartada. Y ahora que vemos que desde esas “izquierdas” se realizan actos de refinada corrupción, cuando lo que les importa son exclusivamente los resultados inmediatos, cuando vemos que se aceptan a conocidos delincuentes por meras razones electorales,  y cuando en nombre de una inexistente ideología de izquierda se mantienen prácticas clientelares que trafican con el interés  de las personas, en estos casos resulta evidente que hay una absoluta incongruencia con el concepto.

Cuando nos encontramos con el despropósito de que pretenden ser de izquierda políticos tan alejados de la democracia como Bejarano, López Obrador, Imaz, Batres, Graco Ramírez, Fernández Noroña, conjuntamente con viejos y nuevos caciques gestados en el PRI como Monreal, Guadarrama,  Nuñez, Camacho, Ebrard y estructuras tan impresentables como el SME y la CNTE evidentemente hay una gran confusión conceptual. Nada que ver estas gentes con las trayectorias y definiciones políticas de Valentín Campa, Demetrio Vallejo, Heberto Castillo, Arnoldo Martínez Verdugo o Alejandro Gascón Mercado, entre otros dirigentes de una ya inexistente izquierda.

Y en el caso concreto de Michoacán, ¿alguien pensará que son de verdadera izquierda los grises funcionarios del gobierno estatal o la obsecuente gente del comité del PRD estatal?.  Revísenlos; en su amplia y desoladora mediocridad encontraremos empresarios, profesionistas fracasados, oportunistas, arribistas, escaladoras sociales etc. pero ¿gente de izquierda?  ¿uno solo siquiera?…. ¿quien?

Buena parte de la  izquierda mexicana junto con varios intelectuales de medio pelo se hundieron con gusto en el lodazal del populismo obradorista; es la izquierda fascista, agresiva, intolerante e iletrada que protesta contra todo sin mediar razonamiento alguno. Son, en definitiva,  los nuevos sans culottes.

En el fondo, la violencia de la izquierda mexicana es una aceptación tácita del colapso de su ya escaso pensamiento crítico. Si esa izquierda no tiene más argumentos que la mentira, la intolerancia, el insulto, la cerrazón y la agresión verbal o física como forma de responder a las ideas de los adversarios, entonces esa izquierda se ha quedado sin argumentos y no puede ni debe representar una opción.

El vacío ideológico de esa izquierda ha sido llenado con los demenciales editoriales del filocastrista “periódico objetivo”,  con los delirios de sus amanuenses, la impotente rabia de sus moneros, las medias verdades y mentiras completas de sus jilgueros mediáticos, los desfiguros de Noroña y las ocurrencias seniles de Muñoz Ledo. Ellos representan a la actual “izquierda” mexicana.