El dÃa de ayer se suspendió el debate de la Reforma PolÃtica en la Cámara de Diputados, ya que algunos legisladores acusaron a otros de estar ingiriendo bebidas alcohólicas tras bambalinas. Los diputados Enoé Uranga del PRD y Jaime Cárdenas del PT denunciaron este hecho cuando en el Pleno se estaba discutiendo el tema de la revocación de mandato.
Ni tardo ni perezoso y ante tales hechos, el diputado Porfirio Muñoz Ledo propuso que se suspendiera la sesión debido al tono que se estaba alcanzando entre los legisladores y ante la posibilidad de que se estuviera consumiendo bebidas alcohólicas. Rápidamente el priista Julián Nazar tomó la palabra y señaló que si algún diputado consumÃa alcohol ese era Porfirio Muñoz Ledo. “Tiene 90 por ciento de alcohol y 10 por ciento de botana”, afirmó el legislador. El priista quiso componer lo dicho con una disculpa al legislador. “Te pido disculpas porque te agarré de ejemplo”, expresó.
Ante tales hechos los coordinadores parlamentarios del PRI, PAN y PRD en la Cámara de Diputados decidieron suspender el debate y la aprobación de la reforma polÃtica, frente a la descomposición del ambiente polÃtico en el Pleno. El Presidente de la Mesa Directiva decidió declarar un receso y citó de nuevo para hoy miércoles a las 11:00 horas.
Qué ironÃa. Apenas hace una semana, el secretario de la Comisión de Salud de San Lázaro, Gerardo Verver y Vargas, planteó una reestructuración de la Comisión Nacional contra las Adicciones (Conadic), con el fin de prevenir y reducir el consumo de tabaco, alcohol y drogas. Para ello, propuso reformar y adicionar diversas disposiciones de la Ley General de Salud. Destacó que en México casi cuatro millones de personas consumen grandes cantidades de alcohol una vez a la semana o con mayor frecuencia y la proporción es de 5.8 varones por cada mujer.
Al respecto, dijo que cuatro millones 168 mil 63 mexicanos cumple con los criterios de abuso-dependencia, de los cuales tres millones 497 mil 946 son hombres y 670 mil 117 son mujeres, mientras que el grupo de edad con los niveles más altos de consumo es de 18 a 29 años. El legislador perredista mencionó que según datos de la Encuesta de Consumo de Drogas en Estudiantes 2009, el porcentaje de adolescentes de 14 años o menos que habÃa consumido alcohol alguna vez fue de 59.9, y de quienes tenÃan 18 años o más es de 89.9 por ciento.
Por otro lado, también la semana pasada el Pleno de la Cámara de Diputados avaló con 339 votos a favor, 16 en contra y 5 abstenciones, castigar de uno a nueve años de prisión a quien venda o ayude a la comercialización de bebidas alcohólicas adulteradas, contaminadas o alteradas. Se reformó el Código Federal de Procedimientos Penales, de la Ley Federal contra la Delincuencia Organizada y de la Ley General de Salud, donde se incluyeron sanciones también a quien introduzca al paÃs bebidas adulteradas. Dicha reforma considera delito grave y sanciona con uno a nueve años de prisión y multa equivalente de cien a mil dÃas de salario mÃnimo general vigente, a quien por sà o a través de otro, expenda, venda o de cualquier forma distribuya bebidas alcohólicas adulteradas, contaminadas o alteradas, asà como la introducción ilegal de las mismas al paÃs.
También en otro hecho, la semana pasada algunos legisladores acusaron al diputado federal Jorge Kahwagi, coordinador del partido Nueva Alianza en la Cámara de Diputados, de haber llegado con aliento alcohólico a la sesión de la Comisión de Gobernación cuando se estaba aprobando la reforma polÃtica. Al dÃa siguiente en entrevista radiofónica con JoaquÃn López Dóriga, Kahwagi negó los hechos.
Otro caso famoso, fue el de la reciente acusación que hizo el diputado federal Gerardo Fernández Noroña del supuesto alcoholismo del Presidente de la República, Felipe Calderón. Ese hecho valió la despedida por pocos dÃas de la periodista Carmen Aristegui de la emisión de radio de MVS, quienes argumentaron que habÃa violado el código de ética de la empresa.
Al escuchar todas estas historias siento vergüenza pues no existe un mÃnimo de responsabilidad en aquellos que hoy restringen nuestras libertades como ciudadanos de cuándo y cómo debemos beber. El tema no es que consuman drogas o alcohol en su vida privada, cada quien será responsable, el asunto es que existan legisladores y funcionarios legislando y gobernando con alcohol en la sangre.
Como ciudadanos lo mÃnimo que esperamos es que en las oficinas de gobierno no se beba alcohol o más allá ¿los ciudadanos tendremos que llegar a un extremo de poner un “alcoholÃmetro†en cada entrada? ¿En el Pleno del Congreso? ¿En las reuniones de las comisiones? ¿PodrÃamos equiparar el potencial de muerte o de impacto de un conductor ebrio al de diputados o funcionarios alcoholizados tomando decisiones que nos afectan a todos? Son sólo preguntas que debemos hacernos y debemos exigir una mayor responsabilidad en nuestros legisladores y funcionarios.
























