Resulta un tanto utópica, la visión de algunos de los más influyentes sociólogos británicos sobre el desarrollo, atención e impacto que el crimen organizado ha tenido en las sociedades modernas.
El discurso narrativo que estos cientÃficos sociales defienden en torno al Crimen Organizado (casi siempre impregnado por un “halo†histórico-cultural que atiende más bien una perspectiva teórica sobre las causas e influencias del comportamiento del ser humano); desde mi punto de vista ha sido un tanto limitado e insuficiente, debido a su incapacidad para explicar a cabalidad un fenómeno trasnacional que afecta de manera negativa a muchas sociedades contemporáneas.
Para autores de mucho peso dentro de la corriente europea (Hobbs, Woodiwiss y Rawlinson) el crimen organizado no es más que una construcción social producto de la sociedad norteamericana durante las primeras décadas del siglo XX.
Es una noción construida sobre las bases de una naciente sociedad urbana que mantenÃa niveles altos de migración y cuyo sistema económico y polÃtico (capitalismo y medio de comunicación, principalmente) facilitaron la construcción de cierto “folklore delictivo†entre la sociedad.
Dicha “identidad cultural†pronto encontró un grado alto de complejidad ante la prohibición de ciertos productos (Alcohol en EUA, durante los años 30´s); y con ello, se incentivó la transformación de bandas callejeras en complejos aparatos del crimen, quienes extendieron su redes de distribución y operación, fortalecidos por un consumo masivo dentro del mercado negro, en las principales ciudades norteamericanas.
De acuerdo a este modelo de pensamiento, son tres los factores que explican el origen y dinámica del crimen organizado en las sociedades modernas: Primero, la “conspiración del diferente†que ve en los inmigrantes a “emisarios del mal†dispuestos a delinquir (falta de recursos y oportunidades), además de representar una fuerza productiva y de bajo costo para formar parte del ejército del crimen organizado; segundo, la “Sucesión Étnica†que básicamente sostiene que para los diferentes grupos étnicos (minoritarios) en las ciudades, el crimen organizado representa una escalera sólida para su movilidad social y progreso. Finalmente, prohibición y control, como herramientas de un modelo económico impulsado por el Gobierno de Estados Unidos desde la década de los 60´s (Nixon en el 69 y Reagan en el 80) y que permitió la construcción de un discurso bélico contra el consumo de drogas en el mundo. Además, está prohibición incentivó la creación de mercados negros regulados por los “nuevos empresarios de la violenciaâ€: Las Mafias.
Hasta aquà la explicación guarda cierta lógica, al menos en el origen fundacional de dicho fenómeno. Sin embargo, el “modelo explicativo europeo†pierde claridad y fuerza cuando se pone aprueba frente a la maquinaria delictiva en que se han transformado las bandas del crimen organizado.
Desde lugares sumamente disÃmbolos y en contextos asimétricos, las “Mafias†Italianas, Rusas, Turcas, Japonesas, Colombianas o Mexicanas se caracterizan por un nivel de sofisticación alto y por haber extendido su influencia a mercados diferentes a la venta-distribución de drogas (Extorsión, cobro de piso, secuestro, corrupción institucional, etc) y a esferas del poder dentro de sus propias estructuras de gobierno, en cada uno de dichos paÃses.
Hoy los Estados en el mundo se enfrentan a profesionales de la violencia, que no sólo actúan bajo el dictado del libre mercado, sino que en muchos de los casos se han convertido en agente polÃticos o en estructuras paralelas de poder frente al mismo Estado.
Hoy estos “empresarios de la violenciaâ€, se mimetizan frente a las estructuras de poder y departen cuál hombre honestos y de bien.
Sin duda alguna, la sofisticación y el nuevo andamiaje institucional de protección con que cuenta el crimen organizado en algunos Estados del mundo, no alcanza a ser explicado con teorÃas sociológicas como la “prohibición y el controlâ€. Es ahora cuando, desde mi punto de vista, la academia deberÃa de buscar unidades de análisis y estudio más especÃficas, para entender las posibles relaciones de poder y construir un marco teórico más racional y más sólido para entender y explicar las nuevas dinámicas del crimen organizado.
En tanto no vayamos más allá, no conformaremos con persuasivas falacias o sofismas académicos para un tema que ha cobrado mucha relevancia en nuestro paÃs, y que sin duda, influye en la gobernabilidad de muchas democracias del mundo. Â
























