Etelberto Cruz Loeza.

                Las elecciones  en Brasil, la Segunda Vuelta, efectuada el 30 de octubre, pasados, arrojó un triunfador que representaban no únicamente el continuismo o no de la política de Jair Bolsonaro o el regreso de Luis Inacio, Lula, Da Silva, después de pasar el infierno de la prisión acusado y sentenciado por corrupción en el caso Lava Jato – y más que le sumaron –  y el purgatorio de todos los procesos y desgastes de un hombre repudiado por la mitad de los brasileños, sino dos formas de gobierno:

 la Llamada Ultra Derecha, encabezado por Jair Bolsonaro, actual presidente de la República, con todo lo que significa ser Ultra y en este caso particular, caracterizado por un gobierno ineficiente, carente de gobernabilidad y con dificultades-carencias  de voluntad, para cumplir lo prometido , responsable de mala gestión frente a la pandem9ia COVID-19 , que determinó que Brasil fuera el segundo país en el mundo – y en América –con mayor cantidad de deceso y contagios; además, administración, en la cual aumentaron los pobres y los miserables.

Y la llamada Izquierda, representada por el ex minero y chofer Luis Inacio, Lula, Da Silva, líder del Partido de los Trabajadores – PT -, que viene o por la revancha y cobrarse las cuentas o por la reivindicación de la Izquierda y corregir los errores  ampliando los beneficios para llevar a más brasileños al Estado de Bienestar Prometido. Lo cierto es que el escenario no pinta nada fácil: si bien Lula Da Silva es el presidente de la República tendrá todo el H. Congreso como opositor; el PT no obtuvo la mayoría necesaria para concederle un colchoncito a su líder y todo lo tendrá que negociar políticamente: gobernará y hará los cambio que deba hacer para llevar el Estado de Bienestar Prometido, gobernado con minorías.

Ahora bien, aunque Jair Bolsonaro, hasta el momento ha callado y no ha aceptado su derrota ni el triunfo de Lula Da Silva, inicialmente su silencio se interpretó como rechazo a los resultados y sus opositores  paralizaron el país con cierres de vialidades en más de 500 puntos viales, generando un caos; las voces de sus simpatizantes solicitaban la presencia y actuación del Ejército para que el presidente electo, no tomara posesión y las instancias jurídico electorales declararan fraude y resultado electoral invalidado. Por largos momentos se vivió una tensión social muy aguda, que, finalmente, aunque Jai Bolsonaro aun no aceptado su derrota, si ordenó a sus cercanos colaboradores prepararan todo lo necesario para la entrega del poder y efectuar  la transición en los tiempos y formas constitucionales establecidos y acostumbrados.

Por algunos días parecía que se estaba repitiendo los sucesos del 6 de enero de 2021 en el capitolio, en Washington, con la turba azuzada por Donald Trump que no deseaba reconocer el triunfo de Joe Biden  y aseveraba la existencia de fraude, que en cierta forma, es lo mismo que repitió Jair Bolsonaro.

Mas el asunto no ha terminado. Se desconoce si Jair Bolsonaro esté preparando alguna acción jurídico-electoral. Aun falta mucho para la transición y muchas cosas pueden pasar.

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