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La televisión es un arma poderosa y es capaz de convencer a la mayoría de lo que sea, de pagarle millones para transmitir spots políticos que vomitan falacias de un hubiera o debiera ser de lo que la mayoría de los mexicanos soñamos, incluso es capaz de influir en los modus vivendis o anhelos del inconsciente colectivo nacional, pero lo que es peor es que interviene en la toma de decisiones transformada en actos posteriormente.


Un ejemplo. La constante amenaza de Televisa con la serie Rosa de Guadalupe, donde transmite casos en el que la figura religiosa realiza milagros ante cualquier obstáculo. Con actuaciones inverosímiles que apenas los actores creen y gesticulaciones hiperbólicas que los debutantes con experiencia ejecutan bajo sus rostros, con todo y eso un  niño nicaragüense, de 11 años de edad, se ahorcó en su casa imitando a un personaje del programa, quien fue estrangulado en la serie y revive después.

El caso es lamentable desde cualquier perspectiva, pues no hay un análisis por parte de las familias en relación a lo que los menores consumen mediáticamente, mientras los mantenga sentados, lejos de las penumbras callejeras, sin tomar conciencia de que el verdadero asesino o estimulo para cometer un acto de esa índole, puede estar en el mismo hogar.

La famosa tv se convierte en la nana de millones de niños y adolescentes e incluso compañía y escuela de algunas amas de casa y sin duda influye en sus opiniones, deseos y comportamientos: mujeres que idealizan príncipes que solo en los melodramas de calidad muy dudosa y clonados de algunos ayeres u otros países, políticas muy cerradas de acuerdo al partido que pague más o se encuentre en el poder, productos milagro para reducir o aumentar porciones corporales, retornar la juventud, la exhibición de pleitos personales cual si fuera circo Rolex. Toda esa asquerosa mezcla contamina los hogares familiares todos los días.

Por ello, los padres deben supervisar  lo que los hijos ven y escuchan. Programas de este tipo debieran de desaparecer o mínimo colocar una advertencia al iniciar y concluir la transmisión porque a pesar de ser emisiones muy pobres en cuanto a contenido gozan de un “no sé qué” que engancha y seduce a mentes débiles con poca capacidad crítica y analítica, elementos ausentes para un país despierto.
Y fue así que las espinas de una rosa televisiva de nombre Guadalupe ahorcaron las ilusiones de una criatura que apenas comenzaba a vivir…

Liga: http://sdpnoticias.com/columna/5512/Televisa_asesino_inocente