PRI

“¿Es usted un demonio? Soy un hombre. Y por lo tanto tengo dentro de mí todos los demonios”
Chesterton

Después de haber gobernado durante siete décadas este país de manera autoritaria y antidemocrática, y al haber perdido la presidencia de la república frente al PAN en el año 2000, durante los últimos años el Partido Revolucionario Institucional ha adoptado, como estrategia política para seducir al electorado, el discurso que lo presenta como un partido renovado, fresco, dispuesto ahora sí a las formas democráticas donde la participación ciudadana sea una realidad, es decir un nuevo PRI dispuesto a empoderar al pueblo y a respetar la voluntad ciudadana. Así, el PRI se nos ha querido presentar como un partido moderno que está comprometido con las causas sociales y en el tenor de aportar al fortalecimiento de las instituciones de manera congruente, como un partido que contribuye a la estabilidad y a la gobernabilidad que debieran imperar en este país.

Pues me parece que todo esto se aleja bastante de la realidad. No dudo que al interior de esa institución política haya más de uno que de verdad aspira y lucha por transformar para bien a su partido, sin embargo la evidencia muestra que esta tarea les ha resultado más difícil de lo que pareciera y en momentos hasta insuperable. Ejemplos hay realmente muchos, el más fácil de invocar es la forma como siguen resolviendo las candidaturas a puestos de elección popular, que si bien no lo hacen exactamente igual como antaño es porque ya no tienen la omnipresencia de un titular del Poder Ejecutivo para resolver, pero ahora el dedo que designa a los candidatos emerge de otras fuerzas casi tan antidemocráticas como las del pasado. Ciertamente también en el PAN y en el PRD tenemos problemas de democracia interna, pero sin temor a equivocarme, diría que, con mucho, el que más la simula es el PRI, así, por señalar contrastes, si en el PAN hay designaciones esto se hace oficial, de forma bastante transparente en la mayoría de los casos y con apego a estatutos.

çVarios sucesos ocurridos esta semana que recién terminó confirman que el que se dice nuevo PRI es más de lo mismo del viejo PRI, es decir, como dice el refrán popular “es la misma gata nomás que revolcada” y que pareciera que nada más a su santo le reza y que  quiere vendernos gato por liebre. ¿Porqué me atrevo a hacer estas duras críticas? usted juzgue mi amable lector si mis afirmaciones carecen de sustento u obedecen a simple competencia política irracional, veamos.

Primero. Empecemos con el supuesto nuevo PRI de Peña Nieto. Resulta que el flamante aspirante presidencial del partido tricolor, recientemente, durante el tercer foro regional de conclusiones Por una Gobernabilidad Democrática y un Estado Social de Derecho hizo propuestas para modernizar la economía y la política del país, las cuales en su momento fueron presentadas por el presidente Calderón y rechazadas por su partido. Peña Nieto, en días pasados, propuso que para impulsar el sector energético y el desarrollo económico del país se debería aprobar la inversión privada en Pemex, afirmó que la  participación del sector privado en Petróleos Mexicanos podría ser en las áreas de exploración, explotación y refinación, cosa que propuso el Presidente Calderón en 2008 y fue tajantemente rechazada en esa ocasión por el PRI.

Algo similar ocurre con la iniciativa de reforma política que mandó el presidente Calderón al Congreso hace dos años y que incluía la reducción en el número de diputados plurinominales de 200 a 100 y que el PRI nunca se atrevió a dictaminar y menos aprobar. Pues ahora resulta que su casi candidato a la presidencia está proponiendo exactamente lo mismo: que se reduzca el número de diputados de 500 a 400. Ahora también está proponiendo, en el tema de seguridad, la profesionalización de la policía y la instauración del mando único estatal, cosas que dejó sin hacer cuando fue gobernador del Estado de México.

Segundo. Esta semana que terminó se discutió el dictamen de la Reforma Política en la cámara de diputados proveniente de una aprobación plural y mayoritaria en el Senado de la República como cámara de origen, donde estuvieron de acuerdo, en sus términos, la mayoría de los senadores priístas. Resulta que el PRI aliado con el Partido Verde frenaron propuestas que empoderaban a la sociedad, es decir que fortalecían la participación ciudadana. Así impidieron que los ciudadanos pudieran castigar o premiar a sus representantes al evitar que se incluyera en el dictamen la revocación de mandato y la reelección de legisladores y de ayuntamientos. Estas figuras contra-restaban la fuerza de los partidos y fortalecían al ciudadano, pues permiten que la sociedad, por un lado, descalifique a flojos e incompetentes y, por otro, pueda decidir quién se queda a continuar goberanando con base en su desempeño y cercanía con la gente. Llama la atención que la defensa argumentativa en tribuna de su posición haya estado apenas presente. De manera similar apostaron por la atomización de la representación política a través de partidos al oponerse a elevar el porcentaje requerido para que se formen este tipo de agrupaciones; tampoco apoyaron la reconducción presupuestal, que brinda estabilidad a los cambios de ejercicio, así como negaron la 2ª vuelta en la elección para presidente, que permite formar mayor gobernabilidad, pusieron candados a la iniciativa popular y no estuvieron de acuerdo en que la SCJN hiciera lo propio en este aspecto. Afortunadamente el dictamen regresará al Senado donde predominan príistas no fines a Peña Nieto y donde con PAN y PRD se puedan, quizá rescatar algunas cuestiones que representan realmente un beneficio democrático para la sociedad.

Los del PRI han sido capaces de votar en contra de lo que ellos mismos han propuesto y al revés, han dicho estar de acuerdo con lo que han votado en contra. Además condicionaron sus votos a que se aprobara un incremento mensual de dos centavos a las gasolinas. Esto, que algunos llaman el gasolinazo representa alrededor de 25 mil millones de pesos, mismos que son repartidos en su totalidad a los gobernadores de los estados, ellos lo pidieron, son 19 gobernadores priistas de 32 los beneficiarios de este impuesto y cada mes son ellos los que acusan al gobierno federal de aumentar el precio de las gasolinas.

La historia demuestra que el PRI “no la baila sin guarache”. No deja pasar ocasión para sacar provechos excesivos por su voto. Un ¿y nosotros qué ganamos?, me consta, en la voz príista, durante las negociaciones políticas casi siempre está presente como si no fuera suficiente el que la ciudadanía sea la ganadora. Lo que me preocupa es que este mal parece contagioso y de momento no sé si los otros partidos políticos contemos con una vacuna efectiva. Â