Es cierto que solo usamos el 10% de nuestro cerebro? No. Desgraciadamente. Pero es un mito muy extendido ya que lo creen un tercio de los estudiantes de psicologÃa, 55% de personas bien educadas y hasta un 6% de los neurocientÃficos. El problema con este mito es que es demasiado bueno para ser cierto. ImagÃnense la posibilidad de ser 9 veces más inteligentes de lo que somos si en verdad pudiéramos usar el 100 % de nuestro cerebro. De ahà es de donde se agarran los mercachifles que quieren hacerle creer a uno que ellos tienen la fórmula para poder usar completamente nuestro cerebro. O peor aún, de ahà se han colgado también los creyentes de la nueva era para sostener que nuestras supuestas capacidades extrasensoriales se basan en ese 90% de cerebro que no usamos. Asà lo proclamó Uri Geller aquel autoproclamado psÃquico al que se lo cachó en la maroma el mago James Randi y que pueden ver cómo lo hizo en la siguiente dirección de youtube: http://www.youtube.com/watch?v=kPYXc-ZkDXg
¿Cuál es el problema?
Cuáles son las razones por las cuales no es cierto que tenemos un 90 % de nuestro cerebro sin usar. En primer lugar razones evolutivas. Nuestro cerebro ha sido moldeado por la selección natural y es inconcebible que un órgano tan complejo y tan costoso (3 % de nuestro peso le corresponde al cerebro pero consume el 20% del oxÃgeno) haya evolucionado para no ser utilizado en un 90%. Es decir, es difÃcil de creer que el progresivo aumento del cerebro que se ha demostrado tuvo lugar durante nuestra gestación como especie haya sido en balde, es mucho más fácil de creer que todo aumento del volumen cerebral fue para promover nuestra sobrevivencia y reproducción.
Dudas sobre esta aseveración del poco uso de nuestro cerebro han provenido también de la neurologÃa y la neuropsicologÃa. Estas dos disciplinas tratan de entender cuáles son las consecuencias en nuestra salud resultado de lesiones cerebrales. Lo que han encontrado es que lesiones menores a ese supuesto 90 % que no usamos tienen consecuencias catastróficas. Asà tenemos como ejemplo el famoso caso de Terri Shiavo, la mujer que estaba en estado vegetativo y que la terminaron desconectando para ya darle por fin sepultura. Ella llegó a esa situación por un problema cardiaco que le daño como el 50% de su cerebro.
La investigación clÃnica en general nos dice que prácticamente no hay área del cerebro que se dañe y no tenga consecuencias.
También podemos dudar de la supuesta falta de uso de nuestro cerebro si tenemos en cuenta que se puede estimular directamente el cerebro y cada vez que se ha hecho no se ha encontrado un área que esté sin usar. En esas investigaciones se ha encontrado que si se estimula un área la persona siente cosas, mueve partes de su cuerpo o de plano llega a tener algunos sentimientos en particular, pero no se ha encontrado un área en la que las personas digan que no les pasa nada.
A lo anterior podemos añadir que a lo largo del tiempo los neurocientÃficos han inventado un montón de técnicas de visualización del cerebro tales como los electroencefalogramas, la tomografÃa por emisión de positrones, la resonancia magnética y muchas otras técnicas más. Pero ya sea en estudios con animales o con humanos, y a pesar de que se han realizado mapas detalladÃsimos del cerebro, jamás se ha encontrado una región que no esté trabajando. Más bien se ha demostrado que aún tareas sencillas hacen que se active virtualmente todo el cerebro.
Un argumento final es que el cerebro no funcionarÃa bien si absolutamente todas sus neuronas estuvieran disparando siempre a todo lo que dan. Es como los teléfonos, si absolutamente todas las personas que tienen un teléfono hablaran al mismo tiempo, la red no lo soportarÃa y se caerÃa. De la misma manera, el cerebro requiere para funcionar bien un patrón alternado de disparos de neuronas a diferentes ritmos.
¿De dónde viene este mito?
Desentrañar de donde viene este mito no ha sido una tarea fácil; se han realizado varios estudios para descubrirlo y no se ha terminado de entender de donde salió.
Una de las hipótesis dice que quien lo inició fue el psicólogo de los Estados Unidos William James quien hizo sus principales aportaciones a finales del siglo XIX y principios del XX. Él, en uno de sus escritos de divulgación, dijo que solo usamos una pequeña parte de nuestros posibles recursos fÃsicos y mentales (We…, are making use of only a small part of our possible mental and physical resources). Lo que sà se sabe con mucha seguridad es de donde agarró mucha fuerza este mito. Fue en un prefacio escrito por Lowell Thomas, un escritor estadounidense que fue quien hizo famoso a Lawrence de Arabia, en el que retomaba la idea de James, pero ahà ya aseguraba que solo usábamos el 10% de nuestro cerebro. El problema fue que ese prefacio lo hizo a uno de los libros de autoayuda más famoso de todos los tiempos: “como ganar amigos e influir en las personas” de Dale Carnegie. Otro posible origen del mito pudiera ser la mala interpretación que se ha hecho de los artÃculos de investigación. En ellos se ha dicho que hay ciertas áreas del cerebro que son silenciosas (como las áreas de asociación o los prefrontales). Pero ahora sabemos que ambas tienen funciones vitales para nuestro lenguaje, pensamiento abstracto o realizar intrincadas tareas sensoriales o motoras. De igual manera, podemos suponer que se mal interpretó la modestia de algunos investigadores que llegaron a afirmar que solo se conocÃa el funcionamiento del 10% de nuestro cerebro y probablemente esto solo contribuyó a pensar que el 90% restante no hacÃa nada. Incluso se puede pensar que no se leyó correctamente el rol de las células gliales; estas son unas células cerebrales que son muchÃsimo más abundantes que las neuronas (¡en una proporción de 9 a 1!) y que sirven sobre todo de soporte y sustento a las neuronas. Algunas personas han dicho que el mismÃsimo Albert Einstein fue el que inició este mito del 10% del cerebro. Pero revisiones exhaustivas de sus archivos no han dado con esa supuesta afirmación. Podemos pues afirmar que tal mito es solo eso, una idea que nos ha ayudado a buscar ser más creativos e inteligentes, lo que ha contribuido a ser un mito bastante difundido, pero que es demasiado bueno para ser cierto.

























