Andrés Manuel López Obrador efectuó visita oficial a los Estados Unidos; previa a ella, aquí, él, con el manejo de Medios que le es usual dijo esto y aquello y, al menos a sus fieles, afirmó que propondría el sol, la luna y las estrellas; a su regreso, señaló que había obtenido 5 compromisos del presidente norteamericano Joe Biden con nuestro país y se dijeron montañas de pompas y luces y globos.

                Seguramente nuestro presidente hizo a un lado lo siguiente: Estados Unidos no tiene amigos. Tiene Intereses. Que somos su patio trasero y que, como complemento, somos su máximo, el primer socio comercial.

                Para no caer en señalamientos exagerados, y por considerar su punto de vista objetivo y cercano a la realidad, tomo buena parte del artículo del Diplomático Agustín Gutiérrez Canet, tío de la Primera Dama, Beatriz Gutiérrez Müller, publicada en MILENIO; edición del jueves 14 del presente.

                SIN ATADURAS.

                El encuentro entre los presidentes Andrés Manuel López Obrador y Joe Biden, en la Casa Blanca, fue una oportunidad desperdiciada para tratar de mejorar las relaciones entre Estados Unidos y México, perjudicada por la estridencia estéril.

                Demandas previas que ocuparon las primeras planas como de Juliá Assange y la estatua de la Libertad, el embargo a Cuba, la demanda a los fabricantes de armas, el financiamiento a las ONGs, las amenazas a congresistas, la desaparición de la OEA y el boicot a la Cumbre de las Américas, no fueron mencionadas en la reunión del martes con Biden, ni en el comunicado conjunto.

                Desde hace tiempo los nexos bilaterales se desarrollan en dos planos contradictorios: la relación diplomática discreta, en la que ambos gobiernos tratan de superar diferencias y lograr acuerdos y la relación pública, estridente, en la que un día se lanzan golpes y al día siguiente se envían mensajes amistosos.

                La esquizofrénica diplomacia se conduce en dos carriles opuestos, pero predecibles, uno público y otro privado: Estados Unidos sabe que México asume desplantes públicos para la audiencia mexicana, que deja pasar, sin confrontación mediática, pero en privado, presiona a los mexicanos para lograr lo que quieren, por las buenas o por las malas.

                Por las malas, Trump se jactó de haber doblegado a México con la amenaza de imponer aranceles si no frenaba el flujo migratorio, con el despliegue de miles de soldados mexicanos en la frontera.

                Por las buenas, Biden logró que México pague mil 500 millones de dólares para mejorar el control migratorio y la seguridad en la frontera, mientras que Trump no pudo terminar el muro ni que México lo pagara, fanfarroneó el actual secretario adjunto de prensa de la Casa Blanca, Abdullah Hasan.

                La visita de López Obrador a Washington estuvo mal planeada por la SER.  El secretario Marcelo Ebrard estuvo días antes en Corea y en Indonesia, cuando la prioridad era el viaje a los Estados Unidos, y ya en Washington no se contuvo: en plena visita de su jefe se promocionó como candidato presidencial en la cuenta de Twitter Ebrad24, a través de una fotografía saludando a la comunidad mexicana: “Así nos recibe nuestra comunidad en EU. Agradecidos por este recibimiento.”, escribió el canciller.

                Se crearon expectativas que no se podías cumplir como acordar una reforma migratoria con Biden, lo cual no era posible pues sólo el Congreso y no el poder Ejecutivo, tiene la facultad de definir la reforma de la política migratoria, a la que se oponen los republicanos.

                El mismo día de la reunió con Biden la respuesta de los legisladores señalados por López Obrador no se hizo esperar: senadores demócratas criticaron la inseguridad de periodistas mexicanos, mientras que los republicanos exigieron el respeto a las inversiones de Eu en el marco del TLC.

                El presidente hizo un viaje de tres días para estar menos de dos horas con su colega de EU, tener un desayuno con una vicepresidenta, por más que se encargue del desarrollo en Centro américa y encabezar otro desayuno con empresarios de México y EU, cuyo nivel habrá que ver, pues los directores generales o CEOs no asisten a estas reuniones improductivas, de bellos discursos y pocos resultados, por lo que prefieren enviar a los segundos, encargados de México o de América Latina.

                Curiosamente todos los diarios norteamericanos coincidieron en que fue una junta en la cual nuestro presidente habló unos 30 minutos, sin parar, como si fuera una mañanera.

                Una junta en la que parece ser que el presidente Biden se aburrió un poco y que lo corrigió varias ocasiones.

                Otras dos curiosidades: hospedaron a nuestro presidente en hotel   y no en la famosa Blair House, donde se hospedan los presidentes que visitan la Casa Blanca y, la segunda curiosidad: tampoco lo invitaron a una sesión en su H. Congreso para que ofreciera un discurso como lo hacen todos los presidentes invitados a Washington.

                En términos de resultado político-económicos para nuestro país, fue viaje, reunión y estancia improductiva, se diga lo que se diga.