En diversas ocasiones he comentado, e insisto en ello, que etiquetarse como un intelectual, polÃtico, partido o gobierno de “izquierda” es algo que en la actualidad resulta demagogia pura. No hay, en la práctica, una “Izquierda” como tal; existen, y muchos, variopintos personajes y partidos que se autonombran como “de izquierda”, signifique eso lo que signifique, pues dentro de la etiqueta de izquierda caben infinidad de doctrinas, tales como el marxismo-leninismo, trotskismo, maoÃsmo, polpotismo, stalinismo, eurocomunismo etcétera. Lo curioso de cada izquierda es que cada una de ellas se considera la única, la verdadera, la auténtica, la dueña de la verdad, y todas las demás izquierdas son falsas, revisionistas o desviacionistas. Al parecer ser de izquierdista conlleva en su genética el portar el gen de la división y la intolerancia.
Los cambios globales que se experimentaron después de la caÃda de la Unión Soviética, auténtico referente mundial de la “izquierda”, dejaron huérfana a buena parte de la “intelectualidad” ligada a la izquierda y la hundieron en una verdadera crisis de identidad. La publicitada “lucha social” o “lucha de clases” terminó siendo un desteñido membrete y la lógica electoral se impuso pues actualmente es por medio del voto que los ciudadanos eligen entre diversas opciones.
Actualmente decirse de izquierda no significa nada. Es usar un desfasado léxico, es, en palabras llanas, demagogia destinada al consumo de un pueblo arruinado y deseoso de creer en algo.  Â
En lo personal nunca he tenido un buen concepto de la mayorÃa de los autodenominados “izquierdistas”, sean estos polÃticos, columnistas, simpatizantes o supuestos intelectuales. Salvo escasas excepciones, que puedo contar con los dedos de una mano, los hipotéticos izquierdistas que conozco son vulgares oportunistas, demagogos, polÃticos mediocres, “cartuchos quemados” representantes de un pasado que no volverá y aspirantes a intelectuales de medio pelo. Dentro del “sindicalismo” de izquierda tenemos, inequÃvocamente, a lo más cavernario del corporativismo sindical, que en nada desmerecen ante los mas connotados charros sindicales del priÃsmo mas rancio.
En el caso de los partidos polÃticos nacionales surge una inquietud, ¿Alguno de ellos es de izquierda?. Pues solo que por “izquierda” entendamos la incongruencia, un cÃnico pragmatismo y un escaso o nulo aprecio por la historia de algunos de sus pasados o actuales candidatos.
Actualmente estos partidos no desarrollan un verdadero y articulado proyecto de nación, mas bien muestran una forma de capitalizar para sus grupos los beneficios presupuestales. Y lo más grave, al escuchar pontificar a sus ayatolas vemos que no existe voluntad democrática, sino la imposición radical de sus puntos de vista. Â
Los comportamientos violentos de los grupos controlados por los partidos de “izquierda” como el SME y la CNTE, son ya un estorbo para la incipiente democracia. La fracción izquierdista fiel a López Obrador ha demostrado que no es un grupo que llegue a acuerdos y negociaciones, sino una organización de choque dispuesta a reventar acuerdos y decisiones tomados por otras fuerzas polÃticas. Sus organizaciones sociales están acostumbradas a moverse en el escenario de la intolerancia, el chantaje y la imposición. Para eso cuentan con grupos de supuestos inconformes que no son más que mercenarios de la violencia.
López Obrador es un lÃder inventado por Cárdenas, cobijado y magnificado por algunos medios. No tiene los atributos y cualidades de un verdadero lÃder. Lo académico notoriamente no es su fuerte; no es culto, mas bien lo contrario, y carece de un proyecto nacional a no ser por los desgastados clichés de una izquierda trasnochada y la sarta de insultos y descalificaciones que recita a la menor oportunidad. Por si faltara algo es ya inocultable su carácter intolerante y autoritario. Aunque ciertamente aun no hemos visto al auténtico López Obrador, pues ese tipo de gente solo se muestra en plenitud cuando tiene el poder absoluto.
Concluyo: Lo que representan los partidos de izquierda en la actualidad, junto con el señor López, no es lo que se consideró en algún momento como “Izquierda”; es simple y sencillamente ambición de poder, aderezada con una buena dosis de intolerancia; es el retorno a la polÃtica de EcheverrÃa y a la demagogia populista, el desprecio a las instituciones y a todos los que no comulguen con sus ideas. Eso sÃ, cuentan con una base social, no muy grande pero si bastante aguerrida, caracterizada por su agresividad y profundo rencor social. Para ellos la hora de la venganza llega con cada votación.
Alejandro Vázquez Cárdenas
[email protected]
























