Es sumamente conocido el hecho ampliamente difundido del asesinato realizado por un buscado y no encontrado delincuente en contra de sacerdotes jesuitas que, en su templo-instalaciones atendieron demanda de auxilio de un ciudadano que solicitó su ayuda pues era perseguido por el actor, quien entró al  templo y los acribilló, junto con el demandante de auxilio – guía de turistas –  y, como complemento, en unión de sus auxiliares, se llevaron los cuerpos – tanto de los sacerdotes jesuitas como del guía . No está demás señalar que el homicida realizó otros crímenes más en esa misma zona, en ese espacio de tiempo y huyó sin ningún impedimento.

                Por supuesto que las palabras de todo tipo, indicadoras del dolido momento y sus efectos, fueron en alud en contra del asesinato y de todo el ambiente social, no únicamente en la zona, ni en el estado sino en todo el país.

                Sin embargo, siendo fiel a su visión y percepción, el titular del Ejecutivo Federal, minimizó todas las palabras y aseveró que la política pública sobre seguridad, no variará, no cambiará y afirmó:

“A pesar de los altos índices de delincuencia, de los recientes homicidios, balaceras y de los reclamos de algunos sectores, no habrá modificación en la estrategia de seguridad del gobierno, aunque se enojen los conservadores. No, al contrario, este es el camino. Todo esto es el fruto podrido de una política de corrupción, de impunidad, que se implementó desde los tiempos de Felipe Calderón.  No se puede arrancar de raíz, de la noche a la mañana, de un día para otro, un problema que lleva años y que, además, se propició, se alentó”

Es imposible que el titular del Ejecutivo Federal no esté en la realidad social, en la realidad política; es imposible que el titular del Ejecutivo Federal carezca de la información específica; es ilógica su actitud; son ilógicas, fuera de sentido común, sus palabras; su visión de echarle la culpa al pasado, de hace ¡10 años! Es irreal, ilógica, incongruente… ¿Entonces, en estos casi cuatro años de administración no se han atendido estas circunstancias sociales de seguridad, porque es culpa de ese pasado?

Es imposible echarle la culpa, la responsabilidad y permanecer con esta actitud de avestruz, de no ver y no de escuchar, as los conservadores o a la posición.

Esta actitud presidencial abre el abanico de rumores y deja muy parado al titular del Ejecutivo Federal…que posiblemente le importe muy poco.

Estas son algunas voces de rectores y directores del sistema universitario Jesuita que manifestaron sobre este hecho: Cuando el Estado no tiene control territorial y permite que grupos armados privados lo controlen, a eso le llamamos Estado fallido, y tiene muchos años que, desgraciadamente en México el territorio, los barrios, las colonias, los pueblos, están siendo controlados por algún cártel, grande o pequeño y el Estado está ausente.   La población en México estamos   solos, abandonados a nuestra suerte, sometidos a la ley del más fuerte, a la ley de la selva. Estamos sometidos a la ley del secuestro, de la extorsión, del asesinato…lo sucedido en Cerocahui refleja la violencia instalada en México, la fractura del tejido social y la desdicha de quienes haciendo el bien, son víctimas de la delincuencia organizada. Es difícil ser optimista en tiempos de desesperanza.

                Este incivismo de las máximas autoridades federales – y estatales y municipales- es sumamente perjudicial para la marcha de la República.               Es el peor de todos. Lo más grave es que el Estado renuncia al legítimo uso del monopolio de la fuerza legítima que le concedió la sociedad al ser electo.  Y su actitud es violatoria de sus responsabilidades y obligaciones constitucionales.

Pero, lo más peor dentro de la grave, es que, pareciera que se desea que el ambiente de violencia sea aceptado, considerado como normal, habitual.